Tensión en el Cuerno de África: Etiopía y Eritrea al borde de un nuevo conflicto
La escalada militar entre Etiopía y Eritrea amenaza con reabrir viejas heridas y desestabilizar toda la región.

Maychew, Tigray – 29 de septiembre de 2026. Un proyectil surcó el cielo y estalló sobre la ciudad del sur de Tigray, dejando 21 civiles muertos y cientos de heridos, según declaró el testigo ocular Hayelom Berhane. El ataque, atribuido al ejército federal etíope, marcó el inicio de una serie de enfrentamientos que hoy ponen a Etiopía y Eritrea a un paso de un conflicto abierto, reviviendo las sombras de la guerra de 1998‑2000.
Una escalada que no se frenó
Desde el estallido de la nueva guerra en el norte de Etiopía el 23 de septiembre, el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) y sus aliados rebeldes lanzaron una ofensiva contra el gobierno de Abiy Ahmed, pretendiendo derrocar al primer ministro. Sin embargo, la marea cambió rápidamente: el 4 de octubre el ejército federal retomó Mekelle, la capital regional, expulsando a los líderes del TPLF que habían gobernado la zona durante décadas.
El avance rápido de las tropas federales no solo obligó a los rebeldes a retroceder hacia la frontera con Eritrea, sino que también desató saqueos y actos de bandolerismo en áreas vulnerables. «Existe un temor real entre la población de que el ejército no sea capaz de estabilizar la situación», advirtió Hayelom, reflejando la inquietud de cientos de familias que ahora viven bajo la sombra de una posible nueva guerra.
Eritrea se mete de lleno: ¿aliado o agresor?
El gobierno etíope acusa a Eritrea de apoyar al TPLF con armas y logística, y asegura que soldados eritreos han participado en combates en la región de Afar. Desde entonces, las fuerzas eritreas avanzaron hasta Adigrat e Idaga Hamus, y el 7 de octubre Etiopía lanzó ataques con drones contra unidades eritreas cerca de este último punto.
Esta escalada recuerda la guerra entre ambos países de 1998‑2000, que dejó decenas de miles de muertos. El presidente eritreo, Isaias Afwerki, ha estrechado lazos con Egipto y Sudán, creando una especie de bloque que, según fuentes egipcias, podría coordinar esfuerzos militares si el conflicto se extiende a la costa del Mar Rojo. La visita de Afwerki a El Alameín el 4 de octubre, junto a los líderes sudaneses y somalíes, subraya la dimensión regional de esta movida.
El TPLF y sus nuevas alianzas: ¿una sombra que vuelve a crecer?
El 20 de septiembre, el TPLF, el movimiento miliciano Fano de Amhara y otros cinco grupos, incluido el Ejército de Liberación Oromo, anunciaron una alianza para derrocar a Abiy. Aunque Eritrea negó su participación, la presión sobre el gobierno etíope se intensificó cuando, el 1 de octubre, Etiopía cerró su embajada en Asmara y expulsó a diez diplomáticos eritrios y a uno egipcio. Eritrea, a su vez, rompió relaciones diplomáticas.
Tras la caída de Mekelle, los líderes del TPLF se replegaron hacia el norte, cerca de la frontera con Eritrea. El presidente del TPLF, Debretsion Gebremichael, prometió convertir la región en una amenaza constante. Mientras tanto, una serie de explosiones en bases militares etíopes, incluida la del cuartel general en Addis Abeba, sugiere que los rebeldes están ampliando su guerra a nivel nacional, usando drones de largo alcance.
Repercusiones para la Argentina y el Mercosur
Desde Córdoba, la noticia tiene eco en los sectores que dependen del comercio de granos y energía. Un conflicto abierto en el Cuerno de África podría desestabilizar rutas marítimas clave en el Mar Rojo, afectando el tránsito de fertilizantes que Argentina exporta a África y Asia. Además, la posible intervención de Egipto y Sudán en la zona podría elevar los precios del petróleo, encareciendo el laburo de los transportistas argentinos y complicando la balanza comercial del país.
La comunidad de inmigrantes etíopes y eritrios en la Argentina también vive una movida angustiante: muchos temen por sus familiares y por la seguridad de sus remesas, que representan una importante fuente de ingresos para cientos de hogares en la provincia de Córdoba.
Presión internacional y la mirada de EE. UU.
El Departamento de Estado de EE. UU. instó el 4 de octubre a ambas naciones a respetar la integridad territorial y a evitar una escalada que arrastre a la región. Sin embargo, la atención global está centrada en conflictos como Ucrania, Irán y Yemen, lo que podría traducirse en una menor presión sobre Etiopía y Eritrea.
Mientras tanto, la diplomacia regional se complica: Eritrea y Egipto apoyan al ejército sudanés, que a su vez recibe armas de los Emiratos Árabes Unidos, aliados de Etiopía. Esta red de intereses cruzados convierte al Cuerno de África en una zona de guerra subsidiaria que podría estallar de nuevo en cualquier momento.
Eco de una guerra que no cesa
La historia reciente de la región está marcada por ciclos de violencia que parecen no encontrar fin. La guerra de Tigray (2020‑2022) dejó cientos de miles de muertos y desplazados, y ahora la nueva ofensiva del gobierno federal podría reabrir esas heridas. El TPLF, aunque debilitado, sigue manteniendo una estructura de guerrilla que, según analistas, podría reactivarse si logra consolidar apoyo externo.
Por su parte, Eritrea mantiene una política de zona de amortiguación, temiendo que un Etiopía más fuerte amenace su acceso al Mar Rojo. La presencia de tropas eritreas en el sur de Tigray podría servir como excusa para que Abiy lance una invasión total, lo que incrementaría la presión sobre la ya frágil estabilidad del Cuerno de África.
En este escenario, la comunidad internacional deberá decidir si interviene para frenar la escalada o si deja que la región se resuelva por sí misma, mientras los civiles siguen pagando el precio con sus vidas y su futuro.
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