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Miss Jamaica demanda a Miss Universo por la caída que cambió su vida

Gabrielle Henry lleva a los tribunales a la Organización Miss Universo por la grave caída que sufrió en Bangkok.

Miss Jamaica demanda a Miss Universo por la caída que cambió su vida

Gabrielle Henry, la ex‑reina de Miss Jamaica, presentó el 21 de septiembre una demanda contra la Organización Miss Universo y dos de sus empresas matrices ante la Corte Superior de Delaware, alegando negligencia tras la grave caída que sufrió en la edición 74 del certamen, celebrada en Bangkok el 19 de noviembre de 2025. La demanda, que incluye cinco cargos, busca resarcimiento por la lesión cerebral que, según la propia Henry, “alteró permanentemente el curso de su vida”.

El accidente en Bangkok y sus consecuencias

Durante la ronda preliminar de vestidos de gala, Henry caminaba por el escenario cuando una abertura de aproximadamente 1,5 metros, sin cubrir, sin señalización y sin barreras, la hizo caer sobre una base de concreto repleta de equipos de iluminación. La caída la dejó inconsciente y provocó una lesión cerebral traumática con hemorragia subaracnoidea aguda, contusión hemorrágica del lóbulo frontal y hemorragia subdural, además de fracturas y laceraciones faciales. La joven, de 28 años, estuvo internada en Tailandia del 19 de noviembre al 10 de diciembre de 2025.

Tras ser trasladada a Jamaica, Henry tuvo que reaprender habilidades básicas; describió que caminar por un pasillo se volvió “como si acabara de nacer”. Los dolores de espalda, los frecuentes cefaleas y los síntomas neurológicos persisten, obligándola a adaptar su horario de trabajo como oftalmóloga y a seguir un proceso de rehabilitación intensiva.

La demanda contra la Organización Miss Universo

El escrito judicial acusa a la Organización Miss Universo de “negligencia, responsabilidad por las condiciones del lugar, contratación, retención y supervisión negligentes, e imposición intencional de angustia emocional”. La demanda sostiene que, aunque la productora local Miss Grand International (MGI) y Miss Universe Thailand estaban a cargo del escenario, la Organización Miss Universo mantuvo control sobre los medios y la forma en que se llevaron a cabo esas labores, por lo que no puede eludir su responsabilidad.

Entre los reclamos, Henry exige el pago de los gastos médicos, la compensación por el daño moral y la garantía de que se implementen medidas de seguridad que eviten que una movida similar vuelva a ocurrir en futuros certámenes. La petición también incluye una indemnización por la interrupción de su carrera médica y por la pérdida de oportunidades profesionales.

Reacciones de la organización y la comunidad internacional

La Organización Miss Universo, a través de un comunicado a PEOPLE, afirmó que hasta la fecha no había recibido ninguna demanda, carta de requerimiento o citación de Henry o de sus representantes, y por eso no podía comentar sobre acusaciones que no había visto. Además, señaló que la responsabilidad del escenario y la seguridad correspondía a las entidades anfitrionas, MGI y Miss Universe Thailand, y que la propia Miss Universo intervino para cubrir los gastos hospitalarios cuando estas no lo hicieron.

Según la organización, también pagó el tratamiento posterior en un hospital especializado de Jamaica y ofreció a Henry un puesto como embajadora de buena voluntad dentro del equipo de Miss Universo, propuesta que, según ellos, no recibió respuesta. La comunidad de pageants, sin embargo, ha reaccionado con preocupación: varios ex‑concursantes han recordado incidentes similares en eventos internacionales, y expertos en seguridad de eventos han pedido una revisión exhaustiva de los protocolos de montaje de escenarios.

Tras el escándalo: antecedentes de seguridad en certámenes internacionales

Los accidentes en concursos de belleza no son un hecho aislado. En 2018, una participante de Miss Mundo sufrió una caída durante la pasarela en México debido a una zona de iluminación defectuosa. En 2022, una concursante de Miss Universo Thailand se lesionó al tropezar con una cuerda de seguridad mal asegurada. Estos episodios pusieron en tela de juicio los estándares de seguridad de la industria, que a menudo delega la organización del evento a productores locales sin una supervisión centralizada.

En Argentina, la experiencia con el Festival Nacional de Folklore de Cosquín mostró cómo la falta de barreras adecuadas provocó varios incidentes menores que llevaron a la autoridad provincial a reforzar la normativa de seguridad en escenarios al aire libre. La lección que se extrae es que la responsabilidad no solo recae en los organizadores locales, sino también en las marcas internacionales que otorgan su nombre al evento.

Para Córdoba y el resto del país, el caso de Gabrielle Henry abre una discusión sobre la necesidad de exigir cláusulas de seguridad más estrictas en los contratos de eventos internacionales que involucren a artistas y deportistas argentinos. Además, plantea la cuestión de cómo los organismos reguladores pueden apoyar a los profesionales que, como Henry, ven sus carreras truncadas por fallas de seguridad que podrían haberse evitado con un laburo más cuidadoso.

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