El calor y el sueño: ¿Cuál es el verdadero enemigo de nuestra energía?
El calor puede ser un enemigo silencioso que afecta nuestra calidad de vida, especialmente nuestra energía y sueño.

El calor es un enemigo silencioso que puede afectar nuestra calidad de vida de manera significativa. Aunque a menudo lo asociamos con la fatiga y el cansancio, la verdad es que su impacto va mucho más allá. La falta de energía y la fatiga durante el día son quejas casi universales durante los meses de verano, y aunque popularmente lo explicamos diciendo que ‘el calor aplatana’, la ciencia muestra que este agotamiento es un fenómeno complejo donde entran muchos factores como la deshidratación o la alteración del sueño.
El sobreesfuerzo del cuerpo
Una de las explicaciones que tenemos para entender el cansancio que sentimos está en nuestro sistema de termoregulación, que se esfuerza para mantener nuestra temperatura interna en torno a los 37 ºC. El problema está en que, al aumentar la temperatura externa, el organismo necesita activar diferentes mecanismos para no sobrecalentarse. Uno de los que podemos ver nosotros mismos es la vasodilatación periférica que provoca el clásico color rojo en nuestra piel cuando hace mucho calor. Algo que provoca que el corazón tenga que bombear con mucha más fuerza, al igual que ocurre cuando empezamos a sudar.
La importancia del sueño REM
A menudo se culpa al sol y al calor durante el día de la falta de energía, pero el origen del problema suele gestarse de madrugada. Aquí las noches calurosas provocan un aumento de los microdespertares y la vigilia, reduciendo drásticamente las fases más reparadoras del descanso, como son el sueño REM. Esta pérdida de calidad de sueño es una de las explicaciones biológicas más directas de la fatiga a la mañana siguiente. El letargo no ocurre solo por el esfuerzo del día, sino porque el cerebro y el cuerpo no han logrado resetearse correctamente durante la noche.
La diferencia entre cansancio y agotamiento
Es fundamental trazar una línea clara entre el cansancio veraniego, que es bastante habitual, y el ‘agotamiento por calor’, que sí es un problema médico de primer nivel. Aquí se nos recuerda que sentirse más torpe o cansado tras caminar bajo el sol entra dentro de la respuesta fisiológica de un cuerpo sano intentando protegerse. Sin embargo, no deben mezclarse los conceptos. Cuando la fatiga viene acompañada de mareos intensos, sudoración excesiva y fría, pulso rápido y débil, náuseas o calambres musculares severos, estamos ante un cuadro de agotamiento por calor.
Consecuencias del agotamiento por calor
Identificar esta diferencia es vital, ya que, si no se trata mediante enfriamiento rápido y reposición de líquidos, puede derivar en un golpe de calor, y eso es un grave problema de salud. El golpe de calor es una condición que puede ser mortal si no se trata adecuadamente. Es importante reconocer los síntomas y actuar rápidamente para evitar complicaciones graves.
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