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Soldados eritrios en Adigrat: la escalada que amenaza con reabrir la guerra en el norte de Etiopía

El despliegue de tropas eritreas en Adigrat aviva temores de una nueva escalada en el conflicto tigrayí.

Soldados eritrios en Adigrat: la escalada que amenaza con reabrir la guerra en el norte de Etiopía

Adigrat, Tigray – En los últimos días, tropas eritreas han sido avistadas circulando por las calles de la localidad de Adigrat, a 115 km al norte de Mekelle, mientras el conflicto entre el Gobierno etíope y el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) se reaviva. El despliegue, que lleva varios días, ha encendido la alarma entre la población local y ha puesto en jaque la frágil tregua que se mantenía tras la guerra civil de 2020‑2022.

El avance eritreano en Adigrat: cómo se dio

Según testigos oculares, los soldados eritreos llegaron en camiones cargados de artillería pesada y avanzaron hacia el sur con la intención de reforzar las líneas del TPLF. El comandante de la Fuerza de Paz de Tigray, Gebreigziabher Beyene, denunció que los efectivos extranjeros estaban “uniformados y equipados con armamento pesado”, y que sus propias tropas estaban siendo blanco de ataques con drones. La FPT, alineada con el gobierno de Addis Abeba, calificó el movimiento como “una invasión y una violación de la soberanía etíope”.

El Ejército etíope, que había recuperado la capital regional de Mekelle el fin de semana pasado sin resistencia, ahora se enfrenta a la presión de una posible expansión del conflicto hacia la frontera con Eritrea. En la zona occidental de Mekelle, residentes de Adwa reportaron ataques con drones contra hoteles, dejando varios muertos y heridos.

Repercusiones para la región y para Argentina

El resurgir de la violencia en el cuerno de África no es solo una cuestión de geopolítica local; tiene eco en la economía global y, por extensión, en la vida cotidiana de los argentinos. El puerto de Djibouti, principal punto de salida de mercancías africanas hacia América Latina, podría ver incrementos en los costos de flete si la inseguridad se extiende. Además, la comunidad de migrantes etíopes en la Argentina, que supera los 30 mil residentes, observa con preocupación la escalada, temiendo posibles repercusiones en sus familias y en la percepción de los gobiernos latinoamericanos sobre la estabilidad de la región.

Empresas argentinas que exportan alimentos y maquinaria a Etiopía, como Agroindustrial Ledesma y Techint, podrían enfrentar retrasos y mayores seguros de carga. En la bolsa local, los analistas de BBVA Argentina ya advierten que cualquier ampliación del conflicto podría afectar los precios de los commodities africanos, repercutiendo indirectamente en la inflación del país.

El juego diplomático entre Addis Abeba y Asmara

El Ejecutivo etíope ha señalado a Eritrea, Sudán y Egipto como partícipes de una “Coalición para la Supervivencia de los Pueblos de Etiopía”, acusándolos de impulsar la guerra contra el TPLF. Por su parte, el portavoz eritreo Yemane Meskel desestimó la acusación, argumentando que Addis Abeba construye una “narrativa falaz de legítima defensa”. En su comunicado en X, Meskel calificó al gobierno etíope de “Partido Potemkin” y lo acusó de buscar una salida al mar que vulnera el derecho internacional.

La relación bilateral, que había mejorado tras el histórico acercamiento de 2018 bajo el primer ministro Abiy Ahmed, se ha deteriorado desde que Eritrea quedó fuera del acuerdo de paz de Pretoria. A principios de este mes, Etiopía expulsó a diez diplomáticos eritreos y cerró su embajada en Asmara; Eritrea, a su vez, anunció la ruptura total de los lazos diplomáticos. Analistas como Kjetil Tronvoll de Oslo New University College advierten que Eritrea busca una zona de amortiguación en el norte de Tigray para evitar que la disputa se traslade a su territorio.

De la guerra a la diplomacia: lecciones para el Cono Sur

Históricamente, la rivalidad entre Etiopía y Eritrea se remonta a la guerra fronteriza de 1998‑2000, que dejó más de 80 mil muertos. La paz parcial alcanzada en 2018 fue una excepción en una larga serie de tensiones que han marcado la política del Cuerno de África. La reciente expulsión de diplomáticos y el cierre de embajadas recuerdan episodios de la Guerra Fría en América Latina, cuando la ruptura de relaciones provocaba crisis económicas y humanitarias.

Para Argentina, observar estos acontecimientos sirve de espejo para entender cómo los conflictos regionales pueden escalar rápidamente y afectar a países lejanos. La historia reciente muestra que la diplomacia preventiva, el diálogo multilateral y la participación de organismos como la Unión Africana son esenciales para contener la violencia antes de que se convierta en una crisis migratoria masiva que, inevitablemente, repercuta en los destinos de los argentinos que trabajan en el exterior.

En definitiva, la presencia de tropas eritreas en Adigrat no solo aviva viejas heridas en Tigray, sino que también pone a prueba la capacidad de la comunidad internacional —y de los gobiernos latinoamericanos— para mediar, prevenir y, sobre todo, minimizar el impacto económico y social que una nueva guerra en el Cuerno de África tendría en el resto del mundo.

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