El regreso del problema del yodo: ¿cómo las tendencias de salud están poniendo en riesgo nuestra salud?

La deficiencia de yodo está volviendo a ser un problema en muchos países debido a las nuevas tendencias de salud y la disminución del consumo de sal yodada.

La sal yodada, un éxito de la salud pública

Durante décadas, la sal yodada ha sido un elemento clave en la prevención de enfermedades relacionadas con la falta de yodo en la dieta. Gracias a la yodación universal de la sal de mesa, problemas como el bocio, el hipotiroidismo y los déficits cognitivos infantiles parecían cosa del pasado en los países desarrollados. Sin embargo, ahora nos enfrentamos a un nuevo desafío: la deficiencia de yodo está volviendo a ser un problema en muchos países.

Las nuevas tendencias de salud, un obstáculo para la salud

Irónicamente, las nuevas tendencias de salud y bienestar están contribuyendo a la disminución del consumo de sal yodada. Las sales ‘gourmet’ no yodadas, como la sal rosa del Himalaya, la sal marina en escamas o la sal kosher, están ganando popularidad debido a su percepción como alternativas más saludables. Sin embargo, estas sales no cuentan con el yodo que se suplementa a la sal clásica y que necesitamos en nuestra dieta.

El mapa de un déficit

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Iodine Global Network, la deficiencia leve de yodo persiste y se está extendiendo en los países donde se creía que era un problema erradicado. En el Reino Unido, las mujeres en edad fértil han pasado de tener niveles suficientes a clasificarse en deficiencia leve. En Australia, el problema lleva años reapareciendo pese a los intentos de fortificación, mientras que en Estados Unidos, revisiones recientes indican que el déficit vuelve a crecer pese a la histórica yodación de la sal.

El culpable ‘gourmet’

Históricamente, la sal de mesa común ha sido nuestro principal vehículo para consumir yodo en la dieta. Pero en los últimos años hemos visto cómo aparece una tendencia a este producto, como por ejemplo la sal rosa del Himalaya, la sal marina en escamas o la sal kosher. El problema de estas opciones, además de ser mucho más caras, es que son percibidas como alternativas muy saludables. El problema es que casi nunca están yodadas, y por eso su consumo en aumento para poder mejorar la salud está provocando al final todo lo contrario.

Hay más

Además del problema de la sal, también hay que tener presente que en muchos países la leche de vaca ha sido tradicionalmente la principal fuente de yodo en la dieta debido a la suplementación del ganado y los desinfectantes de ordeño. Pero su consumo está cayendo de manera radical. Esto se suma a una transición general hacia dietas veganas o flexitarianas que ha disparado el consumo de bebidas vegetales que, aunque se refuerzan con calcio o vitamina B12, no están fortificadas con yodo.

Sus consecuencias

Que haya un déficit de yodo no es una tontería, puesto que el yodo es el combustible fundamental de la glándula tiroides y es vital para el desarrollo neurológico. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria establece que un adulto necesita 150 microgramos al día de yodo, una cifra que sube a 200 µg en mujeres embarazadas. Si nos centramos en las embarazadas, tener un déficit puede tener consecuencias fatales con problemas en el desarrollo cognitivo fetal o incluso caídas en el coeficiente intelectual.

La solución

La OMS exige que se refuercen las políticas de prevención a través de una legislación concreta, promoviendo la yodación universal de todas las sales, tanto las de consumo directo como las utilizadas en alimentos procesados y panadería. Además, se apunta a la necesidad de exigir o incentivar que las bebidas vegetales se fortifiquen sistemáticamente con yodo, igualando el perfil nutricional de la leche de vaca.

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