¿Sueños premonitorios? La conexión entre la mente y el cuerpo que puede salvar la vida.

¿Qué son los sueños prodrómicos y cómo pueden alertarnos sobre una enfermedad?

¿Sueños premonitorios? La conexión entre la mente y el cuerpo que puede salvar la vida.

¿Qué son los sueños prodrómicos que nos pueden alertar sobre una enfermedad?

Dmitry Ganin Z56en0cgtyk Unsplash

¿Alguna vez has tenido un sueño que te pareció tan real que te dejó con un mal cuerpo al despertar? ¿O tal vez un sueño que te hacía sentir una sensación de peligro o angustia que no podías explicar? Pues bien, la neurociencia ha descubierto que estos sueños pueden ser más que solo una manifestación de nuestra mente en estado de alerta. Pueden ser una señal premonitora de que nuestro cuerpo está experimentando algún tipo de desajuste que puede deberse a una enfermedad.

Se conoce a este fenómeno como ‘sueños prodrómicos’, y aunque puede parecer ciencia ficción, un reciente estudio ha puesto sobre la mesa un modelo neurobiológico que explica cómo y por qué ocurre esto.

Para entender los sueños prodrómicos, hay que fijarse en la fase REM del sueño, cuando el cerebro no está ‘apagado’ y es el momento en el que aparecen los sueños. Pero además de esto, está haciendo un análisis interno intensivo, procesando información sobre el estado de nuestros órganos y tejidos.

Este proceso se basa en la teoría de la ‘codificación predictiva’ del neurocientífico Karl Friston, que busca que nuestro cerebro funcione como una máquina de predecir, generando hipótesis sobre cómo debería estar nuestro cuerpo al compararlo con un estado de salud.

Si hay un desajuste sutil en el organismo como el inicio de una infección, el cerebro detecta un ‘error’ entre lo que esperaba encontrar (estar sano) y lo que realmente está pasando. Como durante el sueño REM no tenemos acceso al pensamiento lógico consciente, el cerebro recurre a áreas como la amígdala, la ínsula y la corteza prefrontal media para traducir la alerta en una metáfora visual.

Así, una dificultad respiratoria que no podemos detectar, como una neumonía temprana, podría traducirse en un sueño recurrente en el que nos ahogamos, o el preludio de una fuerte migraña podría manifestarse como un sueño en el que somos perseguidos.

El concepto no es nuevo, sino que ya en 1967, el investigador Kasatkin documentó decenas de casos de pacientes que experimentaron sueños angustiosos justo antes de sufrir un infarto. Sin embargo, la ciencia moderna ha podido ir un poco más allá al encontrar justamente el mecanismo que justifica este tipo de sueños.

Uno de los casos más llamativos de investigación está en la enfermedad de Parkinson, donde antes que aparezcan los famosos temblores, muchos pacientes desarrollan problemas en el sueño. En este caso, quienes sufren un trastorno de conducta del sueño no tienen la parálisis muscular habitual de la fase REM, lo que hace que ‘actúen’ de manera muy agresiva en sus sueños.

Otros ejemplos documentados incluyen a pacientes con migrañas crónicas, donde se ha reportado que hasta un 40% reporta pesadillas previas al dolor, o los curiosos reportes de las primeras olas de COVID-19, donde los sueños vívidos fueron el primer ‘síntoma’ reportado en varias cohortes de pacientes.

A pesar de estas limitaciones, los avances que estamos viendo con estudios centrados en polisomnografías y los avances en los wearables y apps de seguimiento del sueño podrían, en un futuro no muy lejano, ayudarnos a utilizar nuestras propias noches como el sistema de alerta temprana más sofisticado del mundo para anticiparnos a ciertas enfermedades.

José A. Lizana

Colaborador

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