Córdoba

Argentina entre la normativa ambiental y la concentración de un modelo extractivista

El Día Internacional de la Madre Tierra es un llamado a la conciencia y la acción para proteger el planeta y garantizar un futuro sostenible para las próximas generaciones.

El Día Internacional de la Madre Tierra: un llamado a la conciencia y la acción

Cada 22 de abril, el mundo se detiene un instante para reflexionar sobre el estado del planeta y la conciencia ambiental global. El Día Internacional de la Madre Tierra cumple hoy 56 años desde aquella movilización que sacudió a Estados Unidos en 1970 y marcó un antes y un después en la historia ambiental.

En aquella época, el senador estadounidense Gaylord Nelson impulsó la iniciativa con un objetivo claro: instalar en la agenda pública los efectos de la contaminación, la pérdida de biodiversidad, el impacto de la explotación de recursos y el crecimiento desmedido sobre el planeta. La elección de la fecha del 22 de abril fue cuidadosa y estratégica, con el objetivo de maximizar la participación estudiantil y académica.

La primera marcha del Día de la Tierra en 1970 atrajo a más de 20 millones de personas en todo el país, lo que se considera una de las mayores manifestaciones ambientales de la historia. Ese mismo año, se creó la Environmental Protection Agency (EPA) y se sancionaron leyes clave para la protección ambiental. Dos años después, el mundo dio otro paso con la primera cumbre internacional sobre medio ambiente en Estocolmo, y en 2009, la Organización de las Naciones Unidas oficializó la fecha como efeméride global.

El Día de la Tierra no es solo una fecha en el calendario, sino el termómetro anual de la relación entre la humanidad y el planeta que la sostiene. Los océanos se llenan de plásticos y se vuelven más ácidos, el calor extremo, los incendios forestales, las inundaciones y otros eventos climáticos afectan a millones de personas. El cambio climático, junto a los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, puede acelerar el ritmo de destrucción del planeta.

Desde 1970, la extracción de recursos naturales se ha triplicado, mientras que el uso de combustibles fósiles creció de manera sostenida. Hoy, la humanidad consume recursos naturales a un ritmo que equivale a 1,6 planetas Tierra al año. Argentina tiene mucho en juego, con una biodiversidad extraordinaria, extensas reservas hídricas, glaciares, humedales, bosques nativos y yacimientos de minerales estratégicos. Sin embargo, los últimos años muestran una tendencia preocupante en sentido opuesto.

La explotación de litio en el noroeste, particularmente en provincias como Jujuy y Salta, es un ejemplo de la concentración en un modelo extractivista. Este mineral, clave para la transición energética global, plantea un dilema complejo: su extracción requiere grandes cantidades de agua en regiones áridas, lo que genera riesgos de salinización, alteración de ecosistemas y conflictos con comunidades locales. Las comunidades originarias de la Puna, en Jujuy y Salta, han llevado más de una década resistiendo estos avances.

En el sur, el escenario no es diferente. El Golfo San Matías, ecosistema de alto valor ecológico ubicado entre Vaca Muerta y el Atlántico sur, es hoy epicentro de un plan que incluye la construcción de un oleoducto de cientos de kilómetros, el desembarco de buques regasificadores y la instalación de un puerto petrolero en una zona hasta ahora libre de hidrocarburos. Organizaciones socioambientales advierten que las audiencias públicas de estos proyectos fueron realizadas sin acceso real a la información ni participación ciudadana genuina.

El año 2025 dejó una serie de señales de alerta difíciles de ignorar. Inundaciones en Bahía Blanca y el norte del país, incendios en Córdoba y la Patagonia, y el deterioro de la ley glaciares reflejan un patrón que ya no puede leerse como excepcional. Una ecuación presupuestaria que expone prioridades: mientras los subsidios a hidrocarburos superan ampliamente la inversión en energías renovables, los fondos destinados a la conservación de bosques nativos registran caídas significativas.

En 2025, los subsidios destinados a empresas hidrocarburíferas representaron 41,5 veces más que lo destinado al fomento de energías renovables y eficiencia energética. Al mismo tiempo, el Fondo Nacional para la Conservación de los Bosques Nativos registró caídas reales cercanas al 95%. La ecuación es reveladora: más recursos para extraer, menos para proteger.

El desafío no es elegir entre economía o ambiente, sino redefinir el concepto de desarrollo. Argentina no enfrenta un problema de escasez de recursos, sino de modelo. La velocidad de extracción, la debilidad de los controles y la falta de planificación a largo plazo configuran un escenario donde el presente se impone sobre el futuro.

La efeméride del Día de la Tierra, en este contexto, deja de ser un acto simbólico para convertirse en una advertencia. El planeta, ese mismo que hoy se celebra, no es una herencia. Es un préstamo. Y el modo en que se lo gestione definirá no solo el ambiente, sino también las condiciones de vida de las próximas generaciones.

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