El efecto nocebo y la fiebre del gluten: ¿Nos estamos autoinfligiendo síntomas?
La ciencia desmiente la idea de que los celíacos se provocan sus síntomas por voluntad propia.

El efecto nocebo y la fiebre del gluten: ¿Nos estamos autoinfligiendo síntomas?
En los últimos meses, la prensa internacional ha vuelto a poner bajo la lupa la relación entre la sensibilidad al gluten y el llamado efecto nocebo. Estudios recientes demuestran que la expectativa de sentir malestar al consumir trigo puede generar síntomas reales, aun cuando el alimento no contiene la proteína culpable. La cuestión se vuelve más urgente en Argentina, donde la cultura del bienestar y las dietas sin gluten han crecido de forma exponencial, sobre todo en barrios como Nueva Córdoba y Güemes.
¿Qué es el efecto nocebo y cómo actúa?
El término “nocebo” proviene del latín y significa “dañar”. A diferencia del placebo, que genera una mejoría por la mera creencia de estar recibiendo un tratamiento eficaz, el nocebo produce efectos adversos porque la persona espera que algo le haga daño. En el caso del gluten, la expectativa de sufrir dolor abdominal, hinchazón o fatiga activa circuitos cerebrales que liberan neurotransmisores y hormonas del estrés, desencadenando síntomas gastrointestinales sin que exista una respuesta inmunológica real.
Ensayos internacionales que confirman la influencia de la expectativa
Un equipo de investigación europeo reclutó a adultos que se autodiagnosticaron como “sensibles al gluten” pero que, tras pruebas médicas, no presentaban celiaquía ni alergia al trigo. Los participantes fueron divididos en dos grupos: a uno se le dijo que recibiría alimentos con gluten y al otro que recibiría una dieta sin gluten, cuando en realidad ambos recibieron productos idénticos y sin gluten. Los resultados fueron contundentes: la sola expectativa de ingerir gluten provocó síntomas gastrointestinales en más del 40% de los sujetos, mientras que el consumo real de gluten no incrementó la incidencia de molestias.
Una revisión sistemática que analizó diez ensayos doble ciego con más de 1.300 participantes encontró que solo el 16% de los autodenominados sensibles mostraron una respuesta específica al gluten; el resto, un 40% aproximadamente, reaccionó de manera similar a un placebo inofensivo, evidenciando la fuerza del nocebo.
Implicancias para los consumidores cordobeses y el sector gastronómico
En Córdoba, la moda de los productos sin gluten ha impulsado la apertura de panaderías artesanales, restaurantes y líneas de alimentos en supermercados que prometen “bienestar sin gluten”. Si bien esta tendencia responde a una demanda real de pacientes con celiaquía, también ha generado un mercado de consumo basado en el miedo. Muchos consumidores, sin diagnóstico médico, eliminan el trigo de su dieta y atribuyen cualquier mejora a la ausencia de gluten, sin considerar otros componentes como los fructanos, carbohidratos fermentables presentes en el propio trigo que pueden ser los verdaderos culpables.
Para los establecimientos gastronómicos, esto representa un dilema: ofrecer opciones sin gluten para no perder clientela, pero al mismo tiempo evitar la “caza de brujas” alimentaria que puede generar ansiedad y desinformación. La recomendación de expertos es que, antes de adoptar una dieta libre de gluten, los cordobeses consulten a un gastroenterólogo y se realicen pruebas específicas. De lo contrario, se corre el riesgo de incurrir en deficiencias nutricionales y de alimentar la cultura del bienestar basada en el miedo.
De la panadería a la ciencia: raíces del mito del gluten
El concepto de intolerancia al gluten se popularizó a nivel mundial a principios de los años 2000, cuando la celiaquía fue diagnosticada con mayor frecuencia gracias a mejores pruebas serológicas. En Argentina, el primer diagnóstico oficial de celiaquía se registró en la década de 1990, y desde entonces la investigación ha avanzado, pero también lo ha hecho la desinformación. La prensa sensacionalista y los influencers de redes sociales han contribuido a que la palabra “gluten” se convierta en sinónimo de “enemigo” para muchos consumidores.
Históricamente, la dieta mediterránea, base de la alimentación argentina, incluía trigo de forma moderada y sin problemas para la mayoría de la población. Fue a partir de la década de 2010 cuando surgieron dietas bajas en carbohidratos y el movimiento “clean eating”, que impulsaron la eliminación de alimentos considerados “inflamatorios”. En Córdoba, la proliferación de bares de tapas y cafés boutique que promocionan menús sin gluten ha reforzado la percepción de que el trigo es una amenaza, aun cuando la evidencia científica muestra que la mayoría de la gente tolera perfectamente el gluten.
Hoy, la comunidad médica cordobesa trabaja para equilibrar la información: se promueve la educación sobre el diagnóstico correcto de la celiaquía, la diferencia entre intolerancia al gluten y sensibilidad no celíaca, y la necesidad de considerar otros factores como los fructanos. Solo con un enfoque basado en la evidencia se podrá frenar la ola de autodiagnósticos y evitar que la cultura del bienestar se convierta en una movida que genere más daño que beneficio.

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