La decisión de cerrar la planta de Fate en San Fernando
La noticia del cierre definitivo de la planta de Fate en San Fernando, provincia de Buenos Aires, ha generado un impacto significativo en la comunidad industrial y laboral del país. La empresa, que contaba con 80 años de historia y había sido una de las principales fabricantes de neumáticos en Argentina, anunció el fin de sus actividades debido a la crisis sectorial y la competencia desleal de productos importados.
El estancamiento salarial y la incertidumbre laboral
Los trabajadores de la planta, que sumaban 920, se vieron afectados no solo por la pérdida de sus puestos de trabajo, sino también por el estancamiento salarial que había caracterizado a la empresa en los últimos años. Un operario con 32 años de antigüedad, por ejemplo, percibía un salario neto mensual de $1,7 millones, lo que, aunque se sitúa por encima del promedio de otras actividades industriales, no refleja la realidad de la parálisis de las negociaciones colectivas y la pérdida del poder adquisitivo debido a la inflación.
La cronología de la crisis
La crisis que llevó al cierre de la planta de Fate se remonta a varios años atrás. En marzo de 2019, la empresa solicitó su primer Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) debido a la caída del consumo y las altas tasas de interés. En julio de 2024, la empresa volvió a presentar un PPC luego de que el gobierno redujera los aranceles a la importación de neumáticos, lo que afectó significativamente la competitividad de la producción nacional.
El impacto social y la expectativa de reapertura
El cierre de la planta de Fate ha generado un impacto social profundo en la zona de San Fernando, donde la empresa había sido una de las principales fuentes de empleo. A pesar de la decisión del Directorio, los trabajadores mantienen la expectativa de una posible reapertura bajo otras condiciones o mediante la intervención política. “Estoy convencido de que Fate reabre con nosotros. Hoy, la exigencia es que tengo que hacer hasta lo último para recuperar mi puesto de trabajo. Yo quiero trabajar, al igual que mis 900 compañeros”, expresó Jorge Ayala, un trabajador de la planta con tres décadas de servicio.
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