Un equipo español ha desarrollado un innovador biomarcador que puede predecir la demencia con hasta 7 años de antelación, gracias a la combinación de electroencefalogramas y inteligencia artificial.
El estudio que cambia el juego
El futuro de la medicina pasa por hacer diagnósticos cada vez más precoces para que el éxito de los tratamientos sea mayor, y ahora, un reciente artículo publicado en Science Report abre la puerta a que esto sea una realidad en las demencias.
La metodología detrás del avance
Para entender la magnitud de este avance, hay que fijarse en la población sobre la que se ha hecho el estudio, que son personas con deterioro cognitivo subjetivo. Estos son pacientes que acuden al médico porque notan que su memoria falla, pero al someterse a los test cognitivos estándar, los resultados son completamente normales.
El equipo ha unificado diferentes métricas para poder llegar a leer estas señales de alerta. Lo primero de todo es usar un electroencefalograma para medir la actividad cerebral, que es una prueba barata, rápida y no invasiva. A partir de aquí, la plataforma tecnológica de BrainScope analiza estos datos buscando 14 características específicas relacionadas con la conectividad neuronal y el comportamiento de las ondas cerebrales.
Un nuevo método para predecir la demencia
Una vez se encuentran estas características, es donde entra un algoritmo de IA que procesa los patrones y determina si el paciente analizado puede progresar hacia un deterioro cognitivo leve o a una demencia como el Alzheimer. Y los resultados son espectaculares, puesto que ha demostrado una precisión sobresaliente a la hora de separar a los pacientes que desarrollan la enfermedad de los que no.
El futuro de la detección temprana
El gran valor de este biomarcador no es solo tecnológico, sino clínico, ya que las pruebas actuales más fiables para predecir patologías como el Alzheimer requieren punciones lumbares dolorosas o escáneres que no son baratos. Un sistema basado en EEG e IA se podría integrar fácilmente en los protocolos clínicos de atención primaria o en consultas neurológicas rutinarias al tener un coste no muy elevado y sobre todo nada invasivo.
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