Córdoba conquista la pantalla mundial: “El trompetista y el fantasma” brilla en Varsovia y Sitges
Una película de jazz y fantasía filmada entre las sierras cordobesas llega a los festivales más prestigiosos del cine.

Los hermanos Augusto y Matías Sinay, con su largometraje “El trompetista y el fantasma”, arrasarán en octubre en el Festival de Cine de Varsovia (Polonia) y, pocos días después, en el mítico Sitges (España), dos de los certámenes internacionales más codiciados del circuito A de la FIAPF. La película, rodada íntegramente en la provincia de Córdoba con el respaldo del Polo Audiovisual, combina jazz, aventura, ciencia ficción y los imponentes paisajes serranos para llevar una historia nacida en la cuenca del río Suquía a audiencias de Europa y más allá.
Del corazón serrano al escenario internacional
El viaje de la obra comenzó en los escenarios naturales de Traslasierra y la Pampa de Achala, donde el 80 % de la trama se despliega entre montañas, ríos y bosques. Más de 30 actores locales y 70 profesionales del equipo técnico pusieron manos a la obra, demostrando que la industria audiovisual cordobesa tiene la capacidad de producir contenidos de alto nivel técnico y narrativo. El apoyo del programa Cash Rebate del Polo Audiovisual, que ofrece incentivos fiscales a producciones filmadas en la provincia, fue clave para que el proyecto alcanzara los recursos necesarios para ocho meses de postproducción y más de 100 efectos digitales.
Una producción de alto voltaje: números y desafíos
Rodar en lugares de acceso complicado exigió una logística digna de una expedición militar. Los Sinay tuvieron que trasladar equipos de cámara y grúas a zonas de montaña, montar una escena subacuática en un arroyo de la Pampa de Achala y construir un búnker científico ambientado en los años 50, con maquinaria de época y detalles de diseño que exigieron la colaboración de artesanos locales. Todo el proceso estuvo precedido por una meticulosa fase de pre‑producción: los directores dibujaron la película completa en storyboard, editaron esos dibujos con las voces de los personajes y revisaron seis versiones del guion antes de iniciar el rodaje.
Juan Vélez, el actor que interpreta al trompetista frustrado, se entrenó durante dos años en la trompeta para tocar sus propias piezas en pantalla, una muestra del compromiso artístico que permeó toda la producción. La combinación de talento local y una dirección clara permitió que la película alcanzara una calidad visual comparable con producciones de mayor presupuesto.
Jazz, cómics y la magia del guion
La trama parte de un premiso simple pero potente: un trompetista de jazz, cansado de los bares de la ciudad, se refugia en una cabaña serrana para prepararse para una audición crucial. Allí, su música despierta a un fantasma que le propone un trato: ayudarlo a tocar a la perfección a cambio de que descubra un tesoro oculto en la montaña. Los directores explican que la historia nace de la unión de dos pasiones de la infancia: la aventura al estilo de Tintín y Lucky Luke, y la ciencia‑ficción que siempre los fascinó.
El jazz, que es una de las grandes aficiones de Augusto y Matías, se convierte en el hilo conductor que enlaza la modernidad de la música con la atemporalidad del paisaje cordobés. Así, la película no solo es una pieza de género, sino también un homenaje a la identidad cultural de la provincia, donde la música, la naturaleza y la imaginación se entrelazan.
El camino a Varsovia y Sitges
Desde el inicio, los Sinay soñaban con que su obra cruzara fronteras y llegara a festivales como Sitges, la cita de referencia para el cine fantástico y de género. La selección en el Festival de Varsovia, integrante del grupo de festivales Clase A reconocidos por la FIAPF, confirma que el proyecto cumplió con los más altos estándares internacionales. La próxima presentación en Sitges, que atrae a miles de espectadores y profesionales cada año, será la vitrina perfecta para mostrar al mundo que Córdoba puede generar contenido de calidad mundial sin salir de sus sierras.
El reconocimiento también tiene un impacto directo en la economía local: la exposición internacional abre puertas a coproducciones, atrae inversión extranjera y genera oportunidades de empleo para técnicos, artistas y proveedores de la zona. Además, la visibilidad de la provincia en la agenda cultural global fomenta el turismo cultural, ya que espectadores curiosos pueden planificar visitas a los lugares donde se filmó la película.
Raíces cordobesas que alimentan el cine de género
La historia de “El trompetista y el fantasma” se inserta dentro de una tradición cinematográfica que, aunque joven, ha cobrado fuerza en los últimos años. Desde la creación del Polo Audiovisual en 2014, Córdoba ha visto nacer proyectos como “La Casa del Mar” y “Los Hijos del Viento”, que han cosechado premios en festivales latinoamericanos. El impulso institucional, sumado a la formación de talentos en la Universidad Nacional de Córdoba y a la creciente red de productoras independientes, ha convertido a la provincia en un polo emergente de contenido audiovisual.
El éxito de los Sinay no es solo una victoria personal; es un testimonio de que el modelo de producción local, basado en incentivos fiscales, capacitación continua y alianzas público‑privadas, puede competir con Hollywood y Europa. Cada nuevo festival al que llega una película cordobesa refuerza la idea de que el territorio puede ser escenario y protagonista a la vez.
En definitiva, “El trompetista y el fantasma” lleva en su título la promesa de una aventura fantástica, pero en su esencia lleva el latido de Córdoba: su gente, sus paisajes y su música. La travesía que empieza en la Pampa de Achala y termina en los pasillos de Varsovia y Sitges es, sin duda, la prueba de que el cine cordobés está listo para conversar con el mundo entero.
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