Detenciones en Kabul: el “hiyab” como arma de control y el silenciamiento de las voces femeninas
El régimen talibán sigue arrestando a mujeres por no respetar el hiyab, reforzando su control sobre la población femenina.

Detenciones en Kabul: el “hiyab” como arma de control y el silenciamiento de las voces femeninas
El domingo, las autoridades talibán confirmaron la detención de varias mujeres y niñas en Kabul y la provincia de Herat por no respetar el estricto código de vestimenta impuesto desde su retorno al poder en 2021. Un portavoz del Ministerio de Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio calificó el acto como “delito muy grave”, reforzando la narrativa de que el hiyab es una obligación religiosa ineludible.
El decreto de 2022: una vuelta al pasado que se vuelve más cruel
El marco legal que sustenta estos arrestos se remonta a mayo de 2022, cuando el gobierno talibán promulgó un decreto que obligaba a las mujeres a cubrirse el rostro por completo en público y a usar el burka de cuerpo entero. Ese mandato revivió la normativa de su primer mandato, de 1996 a 2001, y fue reforzado por la Ley de Promoción de la Virtud, otorgando a los agentes de moralidad amplias facultades para vigilar la vestimenta, el desplazamiento y hasta la voz de las mujeres en espacios públicos. Desde entonces, la práctica se ha convertido en un instrumento de control social, donde la apariencia se convierte en un punto de censura y la desobediencia se traduce en detención y fianza.
El impacto en la vida cotidiana: de la escuela al mercado
La exclusión progresiva de las mujeres de la vida pública ha tenido un efecto dominó en la economía y la cultura de Afganistán. Las niñas están prohibidas de asistir a la secundaria y la universidad, mientras que las mujeres adultas se ven obligadas a contar con un tutor masculino para desplazarse a largas distancias. El acceso al empleo público se ha visto restringido, y la mayoría de las ocupaciones disponibles son de carácter informal o doméstico. En la práctica, esto significa que la mayoría de las familias afganas pierden una fuente de ingreso y la sociedad pierde la contribución de una parte significativa de su población.
La ONU y la petición de clasificar el “apartheid de género” como crimen de lesa humanidad
En septiembre, un grupo de expertos de la ONU, encabezado por el relator especial Richard Bennett y la presidenta del Grupo de Trabajo sobre Discriminación contra Mujeres y Niñas Dorothy Estrada‑Tanck, pidió que se tipifique el “apartheid de género” como un crimen de lesa humanidad. El informe destaca que una generación entera de afganas ha crecido sin acceso a la educación secundaria y que la normalización de las relaciones diplomáticas con Kabul debe estar condicionada a un progreso medible en derechos humanos. A pesar de estas advertencias, varios países han reanudado vínculos diplomáticos, mientras que las negociaciones en Doha siguen sin incluir a organizaciones de mujeres.
El eco de la detención: historias de resistencia y miedo
En el municipio de Jebrael, Herat, ocho mujeres fueron detenidas el sábado en la avenida 64 Meter Road. Pasaron la noche bajo custodia y fueron liberadas al día siguiente tras comprometerse a cumplir el código de vestimenta y pagar una fianza. Este episodio no es aislado; en enero de 2024, el mismo ministerio denunció la detención de mujeres en Kabul por un “mal hiyab”. La UNAMA, en julio, expresó su preocupación por las “numerosas” detenciones entre el 16 y el 19 de ese mes, subrayando que “contribuyen a un clima de miedo y erosionan la confianza pública”.
Un poco de historia sobre la política de género en Afganistán
La historia de la política de género en Afganistán está marcada por ciclos de apertura y represión. Durante el régimen talibán de 1996 a 2001, las mujeres fueron prohibidas de trabajar, estudiar y participar en la vida pública, y la ley obligaba el uso del burka. Tras la caída de los talibanes en 2001, se instauró un marco legal que reconocía los derechos de las mujeres, aunque la práctica cotidiana seguía siendo desigual. El regreso de los talibanes en 2021 revivió las restricciones, pero con una mayor sofistificación y un aparato de vigilancia más amplio, que incluye la “Promoción de la Virtud” y la “Prevención del Vicio”.
En la provincia de Herat, la historia de la resistencia femenina es particularmente vibrante. Desde la antigüedad, la ciudad ha sido un cruce de caminos donde se mezclan culturas y tradiciones. Las mujeres de Herat han mantenido una presencia activa en la vida cultural y comercial, pese a los intentos de los gobiernos autoritarios de silenciarlas. Hoy, la detención de mujeres por el hiyab es una señal de que la represión está en marcha, y la comunidad internacional observa con preocupación.
El impacto de esta política no solo se limita al ámbito doméstico; también afecta la imagen de Afganistán en el mundo. El país se enfrenta a sanciones económicas y a la pérdida de inversiones internacionales, lo que agrava la crisis humanitaria. La exclusión de las mujeres del mercado laboral y educativo reduce la productividad y el potencial de desarrollo del país, perpetuando un ciclo de pobreza y dependencia.
Explora más noticias en nuestra sección: Mundo



