Carolyn Rodrigues‑Birkett, la candidata guyanesa que divide al Consejo de Seguridad y pone a prueba la postura de Washington
La diplomática guyanesa avanza en la carrera por la ONU mientras su pasado polémico pone a prueba la tolerancia de Washington.

Carolyn Rodrigues‑Birkett, embajadora de Guyana ante las Naciones Unidas, se posicionó como una de las favoritas para suceder a António Guterres al frente de la Secretaría General de la ONU después de imponerse en la segunda votación indicativa del Consejo de Seguridad, celebrada el 21 de agosto. Con ocho votos de apoyo, tres de no apoyo y cuatro abstenciones, la diplomática de 52 años desplazó a la costarricense Rebeca Grynspan y quedó a la cabeza de una pugna que incluye a ocho aspirantes, entre ellos el argentino Rafael Grossi.
Un historial que levanta pasiones
Rodrigues‑Birkett combina una carrera docente con más de dos décadas de servicio público. Fue maestra de escuela primaria antes de asumir como ministra de Asuntos Amerindios (2001‑2008) y luego como canciller de Guyana (2008‑2015). Desde 2020 ocupa la embajada de su país ante la ONU y, en el bienio 2024‑2025, integró el Consejo de Seguridad, un asiento poco habitual para una nación de menos de un millón de habitantes. Su paso por el Consejo la colocó en el centro de los debates más calientes de la política exterior, sobre todo la guerra en Gaza.
El punto que más genera ruido es su homenaje a Fidel Castro en 2013. Como canciller, presentó una moción para conmemorar los 40 años de relaciones diplomáticas entre Guyana y la dictadura cubana, aprobada por unanimidad, en la que rindió tributo al “Comandante Fidel” y pidió el fin del embargo estadounidense contra la isla. Ese gesto, que hoy se vuelve materia de escrutinio, alimenta la sospecha de que su postura podría chocar con los intereses de Estados Unidos, principal aliado de Israel y miembro permanente con veto del Consejo.
Críticas abiertas a Israel y la sombra del veto
Desde su banca en el Consejo, Rodrigues‑Birkett no ha escatimado palabras contra Israel. En abril de 2024 sostuvo que la raíz del conflicto actual se remonta a la ocupación iniciada en 1948 y calificó los ataques israelíes en Gaza como “atrocidades masivas” y una “masacre sin sentido del pueblo palestino”. En agosto pidió al órgano que actúe bajo su responsabilidad de proteger a civiles inocentes del genocidio. Estas declaraciones ponen en jaque la posible reacción de Washington, cuyo apoyo a Israel es firme y cuyo veto podría descarrilar la candidatura.
El escenario se complica porque la votación del 21 de agosto es sólo indicativa. El proceso de selección puede alargarse semanas o meses antes de que el Consejo presente una recomendación a la Asamblea General. Mientras tanto, Rodrigues‑Birkett recorre capitales, como Grecia, donde sostuvo encuentros con el primer ministro Kyriakos Mitsotakis, presentando un discurso de reforma institucional y fortalecimiento del multilateralismo.
El ángulo argentino: Rafael Grossi y la diplomacia del país
Para la Argentina, la candidatura de Rodrigues‑Birkett tiene un sabor especial porque compite directamente con el argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Grossi representa una opción más técnica y alineada con los intereses de Washington, lo que podría inclinar la balanza a favor de la postura estadounidense. Sin embargo, la presencia de una candidata de origen indígena y la primera mujer en la historia de la ONU también abre la puerta a un discurso de inclusión que resuena con la agenda de derechos humanos que el gobierno argentino impulsa en foros internacionales.
Si Rodrigues‑Birkett logra el puesto, la Argentina tendría que negociar con una Secretaría General que podría adoptar una línea más crítica frente a Israel y, potencialmente, una postura más favorable a los países del Caribe y África que reclaman una reforma del Consejo. Eso implicaría replantear la estrategia diplomática de Buenos Aires, que históricamente ha buscado equilibrar su relación con EE. UU. y con los bloques emergentes.
¿Qué significa para el multilateralismo?
El debate sobre la candidatura de Rodrigues‑Birkett trasciende la figura de una sola diplomática; pone el foco en la capacidad de la ONU para renovarse en un mundo polarizado. Su experiencia en la FAO y su paso por la diplomacia guyanesa, marcada por la Guerra Fría y la búsqueda de alianzas en el Caribe, le dan una mirada distinta a la gestión de crisis globales. Si bien su historial sobre Cuba y Gaza genera resistencia, también muestra una voluntad de confrontar temas que muchos consideran tabú en la arena internacional.
En última instancia, la decisión dependerá de si Washington está dispuesta a tolerar a una líder que no se guarda las críticas a su principal aliado en Oriente Medio. El futuro de la ONU, y con él la capacidad de la comunidad internacional para enfrentar desafíos como el cambio climático, la seguridad alimentaria y los conflictos armados, podría depender de esa tolerancia.
Raíces caribeñas y ecos en la política argentina
Guyana, país que obtuvo su independencia del Reino Unido en 1966, ha forjado una identidad propia entre la selva amazónica y la costa atlántica. Su población, compuesta mayoritariamente por descendientes de pueblos indígenas, africanos y asiáticos, ha luchado por la representación en los organismos internacionales. La candidatura de Rodrigues‑Birkett, además de ser histórica por su género y origen, simboliza la creciente demanda de voces del Sur Global en la toma de decisiones globales.
En la Argentina, la presencia de un candidato latinoamericano en la contienda refuerza la idea de que la región puede influir en la agenda mundial. El país ya cuenta con experiencia en la ONU, desde la mediación en conflictos internos hasta la defensa de los derechos humanos. La posible elección de una mujer indígena como Secretaria General podría inspirar a nuestras instituciones a impulsar más mujeres y pueblos originarios en puestos de liderazgo.
En cualquier caso, la pugna por la jefatura de la ONU sigue abierta y el tiempo dirá quién logra convencer a los cinco miembros permanentes del Consejo. Mientras tanto, la diplomática guyanesa continúa su gira, presentando una visión de la ONU que combina reforma institucional, multilateralismo renovado y una postura firme en defensa de los pueblos vulnerables.
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