Mundo

Kast mantiene el rumbo del cable submarino Chile‑China: lo que implica para Córdoba y la región

El ministro De Grange asegura la continuidad del cable Chile‑China y analiza sus repercusiones para Córdoba y la región.

Kast mantiene el rumbo del cable submarino Chile‑China: lo que implica para Córdoba y la región

El ministro de Obras Públicas y Telecomunicaciones, Louis de Grange, confirmó que el proyecto del cable submarino Chile–China Express sigue en marcha pese a las críticas del embajador estadounidense Brandon Judd. La declaración se dio en el programa Tolerancia Cero de CNN Chile, donde De Grange sostuvo que la iniciativa está en su fase administrativa y que Chile continuará trabajando con China y Estados Unidos como socios estratégicos. El anuncio se produce en medio de la transición de gobierno, con el presidente José Antonio Kast asumiendo el cargo el 11 de marzo.

¿Qué es el Chile‑China Express y por qué genera tanto revuelo?

El cable submarino, que promete velocidades de hasta 16 terabits por segundo, está pensado para convertir a Chile en un hub digital del Pacífico. La infraestructura permitiría una transmisión de datos más rápida, fiable y barata, lo que, según sus promotores, impulsaría la competitividad de la industria tecnológica nacional y abriría oportunidades de exportación de servicios de datos.

Sin embargo, el proyecto no es un simple tubo de fibra óptica. Desde 2017 China cuenta con una Ley de Ciberseguridad que obliga a las empresas a cooperar con los servicios de inteligencia del Estado, y una Ley de Inteligencia Nacional que exige la colaboración activa de cualquier operador de infraestructura crítica. En la práctica, los datos que circulen por el cable podrían ser puestos a disposición de Pekín sin que los usuarios o los gobiernos intermedios tengan forma de impedirlo.

Impacto potencial para la economía cordobesa

Para Córdoba, la cuestión no es meramente geopolítica; tiene una dimensión muy práctica. La provincia alberga un polo tecnológico en la zona de Villa General Belgrano y un creciente número de startups de software, fintech y agro‑tecnología que dependen de conexiones de alta velocidad para exportar servicios a Europa y Norteamérica. Un cable que mejore la latencia y reduzca costos de ancho de banda podría significar menos gastos en enlaces satelitales y mayor competitividad en licitaciones internacionales.

Además, la presencia de empresas de telecomunicaciones argentinas como Telecom Argentina y la reciente expansión de la red de fibra óptica en la zona norte de la provincia abriría la puerta a acuerdos de tránsito de datos. Si Chile se consolida como nodo estratégico, Córdoba podría negociar tramos de interconexión que reduzcan la dependencia de los cables tradicionales que atraviesan Estados Unidos, lo que a su vez bajaría los precios del internet para usuarios y pymes.

Reacciones de Washington y la sombra de la soberanía digital

El embajador estadounidense Brandon Judd, en una rueda de prensa en el Congreso Nacional el 11 de marzo, afirmó que “el cable chino ya se acabó” y advirtió que la iniciativa había generado gran preocupación en Washington. La postura de EE. UU. se basa en la sospecha de que el cable pueda servir como una vía de espionaje y vulnerar la seguridad de datos sensibles, no solo de Chile sino de toda la región latinoamericana.

De Grange intentó calmar los ánimos diciendo que “no hay razones para estar preocupados” y que Chile mantiene su soberanía. Sin embargo, el hecho de que funcionarios del anterior gobierno de Boric fueron objeto de revocación de visas por su vínculo con el proyecto muestra la tensión diplomática que se está gestando.

¿Qué significa esto para la seguridad de datos en América del Sur?

El cable no solo conecta Chile con China; su ruta atraviesa aguas internacionales y puede servir de punto de paso para el tráfico de datos de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Perú y Ecuador. Un posible control chino sobre este nodo implicaría que información de millones de latinoamericanos quede bajo la mirada de Pekín, lo que plantea un desafío de seguridad cibernética sin precedentes para la región.

En Córdoba, donde la industria agroalimentaria exporta gran parte de su producción a mercados asiáticos, la protección de datos de trazabilidad y certificación es vital. Un acceso no autorizado a esos datos podría afectar la confianza de los compradores internacionales y, por ende, la balanza comercial de la provincia.

Raíces del debate digital en el Cono Sur

La discusión sobre el Chile‑China Express se inserta en una serie de intentos de los países sudamericanos por diversificar sus rutas de conectividad. En 2020, Argentina aprobó la construcción del cable South‑America‑Cable (SAC) que conecta Buenos Aires con Brasil y Uruguay, buscando reducir la dependencia de cables controlados por EE. UU. Sin embargo, la falta de inversión y los largos procesos de autorización retrasaron su puesta en marcha.

Chile, por su posición geográfica, ha sido históricamente un punto de paso para cables transatlánticos y transpacíficos. La propuesta del Chile‑China Express busca reforzar ese rol, pero choca con la creciente preocupación internacional por la “soberanía digital”. En la última década, países como Perú y Bolivia también han explorado alianzas con China para proyectos de infraestructura de telecomunicaciones, lo que ha generado una carrera de influencia tecnológica en la zona.

Para Córdoba, la lección es clara: la dependencia de infraestructuras externas implica riesgos que deben gestionarse con políticas de datos robustas y alianzas estratégicas que prioricen la seguridad nacional y regional. La provincia ya cuenta con el Laboratorio de Tecnologías de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba, que podría convertirse en un referente para la auditoría y el monitoreo de tráfico que transite por cables como el Chile‑China Express.

Artículos relacionados

Volver al botón superior
📻
EN VIVO