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Alamata vuelve a manos del Gobierno etíope: la nueva pieza clave en la guerra de Tigré

El Ejército federal retoma Alamata, reconfigurando el tablero estratégico de la guerra en el norte de Etiopía.

Alamata vuelve a manos del Gobierno etíope: la nueva pieza clave en la guerra de Tigré

Lead: El Ejército federal de Etiopía y sus milicias aliadas tomaron este lunes la ciudad de Alamata, a 120 km de Mekele, revirtiendo el avance del Frente de Liberación del Pueblo de Tigré (FLPT) apenas una semana después de que iniciara su ofensiva.

Una ciudad estratégica y su valor logístico

Alamata, situada en el sur de la región de Tigré, no es sólo otro punto del mapa; es un nudo de abastecimiento de tropas, alimentos y combustible que controla la ruta que conecta Tigré con la vecina Amhara. Durante la guerra civil de 2020‑2022 la localidad cambió de manos varias veces: el Gobierno federal la anunció capturada en noviembre de 2020 y los tigriños la retomaron en julio de 2021. Hoy, con la presencia de los soldados federales recorriendo sus calles y izando la bandera tricolor, la zona vuelve a ser un punto de referencia para el suministro de la campaña militar del primer ministro Abiy Ahmed.

Los habitantes de Alamata, que viven bajo la sombra de los campos de batalla, observaron cómo los tanques y vehículos blindados se adentraban en la población. “Ahora la gente vuelve a sentir que el gobierno está presente”, comentó un vecino que prefirió permanecer anónimo. Sin embargo, la calma es frágil: los rebeldes del FLPT se replegaron a las montañas que dominan la localidad y se refugiaron en la zona boscosa de Gira Kahsu, a apenas cinco kilómetros de distancia.

El tablero de alianzas y rivalidades

El conflicto ha evolucionado de una lucha interna a una guerra de coaliciones. Días antes de lanzar su ofensiva, el FLPT anunció una alianza con el movimiento nacional Amhara Fano y el Ejército de Liberación Oromo (ELO). Son ya seis las organizaciones que se han sumado al frente rebelde, cuyo objetivo declarado es derrocar a Abiy Ahmed e instaurar un gobierno de transición. La extraña unión reúne a antiguos enemigos: en la guerra anterior, el FLPT acusó a las milicias Fano de cometer atrocidades y de desplazar a cientos de miles de tigriños en la zona fronteriza.

El propio comandante del FLPT, Getachew Berhane, admitió ante la agencia EFE que sus tropas se retiraron a las alturas de Gira Kahsu, pero aseguró que la lucha seguirá. Mientras tanto, el jefe del Ejército federal, Berhanu Jula, culpó en la televisión estatal a Eritrea, al ejército sudanés y a Egipto de apoyar a la oposición armada, acusaciones que tanto Eritrea como Sudán desmintieron.

Repercusiones para la región y el comercio

La captura de Alamata no es un triunfo aislado; abre una brecha en el sur de Tigré que podría permitir al Gobierno federal cortar el corredor de suministros que parte de Yibuti, principal vía de importación de combustible y alimentos para Etiopía. En la región de Afar, el FLPT ya tomó la localidad de Erebti y avanza hacia Afdera, intentando bloquear el paso del corredor que alimenta al país con la mayor parte de sus importaciones.

Esta escalada preocupa a los vecinos y a la comunidad internacional. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió el 23 de septiembre del riesgo de un conflicto “más amplio y devastador” y respaldó la mediación del expresidente nigeriano Olusegun Obasanjo, quien lideró el acuerdo de Pretoria de noviembre de 2022. El pacto, sin embargo, no resolvió las disputas de fondo: el control de los territorios entre Amhara y Tigré, el retorno de los desplazados (más de 750 000 personas dentro de Tigré) y el desarme de las fuerzas regionales siguen sin resolverse.

De los campos de batalla a la historia de Córdoba: por qué nos importa

En Córdoba, la noticia de Alamata resuena más allá de la distancia geográfica. El puerto de Rosario, principal salida de granos argentinos, depende de rutas de exportación que atraviesan el Cuerno de África; cualquier interrupción en el corredor de Yibuti afecta los precios del trigo y la soja en los mercados internacionales, repercutiendo directamente en el bolsillo de los agricultores cordobeses.

Además, la comunidad tigrina y amhara presente en la provincia mantiene vínculos familiares y comerciales con sus parientes en Etiopía. La escalada de violencia genera una ola de preocupación entre los migrantes que temen por la seguridad de sus familiares y por la posibilidad de nuevas oleadas de refugiados que podrían llegar a la región.

Finalmente, la situación abre un espacio para el análisis de la política exterior argentina. La posición de nuestro país en los foros de la ONU y la OEA, y la defensa de la diplomacia multilateral, cobran relevancia cuando se discuten mediaciones como la de Obasanjo. La experiencia de Córdoba, con su tradición de diálogo y concertación en conflictos locales, puede ofrecer una mirada fresca sobre cómo abordar la pacificación de Etiopía sin perder la mirada en los intereses económicos y humanos.

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