El peligro oculto de heredar zapatos: ¿por qué los expertos desaconsejan esta práctica?
La práctica de heredar zapatos puede tener consecuencias negativas para la salud de los pies de los niños, según los expertos en biomecánica y podología.

En muchas familias, es común que los hermanos mayores pasen sus zapatos a los más pequeños como una forma de ahorrar dinero y reducir el desperdicio. Sin embargo, según los expertos en biomecánica y podología, esta práctica puede tener consecuencias negativas para la salud de los pies de los niños.
El problema de la adaptación
La clave del problema radica en la adaptación que el zapato sufre con el uso continuado. Cada persona tiene una forma única de caminar y repartir el peso, lo que hace que el calzado se moldee a la pisada del primer usuario. Cuando un segundo niño se pone ese zapato, su pie se ve forzado a adaptarse a una horma y a unas inclinaciones que no son las suyas, lo que puede alterar significativamente su pisada y favorecer problemas biomecánicos, lesiones tendinosas y musculares, así como ampollas y rozaduras.
La evidencia científica
La evidencia directa proviene de guías clínicas y del consenso de especialistas, como el documento Children’s Footwear Advice de la Suffolk Podiatry Paediatrics. Además, hay diferentes estudios biomecánicos que demuestran que el calzado modifica los parámetros de la marcha infantil, incluyendo la velocidad, la longitud del paso, los rangos de movimiento del tobillo y la rodilla, y el patrón de impacto.
El factor dermatológico
Además de la mecánica de la marcha, hay un factor dermatológico a tener en cuenta, ya que las guías de podología pediátrica desaconsejan el calzado de segunda mano por el riesgo de infecciones. Compartir zapatos cerrados que han acumulado sudor y humedad facilita enormemente la transmisión de patógenos cutáneos, especialmente dermatofitos, que son los hongos causantes del pie de atleta.
La excepción
Los expertos en ortopedia infantil y podología establecen como excepción el calzado que ha tenido un uso residual. Por ejemplo, unos zapatos para una boda que se han usado una tarde, o unas botas de agua que el niño se puso tres veces antes de que le creciera el pie, sí pueden heredarse, siempre y cuando no haya signos de adaptación a la pisada previa.
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