Presidente De la Espriella ordena indagar el presunto tráfico de drogas en aviones oficiales y apunta a Verónica Alcocer
El mandatario exige a la Fuerza Aérea y a la justicia colombiana esclarecer una polémica que involucra a la primera dama y vuelos clandestinos a Venezuela.

Presidente De la Espriella ordena indagar el presunto tráfico de drogas en aviones oficiales y apunta a Verónica Alcocer
El presidente de la República, Abelardo De la Espriella, utilizó su cuenta oficial de X para anunciar que ha mandado al mayor general Juan Jaime Martínez Ossa, comandante de la Fuerza Aérea Colombiana, a iniciar una investigación exhaustiva sobre los hechos denunciados por Revista Semana. La polémica gira en torno a supuestos vuelos clandestinos con aviones oficiales que, según la publicación, habrían servido para transportar estupefacientes, efectivo y armas entre Colombia y Venezuela, involucrando a personas cercanas a la primera dama, Verónica Alcocer.
La orden presidencial y el marco de la investigación
De la Espriella dejó claro que la Inspección General y los organismos de contrainteligencia de la Fuerza Aérea serán los encargados de revisar tanto al personal actual como al anterior del Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM). “Se debe esclarecer lo ocurrido y determinar las responsabilidades”, enfatizó el mandatario. Además, pidió la colaboración de la Fiscalía General de la Nación, la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría y, de forma inusual, de autoridades de Estados Unidos, para que tomen nota de la información periodística y actúen dentro de sus competencias.
Acusaciones de la exconsejera Eva Ferrer
La chispa que encendió la tormenta provino de Eva Ferrer, exconsejera presidencial y antigua colaboradora del entorno de Alcocer. En una entrevista con Vicky Dávila, Ferrer describió una serie de supuestos vuelos oficiales asignados a la primera dama que habrían llevado drogas y dinero en efectivo desde Venezuela. Según su versión, la asistente de Alcocer, Carolina Plata, habría gestionado esos desplazamientos, mientras que fotos de la propia Verónica descendiendo de un avión con maletas grises serían la prueba visual de la maniobra.
Ferrer’s también señaló que se habrían ingresado 2,5 millones de dólares en efectivo, destinados a financiar la campaña del primo de Verónica, Mario Fernández Alcocer. “Parece que los viajes de Venezuela han sido una cosa muy clandestina… Manel me explica que traen 2,5 millones… ese dinero es para pagar la campaña del primo”, afirmó la exfuncionaria.
Reacción del Senado y la presión política
El senador Christian Garcés, presidente del Bloque Regional y Parlamentario del Valle del Cauca, dio el salto a la arena judicial al solicitar a la fiscal Luz Adriana Camargo abrir una investigación de oficio contra Verónica Alcocer. En su mensaje de X, Garcés subrayó que las denuncias de Ferrer son “contundentes” y exigen una actuación inmediata conforme a la ley.
Este reclamo del senador añade una capa de presión institucional que podría obligar a la Fiscalía a mover los hilos antes de que el caso se convierta en un escándalo de mayor calado. La solicitud de investigación de oficio implica que la autoridad judicial evaluará los hechos publicados sin necesidad de una denuncia formal, lo que acelera el proceso.
Impacto en la opinión pública y en la política colombiana
Para los cordobeses y el resto de los argentinos, la noticia se traduce en una señal de que los escándalos de corrupción y tráfico ilícito no respetan fronteras. La posible implicación de una primera dama en actividades tan graves genera dudas sobre la gestión de fondos de campaña y la seguridad de los aviones oficiales, lo que podría repercutir en la percepción de la estabilidad política de la región.
En Córdoba, donde la comunidad está atenta a los movimientos de la política latinoamericana, la historia ya despierta debates en bares y universidades: ¿Cómo afecta esto a la confianza en las instituciones militares? ¿Qué repercusión tendrá en los lazos comerciales con Venezuela, un país que mantiene una relación compleja con Colombia?
Los pasos siguientes y la mirada internacional
El presidente De la Espriella dejó la puerta abierta a una cooperación internacional, invitando a agencias estadounidenses a revisar la información. Esta apertura sugiere que el caso podría escalar a nivel de inteligencia y contrainteligencia, involucrando a organismos como la DEA o el Departamento de Estado, que ya han mostrado interés en el flujo de drogas entre los dos países.
Mientras tanto, la Fuerza Aérea deberá presentar un informe preliminar que detalle los hallazgos de la inspección y la contrainteligencia. La presión de la opinión pública, sumada a la exigencia del Senado, podría obligar a la institución a transparentar sus procesos internos y a sancionar a los oficiales que resulten involucrados.
Tras los rumores, la necesidad de claridad
El caso, que aún está en fase investigativa, muestra cómo una denuncia periodística puede desencadenar una cadena de acciones institucionales. La historia no está cerrada y, según las palabras del presidente, cualquier hallazgo que demuestre la participación de militares será sancionado con la calificación inmediata de servicios y la presentación de responsabilidades ante la justicia.
En la medida que se vayan desgranando los documentos y pruebas, la ciudadanía colombiana y la comunidad internacional esperarán respuestas claras que pongan fin a la incertidumbre y permitan retomar la confianza en los aviones oficiales, que deberían servir exclusivamente a fines de defensa y transporte oficial.
Raíces de la controversia: antecedentes de vuelos oficiales y escándalos de corrupción
Los aviones del CATAM han sido históricamente objeto de controversia. En la década de los 2000, se registraron denuncias sobre el uso indebido de aeronaves militares para traslados privados de funcionarios, lo que llevó a reformas en los protocolos de autorización. Sin embargo, la falta de una supervisión rigurosa permitió que ciertos casos pasaran desapercibidos.
En 2014, una investigación periodística reveló que varios aviones oficiales habían sido utilizados para transportar a empresarios vinculados a la industria del narcotráfico, generando una ola de críticas y la posterior creación de la Unidad de Control de Transporte Aéreo Militar. A pesar de estos antecedentes, la sombra de la impunidad siguió presente, lo que explica la reacción inmediata del presidente ante las nuevas acusaciones.
Hoy, la combinación de denuncias de una exconsejera, la presión del Senado y la intervención de organismos internacionales vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar los mecanismos de control interno y la transparencia en el uso de recursos militares. Sólo con una investigación rigurosa y sanciones ejemplares se podrá romper el ciclo de sospechas que ha marcado la historia reciente de los aviones oficiales colombianos.
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