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Mossad se prepara para intervenir en la pesquisa de presunta injerencia electoral en Israel: ¿qué papel jugarán Turquía y Qatar?

El Mossad evalúa su participación en la pesquisa de fondos extranjeros que podrían haber influido en la votación de octubre.

Mossad se prepara para intervenir en la pesquisa de presunta injerencia electoral en Israel: ¿qué papel jugarán Turquía y Qatar?

El Mossad está evaluando su incorporación a la investigación que apunta a una posible interferencia extranjera en las elecciones legislativas israelíes del 27 de octubre. La pesquisa, impulsada por la Comisión Central de Elecciones, ya tiene a Qatar y Turquía bajo la lupa como supuestos financiadores de campañas dirigidas a la comunidad árabe del país. Según informó el canal israelí Channel 14, se han iniciado contactos preliminares entre la agencia de inteligencia exterior y la Shin Bet para decidir si el Mossad debe sumarse al proceso.

Primeras pistas y la carta de Sohlberg

Todo arrancó con una directiva extraordinaria emitida el miércoles por Noam Sohlberg, presidente de la Comisión Central de Elecciones. En una carta titulada “Instrucciones para investigar sospechas de financiamiento extranjero y presunto soborno electoral por parte de actores foráneos”, Sohlberg ordenó al director de la Agencia de Seguridad de Israel (Shin Bet), David Zini, que examine a fondo las denuncias recibidas. El magistrado dejó claro que, aunque no podía confirmar la veracidad de las sospechas, la gravedad de los indicios exigía una investigación exhaustiva para blindar la democracia.

La Shin Bet, por su parte, confirmó que la información surgió de sus propias operaciones de inteligencia, sin motivaciones políticas internas. Zini habría presentado a Sohlberg datos clasificados de “excepcional gravedad”, lo que motivó la intervención del magistrado y abrió la puerta a la posible participación del Mossad.

Turquía y Qatar: sospechas de financiamiento

Los investigadores apuntan a montos significativos que habrían sido transferidos desde el exterior hacia organizaciones o individuos vinculados a la movilización de votantes árabes. Según Channel 12, la Shin Bet sospecha que parte del dinero provenía de Qatar y habría sido canalizado por circuitos previamente usados para mover fondos terroristas. La hipótesis es que estos recursos se habrían destinado a incentivar la participación electoral de la comunidad árabe mediante medios que podrían considerarse ilegales.

Hasta el momento, ninguno de los dos países figura en la carta oficial de Sohlberg, y los investigadores no han declarado públicamente que sus gobiernos hayan financiado actividades electorales ilícitas. Qatar, por su lado, rechazó rotundamente las acusaciones a través de su vocero, Majed Al‑Ansari, calificándolas de “ridículas y peligrosas”. El ministro subrayó que algunos dirigentes israelíes utilizan a Doha como chivo expiatorio para tapar sus propias fallas internas.

El posible rol del Mossad y la Shin Bet

La participación del Mossad se vuelve indispensable, según fuentes cercanas a las conversaciones, porque la naturaleza transnacional de las supuestas transferencias de fondos requiere una capacidad de rastreo que supera el alcance de la Shin Bet. El Mossad, con su red de contactos y su experiencia en operaciones fuera del territorio nacional, podría aportar datos críticos sobre los flujos financieros y los actores involucrados en Turquía y Qatar.

Aunque aún no se ha tomado una decisión definitiva, la idea de sumar al Mossad al equipo investigativo se está tomando muy en serio. La agencia tendría que evaluar riesgos diplomáticos, especialmente con Turquía, país con el que Israel mantiene relaciones complejas, y con Qatar, que ha sido foco de controversias internacionales en los últimos años.

Tras el telón: antecedentes de investigaciones de injerencia en la política israelí

Israel no es ajeno a sospechas de injerencia extranjera. En 2019, la Comisión de Elecciones había investigado denuncias de financiamiento proveniente de Irán y de grupos de la diáspora judía en Estados Unidos. Aquellas pesquisas, aunque no concluyeron en cargos penales, dejaron en evidencia la vulnerabilidad del sistema electoral ante la presión de capitales externos.

En la década de 2000, la Shin Bet y el Mossad colaboraron en casos de espionaje político que involucraban a gobiernos de la región, como el caso de la supuesta financiación de campañas pro‑siria en la prensa israelí. Esos episodios sirvieron de precedente para crear unidades especializadas en detectar y neutralizar intentos de manipulación de la opinión pública.

Hoy, la sombra de la interferencia vuelve a alzarse, pero esta vez el foco está en la comunidad árabe interna y en la posible utilización de recursos de países con los que Israel mantiene relaciones diplomáticas fluctuantes. La investigación, si bien todavía está en fase preliminar, podría marcar un antes y un después en la forma en que Israel protege su proceso democrático frente a influencias externas.

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