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Cuba vive su séptimo apagón del año: una crisis eléctrica que repercute en la vida cotidiana

El país caribeño enfrenta otro corte total de energía, dejando a millones sin luz y revelando la fragilidad de su infraestructura eléctrica.

Cuba vive su séptimo apagón del año: una crisis eléctrica que repercute en la vida cotidiana

La Habana, viernes 18 de septiembre de 2026 – Más de nueve millones de cubanos se vieron sumidos en la oscuridad tras la desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). El Ministerio de Energía y Minas confirmó la caída y activó los protocolos de emergencia para restablecer el suministro, mientras la Unión Eléctrica abre una investigación para determinar la causa del colapso. Se trata del séptimo apagón nacional registrado en 2026, una señal de alarma para la ya frágil red eléctrica de la isla.

¿Qué provocó el corte masivo?

Los expertos apuntan al deterioro crónico de las plantas termoeléctricas, que dependen en gran medida de diésel importado. Desde enero, las restricciones impuestas por Estados Unidos a la compra de hidrocarburos han encarecido y limitado el acceso al combustible necesario para mantener operativas las centrales. La falta de mantenimiento y la escasez de repuestos, agravada por el embargo, convierten a la infraestructura en una pieza de museo que se rompe con facilidad. La Unión Eléctrica todavía no ha dado una causa definitiva, pero el consenso apunta a una combinación de falta de combustible y envejecimiento de los equipos.

Impacto inmediato en la población y los servicios básicos

El apagón no solo dejó sin luz a los hogares; también paralizó el suministro de agua, ya que las bombas de los sistemas de tratamiento dependen de la energía eléctrica. Además, la red de telefonía móvil y fija sufrió interrupciones, complicando la comunicación en una situación ya tensa. En La Habana, los cortes superaron las 30 horas acumuladas en la última semana, mientras que en provincias como Santiago de Cuba y Camagüey se registraron más de 60 horas consecutivas sin energía. Los comercios, hospitales y escuelas tuvieron que recurrir a generadores de respaldo, cuyo combustible escasea y cuyo mantenimiento es costoso.

Repercusiones económicas y sociales en la isla

Para los cubanos, la falta de luz se traduce en un aumento de los costos de vida. Los generadores privados consumen diésel a precios que muchas familias no pueden asumir, y la escasez de alimentos refrigerados se vuelve una amenaza real. Los sectores productivos, como la industria textil y el turismo, pierden ingresos cada día que la energía no se restablece. En la capital, los restaurantes que dependen de la refrigeración han tenido que cerrar temporalmente, mientras que los trabajadores informales, que dependen de la luz para cargar sus celulares y atender pedidos, ven sus ganancias menguar.

La respuesta del gobierno y la tensión diplomática

El gobierno cubano culpó a las “medidas punitivas” de Washington por el deterioro de la red eléctrica, señalando que el bloqueo petrolero impide la importación de combustible esencial. Por su parte, Estados Unidos responsabiliza al régimen cubano de una gestión económica deficiente y de la falta de inversión en infraestructura. La disputa diplomática se vuelve un telón de fondo mientras la población sufre las consecuencias cotidianas del apagón.

Raíces históricas de la crisis eléctrica en la isla caribeña

La infraestructura eléctrica de Cuba tiene sus orígenes en la década de 1950, cuando se construyeron las primeras centrales termoeléctricas con apoyo de empresas estadounidenses. Tras la revolución de 1959, el país nacionalizó gran parte de su red y dependió del suministro de petróleo soviético, que garantizaba una operación estable durante décadas. El colapso de la Unión Soviética en los años 90 dejó a Cuba sin su principal fuente de energía, obligándola a depender de la compra de diésel a precios internacionales, lo que marcó el inicio de una serie de apagones que se intensificarían con el tiempo.

En los últimos veinte años, la falta de inversión y el embargo económico han impedido la modernización de la red. Los intentos de diversificar la matriz energética mediante proyectos solares y eólicos han sido limitados por la falta de capital y la escasez de equipos. Cada apagón revela la vulnerabilidad de un sistema que nunca se renovó y que ahora lucha contra la presión de un mercado global cada vez más hostil.

El séptimo apagón de 2026 no es un hecho aislado; es la culminación de décadas de desinversión, sanciones y decisiones políticas que han dejado a la isla sin una base energética sostenible. Mientras la comunidad internacional debate la viabilidad de levantar el bloqueo, los cubanos siguen buscando maneras de sobrellevar la oscuridad, con velas, generadores improvisados y una resiliencia que, pese a todo, sigue siendo el motor que mantiene viva la esperanza de días con luz.

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