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Un agujero del tamaño de Portugal se abrió en el hielo antártico: ¿qué implica para la Patagonia y la ciencia argentina?

Una polinia invernal sin precedentes cubre 90.000 km² en la bahía de Bree, revelando la vulnerabilidad del hielo antártico

En pleno agosto de 2024, la bahía de Bree, en la Antártida Oriental, dejó de estar cubierta por su manto blanco habitual y mostró una zona de agua libre de hielo de casi 90.000 km², una superficie comparable al territorio de Portugal. Este fenómeno, llamado polinia, se registró por primera vez en invierno después de 45 años de observación satelital continua, según un estudio publicado en Geophysical Research Letters. La noticia no solo sacudió a la comunidad científica internacional, sino que también pone el foco sobre la vulnerabilidad del hielo antártico y sus repercusiones para la Patagonia y la investigación argentina en la región.

Cómo se formó la polinia: una cadena de eventos inusuales

Hasta el 17 de julio de 2024, la bahía de Bree presentaba una cobertura de hielo del 97 %, dentro de los rangos normales para esa época. Sin embargo, en menos de quince días el hielo retrocedió a un 25 %. El motor de este colapso fue una serie de seis ríos atmosféricos que cruzaron la zona entre julio y agosto, transportando humedad y calor desde los trópicos. Estos flujos alcanzaron temperaturas hasta 17 °C por encima de lo habitual, algo que en pleno invierno parece sacado de otro planeta.

El 4 de agosto aparecieron tres manchas de agua abierta dentro del hielo; seis días después, esas manchas se fusionaron y se expandieron hasta cubrir 89.121 km². Para el 10 de agosto el proceso se invirtió y el hielo empezó a recuperarse, pero el daño ya estaba hecho: la bahía había registrado su primera polinia invernal.

Ríos atmosféricos y succión de Ekman: la dupla que derritió el hielo desde arriba y desde abajo

Los ríos atmosféricos no fueron los únicos culpables. Mientras el aire cálido atacaba la superficie, los vientos intensos asociados provocaron la succión de Ekman, un mecanismo que empuja las aguas superficiales frías hacia fuera y obliga a que el agua más cálida de las profundidades, proveniente de la Agua Circumpolar Profunda Superior, suba para ocupar su lugar. Una boya oceánica situada al suroeste de la polinia registró en tiempo real ese ascenso de agua cálida, y las mediciones de la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica (ICCE) 2024‑25 confirmaron la presencia de una capa cálida y salada bajo la superficie helada.

A esto se sumó una ola de calor marino que mantuvo la temperatura de la superficie del mar 0,6 °C por encima del promedio histórico entre el 23 de julio y el 14 de agosto, impidiendo que el agua volviera a congelarse incluso cuando los vientos disminuyeron. La combinación de estos factores creó la “tempestad perfecta” que derritió el hielo antártico en pleno invierno.

Repercusiones para la ciencia y la economía argentina

Para la comunidad científica argentina, el hallazgo tiene un peso especial. La Base Antártica Belgrano II, ubicada a unos 1.200 km de la bahía de Bree, depende de la estabilidad del hielo para sus operaciones logísticas y de investigación. Un adelgazamiento inesperado del hielo complica el acceso a la zona y eleva los costos de transporte, lo que afecta directamente el laburo de cientos de investigadores y técnicos que cada año llevan a cabo estudios de glaciología, biología marina y cambio climático.

Además, la pérdida de hielo altera el intercambio de calor y gases entre el océano y la atmósfera, lo que a su vez influye en los patrones climáticos que llegan a la Patagonia y, por ende, a la producción agropecuaria de la zona. Un aumento en la temperatura del mar puede acelerar la fusión de los glaciares patagónicos, incrementando la escorrentía y el riesgo de inundaciones en el valle del Río Grande, una amenaza que los agricultores de la zona ya consideran “complicada”.

Desde el punto de vista económico, el turismo científico y de aventura que atrae la Antártida a visitantes de todo el mundo también se ve amenazado. Si los eventos de polinia se vuelven más frecuentes, la percepción de seguridad para los cruceros y expediciones disminuye, lo que puede traducirse en menos ingresos para las agencias de viajes cordobesas que venden paquetes de turismo polar.

De la Antártida a la Patagonia: lecciones para Córdoba

El caso de la polinia de Bree no es solo una curiosidad geográfica; es una señal de alerta para toda la región. La misma combinación de calor atmosférico, ríos atmosféricos intensos y oleadas de calor marino que derritió el hielo antártico también está presente en los veranos cordobeses, donde los incendios forestales y la escasez de agua se vuelven más frecuentes. La experiencia de los científicos argentinos en la Antártida puede servir de modelo para desarrollar sistemas de monitoreo más precisos que integren datos atmosféricos, oceánicos y de superficie.

En la práctica, esto implica impulsar proyectos de investigación colaborativa entre la Universidad Nacional de Córdoba, el CONICET y la Base Belgrano II, con el objetivo de crear modelos climáticos de alta resolución que ayuden a predecir eventos extremos tanto en la Antártida como en la región pampeana. Un mejor entendimiento de los ríos atmosféricos y su impacto local permitiría a los agricultores cordobeses planificar con mayor anticipación, reduciendo pérdidas y protegiendo el laburo del campo.

Finalmente, la aparición de este agujero del tamaño de Portugal subraya la necesidad de políticas públicas que prioricen la mitigación del cambio climático. Cada grado que se evita subir en la temperatura global reduce la probabilidad de que fenómenos como la polinia se repitan, salvando no solo los hielos antárticos, sino también los campos de soja, los viñedos y las comunidades que dependen del clima estable. La ciencia argentina, con su larga tradición en estudios polares, está en una posición única para liderar esa conversación y transformar la amenaza en una oportunidad de innovación y adaptación.

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