¿Por qué la mafia italiana mantiene a raya el fentanilo? Un análisis que también nos toca a los argentinos
La mafia italiana mantiene a raya el fentanilo y la decisión podría repercutir en la lucha antidrogas de Argentina.

En los últimos meses, la prensa italiana ha levantado la sospecha de que las organizaciones criminales de la península están frenando deliberadamente la entrada del fentanilo, el opioide sintético que ha devastado a Estados Unidos y gran parte de Europa. Según declaraciones de autoridades como el fiscal anti‑mafia Nicola Gratteri y el escritor Roberto Saviano, las mafias han impuesto un veto interno para proteger sus negocios de heroína y cocaína, lo que explicaría la sorprendente escasez de muertes por fentanilo en Italia.
El panorama del fentanilo en Italia
En 2024 sólo se registraron dos casos de intoxicación mortal por fentanilo en territorio italiano, frente a 95 en Alemania y casi 48.000 en EE. UU. La diferencia no se explica por menores niveles de consumo: los datos de la Oficina Europea de Drogas indican que el 2,1 % de los jóvenes italianos consume cocaína, cifra comparable con la alemana (2,2 %). Además, la estimación del consumo de opioides de alto riesgo en Italia es casi el doble que la de Alemania. La paradoja ha llevado al Ministerio de Salud, a través de Alfredo Mantovano, a reconocer que la droga todavía no ha causado una epidemia, pese a los esfuerzos del Gobierno por contenerla.
Mafias y veto: la lógica del negocio
Gratteri sostiene que las organizaciones criminales italianas prefieren mantenerse al margen del fentanilo porque su alta letalidad genera una presión policial que no compensa los beneficios. “Si no hay una epidemia de fentanilo, no es gracias a la policía ni a los políticos”, asegura el escritor Saviano, añadiendo que “hay un veto por parte de las mafias”. La lógica es clara: una droga que mata rápidamente a sus consumidores no es rentable a largo plazo y pone en riesgo los mercados consolidados de heroína y cocaína, que siguen generando ingresos estables para la Cosa Nostra y la ’Ndrangheta.
En julio, el comandante de los Carabinieri Vincenzo Molinese declaró ante una comisión parlamentaria que las pruebas indicaban una postura de “no‑participación” de la mafia en el tráfico de fentanilo. Sin evidencia directa –como grabaciones telefónicas– la hipótesis sigue sin confirmarse, pero la falta de incautaciones significativas y el reciente robo de 80 viales de fentanilo en un hospital de Roma refuerzan la teoría de un control interno.
Repercusiones para Argentina y la región
Desde Córdoba, la noticia nos hace reflexionar sobre la interconexión de los mercados ilícitos. La “casa de la marihuana” de la provincia y los laboratorios clandestinos que producen precursores químicos podrían verse tentados a introducir fentanilo si la barrera italiana desaparece. Además, la ausencia de una epidemia en Italia ha servido de ejemplo para las autoridades argentinas, que aún luchan contra la expansión de opioides sintéticos en la zona del Gran Buenos Aires.
El posible colapso del veto mafioso abriría una brecha que los carteles sudamericanos, ya presentes en la ruta del opio, podrían explotar. Un aumento del fentanilo en Europa tendría repercusiones en los precios y la disponibilidad de precursores en el mercado negro argentino, lo que podría traducirse en un mayor riesgo de sobredosis locales. Por eso, los organismos de salud pública de la Nación están siguiendo de cerca la evolución de la situación italiana, evaluando la necesidad de reforzar los controles de sustancias químicas y de ampliar los programas de prevención.
Raíces históricas y lecciones para Córdoba
La relación entre la mafia italiana y el tráfico de drogas no es nueva. Desde la década de 1970, la ‘Ndrangheta se consolidó como la mayor proveedora de cocaína en Europa, usando la infraestructura portuaria de Calabria para despachar cargamentos a través del Mediterráneo. Con el tiempo, la organización diversificó su negocio, incursionando en la heroína y, más recientemente, en la marihuana medicinal. Sin embargo, el fentanilo representa un desafío diferente: su potencia permite mover enormes cantidades de droga en paquetes diminutos, reduciendo los costos logísticos y aumentando el riesgo de detección.
En la historia reciente de Córdoba, la lucha contra el narcotráfico ha estado marcada por la presencia de grupos locales que, al estilo de los “pibes de la zona”, buscan llenar vacíos de mercado. La experiencia italiana muestra que cuando una mafia decide no tocar una sustancia, lo hace por cálculo económico y por evitar la atención de las fuerzas del orden. Para los gobiernos argentinos, la lección es clara: la prevención debe ir más allá de la represión y enfocarse en desincentivar la rentabilidad de la droga, fortaleciendo la educación y la atención sanitaria.
Finalmente, la posible apertura del mercado italiano al fentanilo no es una cuestión lejana para los cordobeses. La globalización del crimen organizado implica que cualquier cambio en Europa repercute en América del Sur. Mantenernos informados y adaptar nuestras políticas será clave para que la historia no se repita en nuestras calles, donde la lucha contra la droga sigue siendo una movida complicada pero necesaria.
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