La desaparición de Sophia Koetsier en la selva africana: un misterio que sigue sin resolver
La desaparición de Sophia Koetsier en la selva africana sigue siendo un misterio que intriga a todos

La última imagen de Sophia
La última imagen de Sophia Koetsier la muestra alejándose del bloque de concreto que hacía de baño, en un alojamiento rudimentario a orillas del Nilo, dentro del parque nacional Murchison Falls, en Uganda. Llevaba una botella vacía en la mano. Era un atardecer caluroso y sus compañeras, dos estudiantes holandesas, creyeron que ese sería apenas uno más de los actos impulsivos que Sophia había desplegado en el viaje. No fue así.
El internado en Uganda
Sophia Koetsier, nacida en Ámsterdam el 7 de diciembre de 1993, llegó a Uganda en septiembre de 2015 para completar un internado de ocho semanas en el hospital Lubaga, en Kampala. Tenía veintiún años, un expediente brillante en medicina y un diagnóstico de trastorno bipolar que, hasta ese momento, había mantenido bajo control. Durante su estancia, Sophia se ganó el aprecio de colegas y pacientes.
El safari y la desaparición
El 22 de octubre de 2015, tras concluir el internado, Sophia y dos amigas holandesas contrataron un safari de diecisiete días por el interior del país. El guía, Michael Kijjambu, debía velar por su seguridad y las trasladó a diversos parques nacionales. En Kidepo Valley, el 26 de octubre, Sophia mostró los primeros signos de descompensación. La joven intentó saltar de un vehículo en marcha y encender fuego en el campamento. El guía, pese a la advertencia de un responsable turístico, no la llevó a un hospital.
La búsqueda y el misterio
La mañana del 29 de octubre, una patrulla encontró una botella de plástico en la orilla del Nilo a aproximadamente 600 metros del alojamiento. Era la botella que Sophia utilizaba para recolectar basura. No había huellas frescas, ni señales claras de arrastre animal, ni restos biológicos. El 30 de octubre, la escena se volvió aún más desconcertante. A lo largo de un tramo de 45 metros de ribera, aparecieron las pertenencias de Sophia: anteojos de sol, una bota suelta, un monedero vacío, plantillas ortopédicas, un billete de 1.000 chelines rasgado a la mitad.
La familia no se rinde
La familia Koetsier, en especial Marije Slijkerman (madre de Sophia), denunció la superficialidad de la investigación y contrató peritos independientes. El análisis de ADN en las prendas recogidas reveló la presencia de perfiles masculinos desconocidos, descartando que pertenecieran a policías o rescatistas. Para la familia, ese hallazgo sugiere intervención humana.
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