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Alerta de Walker: IA de China y Rusia pone en jaque la democracia y la Argentina no está exenta

El experto señala que la IA se vuelve arma de influencia de regímenes autoritarios y advierte a la región.

Alerta de Walker: IA de China y Rusia pone en jaque la democracia y la Argentina no está exenta

Christopher Walker, académico estadounidense especializado en autoritarismo y resiliencia democrática, advirtió este lunes a la Agencia Central de Noticias de Taiwán (CNA) que la inteligencia artificial se está convirtiendo en la herramienta más potente del llamado sharp power o poder incisivo de Beijing y Moscú. En su intervención durante el Foro Internacional sobre Resiliencia de Defensa de Toda la Sociedad, Walker explicó cómo los grandes modelos de lenguaje (LLM) pueden sesgar la información sobre temas como Tiananmén, Taiwán o el Tíbet, y cómo esa capacidad amenaza la integridad de cualquier democracia, incluida la argentina.

El concepto de “poder incisivo” y su evolución

Walker, quien acuñó la expresión “poder incisivo” durante sus trece años en la Fundación Nacional para la Democracia de EE.UU., describe este fenómeno como una forma de influencia que va más allá de la propaganda tradicional. No se trata solo de difundir una visión favorable; el objetivo es penetrar los entornos informativos abiertos, alterar la conversación pública, fomentar la autocensura y explotar las tensiones preexistentes. Con la IA, esas operaciones pueden crear deepfakes, generar noticias falsas al instante y distribuirlas a través de bots, dificultando que los ciudadanos identifiquen la fuente original.

Cómo la IA amplifica la influencia de China y Rusia

Los grandes modelos de lenguaje (LLM) entrenados con datos filtrados por regímenes autoritarios presentan un sesgo estructural: tienden a evitar o desinformar sobre asuntos que el gobierno considera sensibles. Walker señaló que “Los LLM tendrán un sesgo contra las discusiones que incluyan la plaza de Tiananmén, Taiwán o el Tíbet”. Ese sesgo no es accidental; es el resultado de filtros y censuras incorporadas al entrenamiento de los algoritmos. Cuando estos modelos se ponen a disposición de plataformas globales, la censura se vuelve una capa invisible que condiciona lo que cualquier usuario del mundo puede preguntar o compartir.

En el caso de Rusia, la combinación de IA con campañas de desinformación ya probadas en la invasión de Ucrania ha permitido crear narrativas que legitiman la agresión y deslegitiman a los gobiernos occidentales. En China, la estrategia se extiende a la “guerra de la información” contra Taiwán, donde la IA ayuda a inundar redes sociales con contenido que confunde la identidad nacional y debilita la confianza en las instituciones locales.

Repercusiones para la democracia argentina y latinoamericana

Para la Argentina, la advertencia de Walker no es un simple eco de los temores de Taiwán. Nuestro país está inmerso en una carrera tecnológica donde startups de IA y gigantes como Globant buscan posicionarse en el mercado global. Sin una política clara de data sovereignty, los datos argentinos pueden ser usados para entrenar modelos que, sin saberlo, reproducen los sesgos autoritarios descritos por Walker.

Además, la polarización política que vive la nación – alimentada por redes sociales y discursos incendiarios – crea el caldo de cultivo perfecto para que actores externos inserten narrativas manipuladas. En Córdoba, por ejemplo, los debates sobre la reforma del Código Penal o la gestión de recursos hídricos en la cuenca del Río Suquía ya se ven contaminados por campañas de desinformación que provienen de fuentes no identificadas. Si la IA puede generar contenidos a gran escala, esas campañas se volverán más sofisticadas y más difíciles de frenar.

El sector educativo también se ve amenazado. Universidades como la UNC y la UTN están desarrollando programas de IA, pero sin una guía ética robusta, los futuros profesionales podrían terminar reproduciendo los mismos patrones de sesgo que alimentan los regímenes autoritarios. Walker subrayó que la “resiliencia democrática” no solo pasa por la defensa militar, sino por la capacidad de la sociedad civil de reconocer y contrarrestar la manipulación informativa.

Lecciones desde la isla del dragón y la cordobesa realidad

La visita de Walker a Taiwán incluyó ejercicios de defensa civil en el condado de Taitung, donde autoridades locales y socios internacionales simularon respuestas a ataques híbridos. Esa experiencia muestra que la coordinación institucional – entre gobiernos, medios y sociedad civil – es clave para enfrentar la amenaza de la IA autoritaria.

En Córdoba, la reciente creación del Observatorio de Tecnologías Disruptivas del Gobierno provincial podría servir como modelo de adaptación. El observatorio reúne a investigadores, emprendedores y funcionarios para mapear riesgos, diseñar marcos regulatorios y capacitar a periodistas en verificación de datos. Si bien la iniciativa está en sus inicios, representa una respuesta local que podría escalar a nivel nacional.

Finalmente, Walker recordó el caso de Ucrania, donde la innovación tecnológica – como el uso de drones – se combina con la movilización ciudadana contra la corrupción. La lección para Argentina es clara: la defensa de la democracia no debe convertirse en una excusa para restringir libertades, sino en una oportunidad para fortalecer la participación y la transparencia.

Con la próxima cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en el horizonte, Walker se mostró escéptico respecto a avances concretos en temas como minerales críticos o regulación de IA. Lo que sí dejó claro es que la batalla por la información ya está en marcha, y los gobiernos democráticos – incluida la Argentina – deben armarse de conocimiento y cooperación antes de que la IA se convierta en la nueva frontera del autoritarismo.

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