Mundo

Luz, neuronas y Nobel: la optogenética que ilumina la ciencia argentina

Los científicos que usaron la luz para controlar neuronas reciben el Nobel, abriendo puertas a la neurociencia argentina

Luz, neuronas y Nobel: la optogenética que ilumina la ciencia argentina

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska anunció este lunes en Estocolmo la entrega del Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por haber creado la optogenética, una técnica que permite activar o inhibir neuronas con pulsos de luz. El galardón incluye 12 millones de coronas suecas, que los tres investigadores repartirán entre sus laboratorios y proyectos de investigación.

Un hallazgo que nació bajo la luz de una alga

Todo empezó con los estudios de Hegemann y Nagel sobre Chlamydomonas, una micro‑alga que se mueve persiguiendo la luz. A principios de los años 2000 identificaron la canalrodopsina, una proteína que, al recibir luz azul, abre un canal iónico y genera un impulso eléctrico. Cuando trasladaron el gen que codifica esa proteína a otras células, esas también adquirieron sensibilidad a la luz, creando así el primer “interruptor luminoso” biológico.

De la rata al cerebro humano: la revolución de Deisseroth

Karl Deisseroth, profesor de Bioingeniería y Psiquiatría en la Universidad de Stanford, tomó ese mecanismo y lo introdujo en neuronas de ratas en 2005. Con una fibra óptica logró disparar señales nerviosas a la velocidad de un láser. Dos años después, aplicó la misma estrategia en ratones vivos, demostrando que era posible mapear circuitos cerebrales en tiempo real. “La optogenética ofrece oportunidades para cartografiar el cerebro de una manera que antes solo podíamos imaginar”, declaró Per Svenningsson, presidente del Comité Nobel.

Desde entonces, la herramienta ha sido usada para desentrañar los lazos entre memorias, emociones y trastornos neuropsiquiátricos. Estudios clínicos emergentes buscan usarla para restaurar la visión en personas con ceguera parcial, una perspectiva que parece sacada de una película de ciencia ficción, pero que ya está en los laboratorios.

Qué significa el Nobel para la ciencia y la salud en Argentina

El reconocimiento internacional abre una ventana de oportunidades para la comunidad científica argentina. Instituciones como el CONICET, la Universidad Nacional de Córdoba y el Instituto Leloir ya trabajan en proyectos de neurociencia que podrían beneficiarse de la optogenética. En Córdoba, el Laboratorio de Neurocircuitos del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIB) ha empezado a probar versiones modificadas de la canalrodopsina en cultivos de neuronas humanas, con la esperanza de crear modelos más precisos de enfermedades como la depresión y el Parkinson.

Además, el premio impulsa la discusión sobre la financiación de la investigación básica en el país. Los 12 millones de coronas suecas, aunque destinados a los galardonados, generan un efecto cascada: universidades y agencias de financiamiento pueden argumentar que invertir en biotecnología y neurociencia es una apuesta rentable, tanto para la salud pública como para la industria farmacéutica nacional.

En el ámbito clínico, hospitales como el Hospital Italiano de Buenos Aires y el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires ya están evaluando protocolos que, a futuro, podrían incorporar la optogenética para tratamientos de trastornos del sueño y epilepsia resistente a fármacos. La posibilidad de “encender y apagar” neuronas con luz abre puertas a terapias personalizadas que hoy son un sueño lejano.

Del laboratorio a la calle: retos y oportunidades para la neurociencia cordobesa

La historia de la optogenética muestra cómo un descubrimiento aparentemente abstracto puede convertirse en una herramienta clínica. En Córdoba, la tradición de investigación en fisiología y bioingeniería se remonta a los años 70, cuando el Instituto de Investigaciones Médicas (IIM) lideró estudios pioneros sobre la transmisión sináptica. Hoy, esa herencia se combina con la energía de startups locales que desarrollan dispositivos ópticos de bajo costo, pensados para ser usados en laboratorios universitarios sin romper el presupuesto.

Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. La falta de equipamiento especializado, la escasez de fondos estables y la burocracia para importar componentes ópticos de alta precisión son barreras que los investigadores cordobeses deben sortear. La comunidad académica está pidiendo al gobierno provincial que cree un fondo de innovación neurotecnológica, inspirado en los modelos europeos, para financiar proyectos que integren optogenética, inteligencia artificial y neuroimagen.

Si se logra superar esos desafíos, Córdoba podría posicionarse como un hub regional de neurociencia aplicada, atrayendo talento joven y colaboraciones internacionales. La luz que hoy ilumina los cerebros de ratones y ratas podría, dentro de una década, ser la misma que ayude a pacientes argentinos a recuperar funciones perdidas, demostrando que la ciencia de la luz no tiene fronteras.

Artículos relacionados

Volver al botón superior
📻
EN VIVO