Salud

La verdadera cara de las calorías vacías: ¿Son realmente dañinas o tienen un lugar en nuestra dieta?

La verdadera cara de las calorías vacías y su impacto en nuestra salud

La vida ajetreada y estresada que llevamos muchos de nosotros puede hacer que por las mañanas, la falta de tiempo nos lleve a resolver el desayuno de manera rápida con un café acompañado de unas cuantas galletas o un bollo. Aunque es sabido que este tipo de desayuno no es el más saludable, el reloj apremia y dificulta encontrar tiempo para preparar algo más nutritivo.

Las calorías vacías: ¿Un enemigo silencioso?

Las calorías vacías son un término cada vez más común para referirse a aquellos alimentos procesados como la bollería, las galletas o cualquier dulce que consumimos. Esto plantea un gran debate sobre su utilidad y si realmente comemos alimentos que no aportan nada más allá de engordar a corto plazo.

La ciencia de la nutrición ha ido esclareciendo que no es tan importante lo que desayunamos, sino a qué hora lo hacemos. Sin embargo, cuando hablamos de calorías vacías, nos referimos a alimentos que desplazan el consumo de nutrientes esenciales a cambio de un gran subidón de energía.

La montaña rusa de la energía

Para entender qué sucede en nuestro cuerpo cuando ingerimos un café y cuatro galletas por la mañana, debemos fijarnos en la bioquímica de la digestión. La bollería industrial y las galletas están compuestas principalmente por harinas refinadas y azúcares libres, lo que supone un problema porque el cuerpo no tiene que hacer un gran esfuerzo para digerirlas.

Esto significa que se descomponen a una alta velocidad en el tracto intestinal y pasan a la sangre en forma de glucosa casi de inmediato. En términos energéticos, es similar a intentar calentar una casa encendiendo un fuego con hojas de papel de periódico: arde rápidamente, genera una llamarada intensa, pero se apaga a los pocos minutos.

No siempre es malo

Aunque en muchas ocasiones se trata de demonizar a estas calorías vacías por no contar con nutrientes de calidad, hay situaciones en las que es necesario tener un plus de energía rápida sin pensar en la fibra o las vitaminas que puedan presentarse. Esto es algo que se ve en el mundo del deporte, donde una chocolatina hiperazucarada o una galleta pueden obrar un milagro cuando se está en el kilómetro 80 de una etapa, subiendo un puerto o cuando acecha la temida ‘pájara’.

En este contexto de alto rendimiento deportivo, la fibra o las grasas serían un estorbo, ya que ralentizarían el vaciado gástrico, robando sangre de las piernas para enviarla al estómago y provocando pesadez o problemas gastrointestinales. Ese pico de glucosa que en una oficina te provoca letargo a las dos horas, en la bicicleta se quema inmediatamente en el músculo como combustible de alto octanaje, permitiendo mantener la intensidad.

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