Argentina

La revolución silenciosa en la enseñanza del derecho: adaptarse o desaparecer

La enseñanza del derecho debe adaptarse a la era de la inteligencia artificial

El fin de la enseñanza tradicional

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse y está cambiando la forma en que se ejerce la abogacía. Pero, ¿podemos seguir enseñando derecho como si nada hubiera cambiado? La respuesta es no. La enseñanza jurídica tradicional fue concebida para un mundo donde la información era escasa, dispersa y costosa de obtener. Estudiar artículos, memorizar normas, recorrer bibliotecas y acumular jurisprudencia y doctrina eran tareas centrales porque constituían el núcleo del oficio.

Yuval Harari lo resumió con precisión: “La Inteligencia Artificial se apoderará de todo lo que esté hecho de palabras”. Y justamente esa afirmación vale de manera especialmente significativa en el mundo del derecho. Las leyes, las resoluciones, los Códigos, los fallos, la jurisprudencia, los contratos, los dictámenes: todo está hecho de palabras. Y no puede entonces la Universidad ignorar o resistirse a esta realidad.

El acceso a la información ya no es el problema

En la era de la inteligencia artificial, el acceso a la información jurídica dejó de ser una ventaja competitiva. Un estudiante con un teléfono puede obtener en segundos decenas de precedentes, líneas argumentales alternativas y borradores de escritos que antes exigían semanas de trabajo. Esto no significa que el conocimiento jurídico haya perdido valor. Significa algo más profundo: el valor ya no reside en encontrar información, sino en interpretarla, jerarquizarla, evaluarla críticamente y asumir responsabilidad por su uso.

La enseñanza del derecho enfrenta una crisis silenciosa pero estructural. No porque el derecho pierda relevancia, sino porque los métodos pedagógicos tradicionales ya no alcanzan. En términos estrictos, alguien podría hoy recorrer buena parte de una carrera universitaria asistido por inteligencia artificial, quedando como diferencial la certificación estatal. Este dato debería obligarnos a repensar el sentido mismo de la enseñanza en las Facultades.

Reorientar la formación en siete direcciones estructurales

Las Facultades de Derecho deberían reorientar su formación en, al menos, siete direcciones estructurales: reconversión docente y nuevo rol del profesor, enseñar a formular problemas jurídicos, no sólo a responderlos, alfabetización crítica en inteligencia artificial jurídica, reforzar la ética profesional y la responsabilidad humana, integración transversal y evaluaciones adaptadas a la realidad, continuidad con la práctica profesional y enseñar el arte de abogar.

La enseñanza del derecho no puede seguir siendo una mera transmisión de información normativa. Debe convertirse en una formación integral que prepare a los juristas para un mundo cada vez más complejo y donde la tecnología juega un papel cada vez más importante. La Universidad debe asumir este cambio y repensar su modelo de enseñanza para no quedarse atrás.

El futuro del derecho se juega en las aulas

El futuro del derecho no sólo se juega en los tribunales ni en los estudios jurídicos. También se está jugando hoy, silenciosamente, en las aulas. La Universidad no puede seguir enseñando derecho como si nada hubiera cambiado. Debe adaptarse a la nueva realidad y formar juristas mejor preparados para un mundo cada vez más complejo. La alternativa es persistir en un modelo que forma memorizadores de normas para un mundo donde la memoria ya no es un atributo imbatible.

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