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El diminuto agujero de ozono sobre la Antártida: qué significa para la Argentina y el futuro del clima

El informe de la OMM muestra un agujero de ozono histórico y alerta sobre el aumento de la radiación UV en la región.

El diminuto agujero de ozono sobre la Antártida: qué significa para la Argentina y el futuro del clima

Lead: Un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) reveló que el agujero en la capa de ozono sobre la Antártida en 2025 alcanzó su menor extensión en veinte años, mientras que la radiación ultravioleta (UV) en Europa subió un 20% respecto a 1995. El boletín también recordó los diez años de la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal y explicó cómo los vientos y la temperatura estratosférica frenaron la destrucción del ozono.

¿Por qué el agujero se encogió? Vientos, ondas atmosféricas y vórtice polar

El análisis de la OMM muestra que el déficit máximo de masa de ozono en 2025 fue de 36,7 millones de toneladas, un 25% menos que el promedio histórico de 1990‑2010 (50,1 Mt). La causa principal fue una serie de ondas atmosféricas a gran escala que, a mediados de septiembre, calentaron rápidamente la estratosfera antártica inferior y debilitaron el vórtice polar. Ese vórtice, la corriente de aire frío que rodea el polo sur y permite la formación del agujero, se disipó con mayor rapidez que en años anteriores, permitiendo que aire con mayor concentración de ozono se introdujera en la zona afectada.

En años previos, entre 2020 y 2023, el agujero había sido excepcionalmente profundo, en parte por la erupción del volcán Hunga Tonga (febrero 2022), que alteró el transporte de ozono hacia los polos. La interrupción de ese patrón en 2024‑2025 marcó una clara ruptura, evidenciando la influencia de la dinámica atmosférica sobre la capa protectora.

Radiación UV en aumento: ¿qué implica para los cordobeses?

Si bien el agujero antártico se redujo, la radiación UV que llega a la superficie terrestre sigue en ascenso. En Europa, algunas estaciones de monitoreo registraron un aumento del 20% en la dosis anual de UV desde 1995. El informe señala que la mayor causa no es la variabilidad del ozono, sino la disminución de la cobertura nubosa (80% del cambio) y la caída de aerosoles atmosféricos (20%).

Para la provincia de Córdoba, donde la radiación solar ya es alta, este escenario implica más días con índices UV extremos. Los agricultores que dependen de cultivos al aire libre, como la soja y el maíz, pueden enfrentar mayor estrés vegetal y mayores riesgos de quemaduras en la piel para los trabajadores del campo. Además, la población urbana debe reforzar la protección solar para evitar un incremento en casos de cáncer de piel, una preocupación que ya está en la agenda de salud pública de la región.

El legado del Protocolo de Montreal y la Enmienda de Kigali

El Protocolo de Montreal, firmado en 1987, prohibió gradualmente los clorofluorocarbonos (CFC) que se usaban en heladeras, aerosoles y sistemas de refrigeración. Desde el año 2000, la concentración de esos gases ha disminuido, y la capa de ozono muestra una tendencia de recuperación, aunque se estima que la recuperación completa tardará varias décadas.

La Enmienda de Kigali, adoptada en 2016, extiende el acuerdo a los hidrofluorocarbonos (HFC), potentes gases de efecto invernadero presentes en aires acondicionados y espumas aislantes. A diez años de su ratificación, 174 de los 198 países la han adoptado. Según Sophia Mylona del PNUMA, la plena implementación podría evitar hasta 0,5 °C de calentamiento global para 2100, lo que repercutiría directamente en la variabilidad climática de la región pampeana y en la frecuencia de olas de calor que ya afectan a Córdoba.

El monitoreo independiente de la atmósfera sigue siendo clave. En 2018, mediciones detectaron emisiones inesperadas de CFC‑11, lo que obligó a autoridades de varios países a reforzar sus regulaciones. En Argentina, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático mantienen estaciones de observación que colaboran con la OMM para validar los datos globales.

Impacto económico y social: ¿qué nos dice el informe a los cordobeses?

Una capa de ozono más robusta reduce la exposición a rayos UV, lo que se traduce en menos gastos sanitarios por tratamientos de cáncer de piel y menos ausentismo laboral en sectores al aire libre. Por otro lado, la mayor claridad del cielo y la reducción de aerosoles favorecen la producción de energía solar, una fuente que Córdoba está impulsando con proyectos de gran escala en la zona de Traslasierra.

Sin embargo, el aumento de la radiación UV también implica que la industria del turismo, particularmente en destinos de montaña como La Cumbrecita, tendrá que adaptar sus servicios (cremas solares, sombrillas y horarios de actividades) para proteger a los visitantes. Los hoteles y agencias de viajes ya están incorporando recomendaciones de protección solar en sus paquetes.

Un vistazo al futuro: la ruta hacia la recuperación total

Desde el año 2000, la capa de ozono muestra una tendencia positiva, pero la recuperación completa no se espera antes de mediados del siglo XXI. La continuidad del Protocolo de Montreal y la plena aplicación de la Enmienda de Kigali son esenciales. Además, la comunidad científica insiste en reforzar la red de observatorios atmosféricos en el hemisferio sur, donde la mayor parte de la variabilidad ocurre.

En el plano local, la Universidad Nacional de Córdoba, a través del Instituto de Ciencias Atmosféricas, está desarrollando modelos climáticos que incorporan datos de ozono y UV para proyectar escenarios regionales. Estos estudios ayudarán a diseñar políticas de salud pública y a orientar a los agricultores sobre prácticas de manejo que reduzcan la exposición al UV.

Raíces científicas y políticas que sustentan la protección del ozono

El Protocolo de Montreal nació en una época en que la comunidad internacional descubría el daño de los CFC a la capa de ozono. La primera fase de eliminación de estos gases redujo la concentración atmosférica en un 80% en dos décadas, lo que permitió que la capa comenzara a repararse. La Enmienda de Kigali, por su parte, responde a la necesidad de enfrentar el cambio climático sin sacrificar la recuperación del ozono, pues los HFC, aunque no dañan la capa, son potentes gases de efecto invernadero.

Argentina firmó el Protocolo en 1989 y adoptó la Enmienda de Kigali en 2016. Desde entonces, el país ha implementado regulaciones para la sustitución de CFC por alternativas menos nocivas y ha incentivado la transición a refrigerantes con bajo potencial de calentamiento global (GWP). Estas medidas no solo contribuyen a la salud del planeta, sino que también favorecen la competitividad de la industria local de refrigeración y aire acondicionado.

El monitoreo continuo, la cooperación internacional y la adaptación de políticas locales son la tríada que permitirá que la capa de ozono siga su camino de recuperación, mientras que la sociedad cordobesa y argentina se prepara para mitigar los efectos del aumento de la radiación UV.

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