En el corazón de La Habana, el hotel Gran Bristol se erige como un símbolo de lujo y opulencia, con habitaciones que superan los 500 euros la noche y servicios de alta gama. Pero detrás de este esplendor, se esconde una realidad más oscura. El hotel es propiedad de Gaviota, el holding empresarial de las fuerzas armadas cubanas, y ha sido escenario de encuentros entre líderes de la izquierda caviar y el régimen cubano.
La doble moral de la izquierda caviar
Figuras como Pablo Iglesias y Jeremy Corbyn han viajado a La Habana en business class, disfrutando de lujos y comodidades mientras el pueblo cubano sufre bajo la represión del castrismo. Este viaje no es más que una parodia de la solidaridad, una forma de mantener el mito ideológico por encima de la dura realidad que enfrentan los cubanos.
Un patrón de comportamiento
Este no es un caso aislado. La izquierda caviar tiene un patrón de comportamiento que se repite en diferentes partes del mundo. De viaje a Gaza para apoyar a los palestinos bajo la brutalidad de Hamas, a viajar a Cuba para mantener al pueblo bajo la bota del castrismo. Siempre en nombre de la revolución, pero en realidad, para consolidar su cárcel.
Hay una izquierda que siempre fue reaccionaria, heredera del totalitarismo comunista, que mutó a posiciones más modernas pero mantiene intactos los tics autoritarios. Esta izquierda defiende la libertad en abstracto, pero cercena insistentemente la libertad de expresión, la libertad de mercado, la libertad de opción.
Un enemigo sutil de la libertad
La izquierda caviar odia a las democracias liberales, porque no cree en el ciudadano libre, sino en el pueblo tutelado. Odia a Estados Unidos, que representa la culminación del individuo ante sus capacidades y sus oportunidades. Y odia a Israel, porque Israel es una historia de éxito, de plantar naranjas a convertirse en una start up nation, a pesar de luchar por su existencia contra todo tipo de violencias.
La parodia de la izquierda caviar se revela en su silencio ante los crímenes de los ayatollahs, ante las cárceles del castrismo, ante las redes criminales del chavismo, ante la matanza de cristianos en Nigeria, ante la brutal represión de China contra los uigures o contra los tibetanos. Callan, callan como ratas, siempre que las víctimas no corresponden a sus cánones y a sus dogmas.
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