Imagina que estás conduciendo, te paran en un control de alcoholemia y, a pesar de no haber tomado una gota de alcohol, das positivo. Suena a una excusa descabellada, pero para algunas personas, esto es una cruda realidad debido al síndrome de autofermentación.
El papel de las bacterias
Investigadores de la UC San Diego y el Hospital General de Massachusetts han identificado cepas específicas de Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae como responsables de generar niveles intoxicantes de etanol en el intestino. Esto abre la puerta a tratamientos innovadores como el trasplante fecal.
La tormenta metabólica
El estudio analiza a 22 pacientes con este problema metabólico, comparándolos con 21 familiares sanos. Los resultados mostraron que las muestras fecales de los pacientes podían producir etanol de forma endógena a niveles alarmantes, llegando a concentraciones de hasta 136 mg/dl, más del doble del límite legal para conducir en muchos países.
El tratamiento ahora se centra en el trasplante de microbiota fecal, con resultados prometedores. Un paciente con este problema vio remitir sus síntomas de manera definitiva tras recibir el trasplante de microbiota fecal de un donante sano.
Más allá de emborracharse
La autofermentación no solo puede llevar a problemas legales y sociales, sino que también está asociada con enfermedades como la del hígado graso no alcohólico. La producción constante de alcohol puede causar daños hepáticos graves.
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