Mario Pergolini, el conductor que no se rindió: de teléfonos perdidos a pilates desafiantes
El conductor y presentador de radio comparte historias que muestran su lado humano y su capacidad para reírse de sí mismo

Mario Pergolini, el conductor que no se rindió: de teléfonos perdidos a pilates desafiantes
Hace unos días, el reconocido conductor y presentador de radio, Mario Pergolini, vivió una experiencia angustiante en plena vía pública. Perdió su teléfono celular, pero en lugar de dejar que el pánico lo llevara a la desesperación, decidió compartir la historia del final feliz que tuvo gracias a una persona en la calle.
El gesto de Rafael
A través de sus historias de Instagram, Pergolini relató lo ocurrido luego del susto inicial. “Hoy había perdido mi teléfono y lo encontró ‘Rafael’, que se preocupó en devolvérmelo y no aceptó nada de recompensa. Desde hoy es mi mejor amigo”, escribió, acompañando el mensaje con una foto del joven que tuvo el gesto de buscarlo para entregarle el celular en mano.
Pilates, un desafío físico
No es la primera vez que Pergolini se convierte en protagonista de historias que combinan susto, aprendizaje y una cuota de humor. En septiembre pasado, desde su ciclo Dejá que entre el sol (Vorterix), compartió una anécdota personal que desató carcajadas en plena transmisión, cuando relató su inesperada y singular incursión en el mundo del pilates.
Con su estilo inconfundible, el conductor conectó al instante con la audiencia. “Empecé a hacer pilates con un montón de señoras del barrio. Y mi experiencia es que era más exigente de lo que yo creía. Yo pensé que iba a estar con un montón de señoras del barrio, yo el único hombre ahí estirándome, pero no, de golpe te dicen: ‘Bueno, ahora ponemos el resorte en posición cuatro’… Y pensás: ‘Boludo, se me está desgarrando el ort…, no puedo más’”, relató Pergolini, provocando la inmediata risa de su equipo y de quienes seguían el programa desde sus casas o dispositivos móviles.
La charla no tardó en sumar la complicidad de Camila Fortunato, integrante del panel, quien no dudó en aportar su propia experiencia: “Me pasó exactamente lo mismo. Dije: ‘Qué bueno, voy a hacer un hada, voy a estirar el huesito, va a hacer crack, crack’”. Las carcajadas se multiplicaron cuando el conductor, lejos de quedarse callado, describió con lujo de detalles su odisea física: “Sí, es peor que ir al gimnasio. Es una cama. Un señor inventó esa cama que tiene como unos resortes del otro lado con peso o son cada vez más tirante… Puede que lo que estás haciendo a lo mejor tenga más resistencia y vos decís: ‘Qué lindo para la espalda’. Sí, hasta que tenés que estirar y te duele el pie, el brazo. Nunca levantas el abdomen, porque soy un señor grande, mayor, que tiene una panza con contenido graso insoportable y no lo puedo lograr. Y el tipo dice: “Hasta donde puedas”. Vos decís: ‘Boludo, no me puedo mover. ¡No es hasta donde pueda!’”.
El intercambio dejó en claro que pilates, lejos de la imagen de actividad relajada, es un verdadero desafío físico. Por su parte, Fortunato lo admitió sin filtros: “Hice más en una clase de pilates que en un mes de gimnasia”. Pergolini, fiel a su estilo, remató con su inconfundible honestidad: “Nunca lográs levantar el abdomen, no hay manera. Y eso que el tipo te dice ‘hasta donde puedas’, pero no es así”.
La humanidad de Pergolini
Más allá del humor y las anécdotas, lo cierto es que Pergolini logra, con cada historia, acercarse aún más a su público. Tanto el episodio del teléfono como su experiencia en pilates muestran el costado más humano del conductor: el que reconoce sus propios límites, se ríe de sí mismo y, cuando corresponde, agradece los gestos de quienes lo rodean, incluso si se trata de un desconocido que devuelve un celular perdido.
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