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Corea del Norte pone en marcha su segundo destructor y alza la voz por una disuasión nuclear más fiable

Kim Jong Un presenta el Kang Kon en Wonsan mientras la región se prepara para ejercicios militares conjuntos.

Corea del Norte pone en marcha su segundo destructor y alza la voz por una disuasión nuclear más fiable

Wonsan, 2 de septiembre de 2024 – El líder norcoreano Kim Jong Un estuvo presente el domingo en la puesta en servicio del Kang Kon, el segundo destructor de la Armada de Corea del Norte, y aprovechó la ocasión para proclamar la necesidad de una capacidad de disuasión nuclear más potente y fiable. La ceremonia, que tuvo lugar en el puerto de Wonsan, contó también con la presencia de su hija adolescente, a quien los analistas surcoreanos consideran la posible heredera del régimen.

Un buque que rompe el hielo en la Armada norcoreana

El Kang Kon y su hermano mayor, el Choe Hyon, incorporados en junio, son destructores de aproximadamente 5.000 toneladas que, según los medios estatales, pueden llevar armamento convencional y nuclear. Son los navíos más grandes y avanzados que la Armada norcoreana ha mostrado hasta la fecha. Expertos citados por la Associated Press sospechan que ambos buques fueron construidos con asistencia rusa, lo que subraya la creciente colaboración entre Pyongyang y Moscú.

En la ceremonia, Kim recorrió la cubierta roja mientras su hija, vestida de blanco y chaqueta, posaba junto a los marineros. Las imágenes difundidas por el Korean Central News Agency mostraron al joven heredero inspeccionando los sistemas de combate, lo que sugiere una preparación temprana para la sucesión. Kim aprovechó el discurso para enlazar la incorporación de los destructores con la “fortalecida capacidad nuclear” del país, declarando que “las preocupaciones de los enemigos se agravarán” si no se reconoce la nueva fuerza marítima.

La jugada naval en medio de ejercicios de Freedom Edge

El anuncio coincidió con el inicio del ejercicio conjunto Freedom Edge, una maniobra de cinco días que reúne a Estados Unidos, Corea del Sur y Japón en aguas cercanas a la isla surcoreana de Jeju. El Ejército de Corea del Sur describió el entrenamiento como defensivo, orientado a reforzar la respuesta conjunta frente a la amenaza nuclear norcoreana. Pyongyang, sin embargo, calificó el ejercicio como una provocación, acusando a Washington de adoptar una postura cada vez más confrontativa.

El contexto se complica por la reciente reducción del ejercicio anual Ulchi Freedom Shield, acortado por el entonces presidente Donald Trump como gesto de buena voluntad hacia Kim. La medida no logró calmar a Pyongyang: pocos días después, Corea del Norte lanzó alrededor de diez misiles balísticos de corto alcance al mar, una respuesta que coincidió con la fase más intensa de Freedom Edge.

¿Qué significa para Argentina y la región?

Para la Argentina, la expansión naval norcoreana no es un asunto lejano. El país mantiene una flota de destructores heredados de la época de la Guerra de Malvinas que, aunque envejecidos, siguen siendo pilares de la defensa marítima del Atlántico Sur. La posible venta de tecnología naval rusa a Pyongyang podría abrir un mercado paralelo que compita con los intereses de los astilleros europeos y estadounidenses, afectando indirectamente a la industria naval argentina que busca retomar la construcción de buques de guerra.

Además, la insistencia de Kim en una “disuasión nuclear potente y fiable” repercute en la agenda de seguridad regional. Argentina, como miembro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), ha renovado su compromiso con la no proliferación y con la diplomacia multilateral. Un aumento de la capacidad nuclear norcoreana podría traducirse en mayores presiones sobre los foros internacionales donde Argentina participa, como la ONU, y obligar al país a reforzar su postura en foros como el G-20 y la OEA.

En términos económicos, la creciente cooperación entre Corea del Norte y Rusia abre la puerta a posibles acuerdos de suministro de materias primas y energía. Argentina, con su sector agroexportador, podría verse beneficiada o perjudicada según evolucione la geopolítica del gas y del petróleo en Asia. En cualquier caso, el escenario obliga a los analistas locales a vigilar de cerca los movimientos de Pyongyang, no solo por la amenaza militar, sino también por las oportunidades (y riesgos) comerciales que podrían surgir.

Ecos de la historia: la tradición naval y la amenaza nuclear

La Armada norcoreana, que hace apenas una década carecía de buques de guerra de gran calado, ha invertido fuertemente en la modernización de su flota. La construcción del Kang Kon marca un hito en la estrategia marítima del régimen, que busca diversificar sus plataformas de disuasión y proyectar poder más allá de la península coreana. Esta transformación recuerda a la época de la Guerra Fría, cuando los países del bloque soviético impulsaban la expansión naval de sus aliados para contrarrestar la presencia estadounidense.

En Argentina, la tradición naval se remonta a la fundación de la Armada en 1810 y a los primeros intentos de crear una fuerza marítima capaz de defender los intereses del país en el Atlántico. Los destructores actuales, heredados de la década de 1970, son testigos de una historia de altibajos que incluye la tragedia de las Islas Malvinas y la posterior modernización limitada. La noticia norcoreana sirve como recordatorio de que la capacidad de proyección naval sigue siendo un factor clave en la seguridad nacional de cualquier Estado costero.

Por último, la insistencia de Kim en una “disuasión nuclear fiable” subraya la paradoja de un régimen que, pese a su aislamiento, sigue apostando por la tecnología más avanzada. Para los observadores argentinos, esto implica que la diplomacia de seguridad debe combinar la vigilancia de los desarrollos nucleares con la búsqueda de canales de diálogo que eviten una escalada que pueda arrastrar a toda la región a un conflicto más amplio.

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