La apertura del Congreso se convirtió en un ring de debate
La noche del martes, la apertura formal del período legislativo se transformó en un intercambio de agravios y un cara a cara sin micrófonos cruzados, pero con gritos. El Presidente pronunció dos discursos: uno redactado y otro improvisado, pero fue el segundo el que generó más polémica.
Un discurso institucional y otro político
El discurso redactado fue institucional, pero el improvisado fue demasiado político, con 36 insultos directos hacia la oposición. El Presidente dejó de hablarle a la Asamblea y empezó a hablarles a ellos, a los kirchneristas, a la izquierda y a Juan Grabois.
La oposición no ayudó
La oposición tampoco ayudó, con interrupciones, gestos y gritos. La escena fue impropia de una Asamblea Legislativa. El Presidente recordó a la oposición que representan el 5% y que son los golpistas de siempre.
Un discurso escrito con defensa cerrada de su gestión
En el discurso escrito, el Presidente defendió su gestión, respaldó a Toto Caputo y celebró la desregulación. También habló de políticos corruptos asociados a empresarios corruptos y cuestionó el Memorándum con Irán.
La política argentina sigue atrapada en la lógica del enemigo
La política argentina sigue atrapada en la lógica del enemigo, no del adversario. El Presidente tiene derecho a defenderse, pero no necesita ponerse a la altura de quienes gritan. La institución pierde cuando el Presidente se iguala al griterío.
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