La tristeza como trastorno: ¿hemos medicalizado la vida?
La medicalización de la tristeza: un problema que nos está devorando socialmente

La depresión se ha convertido en una epidemia sin precedentes. En solo quince años, el consumo de antidepresivos en España ha aumentado un 200%. Pero, ¿estamos confundiendo la tristeza normal con un trastorno psiquiátrico? La respuesta a esta pregunta es crucial para entender cómo abordar la depresión sin patologizar la tristeza.
El cambio en la concepción de la depresión
En 1980, el DSM-III cambió la forma en que concebimos la depresión. De un modelo etiopatogénico a uno semiológico, lo que amplió el terreno de juego. La melancolía pasó a ser uno de los cinco subtipos de la depresión mayor, y con ello, el trastorno depresivo base pasó de tener una prevalencia de un 2% a una prevalencia de hasta el 17%.
La función reflexiva de la tristeza
La tristeza promueve la reflexión personal después de una pérdida. Centra nuestra mirada en nosotros mismos, promueve la resignación, invita a la aceptación. Nos permite perder tiempo para actualizar nuestras estructuras cognitivas, es decir, para acomodarnos a la pérdida. La tristeza nos vuelve más atentos al detalle, más precisos, y nos hace desconfiar de las primeras impresiones.
El complejo equilibrio entre la normalidad y la enfermedad
La depresión se trata de la principal causa mundial de discapacidad, y su coste económico es de varias decenas de miles de millones de dólares solo en Estados Unidos. Sin embargo, si la tristeza tiene una función evolutiva que promueve actualizar nuestras estructuras cognitivas y nos permite adaptarnos a los cambios profundos de nuestro entorno, eliminarla podría ser un error.
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