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China y la manipulación de la opinión pública global: un juego de sombras

La operación “Glass Onion” de China es solo un ejemplo de la sofisticación y la complejidad que pueden alcanzar las campañas de desinformación y manipulación digital

China y la manipulación de la opinión pública global: un juego de sombras

La "sociedad sin límites" que comparten Xi Jinping y Vladimir Putin se extiende a aguas invisibles, intangibles, pero profundas y turbias. El enlace político-espiritual se bautizó de esa forma días antes de la inhumana invasión rusa a Ucrania el 24 de febrero de 2022. Desde entonces, Beijing se ha mostrado como un aliado férreo de Moscú, proveyéndolo de tecnología y comprando millones de barriles de petróleo, para dañar -en última instancia- al país europeo que continúa resistiendo.

La estrategia de desinformación

China está adoptando estrategias de desinformación propias del Kremlin para que la narrativa del Partido Comunista Chino (PCC) filtre en todo el globo. Este lunes 22 de junio, The Economist publicó un artículo que pone en primer plano una tendencia creciente: China intensifica sus esfuerzos para influir en la opinión pública global mediante campañas de desinformación y manipulación digital, siguiendo métodos que ya han mostrado eficacia en las operaciones rusas, como la campaña “Doppelganger” que replica medios y distorsiona debates en América Latina y otras regiones.

El plan quinquenal

El último plan quinquenal del régimen conducido por Xi reconoce abiertamente como prioridad el aumento de la influencia internacional del país, presentando esto como una necesidad para contrarrestar los “sesgos occidentales” y proteger los intereses nacionales. En la superficie, la estrategia incluye la difusión de imágenes positivas —y en apariencia, inocentes— en redes sociales, pero detrás de esa fachada se despliega una maquinaria mucho más sofisticada y opaca: la construcción de un ecosistema digital que multiplica narrativas afines al régimen y erosiona el espacio informativo legítimo.

La operación “Glass Onion”

Un detallado informe de Graphika -una compañía de inteligencia de medios y redes basada en Nueva York- analizó la operación “Glass Onion” y proporcionó un mapa detallado de esta maquinaria. De acuerdo a una investigación hecha por Margot Fulde-Hardy y Lili Turner, China ha desarrollado una red de sitios web y subdominios que simulan la apariencia y el rigor editorial de medios internacionales reconocidos y portales estatales chinos, pero también de medios independientes y generalistas.

La sofisticación técnica

La sofisticación técnica es uno de los sellos de esta campaña: los dominios y subdominios comparten plantillas y proveedores, usan técnicas para dificultar el rastreo y coordinan la publicación con cuentas sociales que pertenecen a redes como Spamouflage, una sofisticada operación de desinformación y propaganda vinculada al Estado. El resultado es un proceso de “lavado informativo”, en el que los contenidos circulan por distintos canales y capas antes de alcanzar al consumidor final, diluyendo su origen y otorgándoles una apariencia legítima.

El impacto de las campañas

Las operaciones rusas tipo Doppelganger, analizadas por el think tank alemán Center fur Monitoring, Analyse und Strategie (CeMAS, por sus siglas en alemán) y reproducidas por Infobae, ofrecen un precedente claro de la sofisticación que ahora adopta China. Doppelganger replica sitios de medios latinoamericanos y europeos, altera textos originales y difunde noticias fabricadas para intervenir en procesos electorales y polarizar sociedades enteras.

La amenaza para el debate democrático

El impacto de estas campañas trasciende fronteras. Como advierte The Economist, la expansión de la influencia internacional no es en sí misma ilegítima, pero el uso de métodos encubiertos y la suplantación de fuentes legítimas plantea una amenaza concreta para el debate democrático y la transparencia informativa. El semanario británico insiste en la necesidad de que los investigadores mantengan “estándares rigurosos de evidencia”, evitando que la denuncia de injerencias externas se convierta en herramienta de descalificación política interna.

La conclusión

El informe de Graphika coincide: la proliferación de reportes sin pruebas sólidas, que atribuyen a China la autoría de movimientos sociales o políticos legítimos, puede erosionar la confianza en las instituciones y debilitar la capacidad de respuesta ante amenazas reales. El riesgo es doble: por un lado, se facilita el trabajo de los operadores extranjeros; por otro, se desacredita a actores locales genuinos que expresan demandas legítimas.

Un poco de historia sobre la manipulación de la información

La manipulación de la información no es un fenómeno nuevo, pero en la era digital ha adquirido una dimensión sin precedentes. La capacidad de difundir información falsa o engañosa a una escala masiva y a una velocidad vertiginosa ha convertido a las redes sociales y a los medios de comunicación en un campo de batalla de la guerra de la información.

En este contexto, la operación “Glass Onion” de China es solo un ejemplo de la sofisticación y la complejidad que pueden alcanzar las campañas de desinformación y manipulación digital. La capacidad de crear sitios web y subdominios falsos, de simular la apariencia y el rigor editorial de medios internacionales reconocidos y de coordinar la publicación con cuentas sociales que pertenecen a redes de desinformación y propaganda es un indicador de la seriedad y la determinación con que China aborda la guerra de la información.

En este sentido, es fundamental que los investigadores y los medios de comunicación mantengan estándares rigurosos de evidencia y verificación, evitando que la denuncia de injerencias externas se convierta en herramienta de descalificación política interna. La transparencia y la accountability son fundamentales para proteger el debate democrático y la libertad de expresión en la era digital.

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