¿Qué nos cuentan las pesadillas? La visión de una experta de Harvard y su eco en la vida cordobesa
Las pesadillas son la oportunidad del cerebro para procesar lo vivido

¿Qué nos cuentan las pesadillas? La visión de una experta de Harvard y su eco en la vida cordobesa
Una pesadilla puede terminar al abrir los ojos, pero la carga emocional que deja suele acompañarnos durante horas. La psicóloga Deirdre Leigh Barrett, investigadora de los sueños y profesora de Psicología en el departamento de Psiquiatría de Cambridge Health Alliance, vinculado a la Facultad de Medicina de Harvard, explicó en la Harvard Gazette que esos episodios nocturnos son una oportunidad para procesar lo que sucede en la vida cotidiana. Barrett advierte que interpretar un sueño exige atender al significado personal de cada imagen, no a un diccionario universal.
El origen neurobiológico de las pesadillas
Durante la fase REM, cuando el cerebro está más activo y se generan la mayor parte de los sueños, los centros emocionales –amígdala, hipocampo y corteza prefrontal– permanecen en plena ebullición. En ocasiones, la actividad supera incluso la que se registra en la vigilia, lo que explica la intensidad de las emociones oníricas. Además, se activa la corteza visual secundaria, una zona encargada de construir imágenes mentales con gran detalle. La combinación de una carga emocional desbordada y una proyección visual vívida hace que las pesadillas se impriman en la memoria y, a la mañana siguiente, influyan en nuestro humor.
Interpretar símbolos oníricos: más allá del perro
Barrett ilustra su argumento con el ejemplo de un perro que aparece en el sueño. Para una persona, el animal puede evocar ternura y lealtad; para otra, el recuerdo de una mordida infantil o la imagen de un guardián feroz. La clave, según la experta, no es preguntar “¿qué significa el perro?”, sino “¿qué representa ese perro en la historia personal de quien lo sueña?”. Lo mismo ocurre con otros símbolos recurrentes: la pérdida de dientes, la ropa inadecuada en público o la caída de un edificio. Cada uno lleva la firma de la vergüenza, la culpa o el temor que el soñador experimentó recientemente.
Cómo usar las pesadillas para entender nuestras emociones
Barrett propone un ejercicio sencillo: identificar los elementos principales de la pesadilla y preguntarse qué emoción los conecta. Si el sueño muestra una traición, quizá la persona está lidiando con inseguridades en la relación de pareja; si aparecen autoridades que la critican, puede estar sintiendo presión en el trabajo o en la universidad. La investigadora señala que los contenidos oníricos suelen nutrirse de experiencias de las últimas 24 horas, por lo que repasar el día previo ayuda a descifrar la pista que el cerebro dejó mientras dormía.
Cuando una pesadilla se repite, el mensaje se vuelve más urgente. Barrett aconseja revisar si hubo una discusión con una figura de autoridad, un momento incómodo en un entorno social o una sensación de impotencia que quedó en la agenda mental. Reconocer esos patrones permite actuar en la vigilia: buscar una conversación, cambiar una rutina o pedir ayuda profesional antes de que el ciclo se cierre.
Una mirada cordobesa: qué significa para nuestra salud mental
En Córdoba, donde la carga de estrés laboral y académico ha aumentado tras la recuperación económica, las pesadillas pueden ser una señal de alerta para el sistema de salud mental local. Los profesionales de la Universidad Nacional del Litoral y del Hospital Privado de Córdoba ya incorporan la indagación onírica en sus consultas de psicología, pues permite abrir diálogos sobre temores que el paciente no expresa en la charla diurna. Además, la cultura del “laburo” constante y la presión por sobresalir en la universidad hacen que muchos jóvenes experimenten sueños cargados de ansiedad, como la típica escena de perder los dientes antes de un examen importante.
Los centros de terapia cognitivo‑conductual de la ciudad están diseñando talleres grupales donde se enseña a registrar los sueños, identificar símbolos y trabajar la regulación emocional. La idea es que la pesadilla deje de ser vista como una visita indeseada y se convierta en una herramienta para “frenar” la espiral de estrés que a veces nos lleva a la depresión.
Del sueño al día: raíces históricas del estudio de los sueños en Argentina
El interés por los sueños no es nuevo en nuestro país. Desde la década de 1940, psicólogos como Enrique Pichon‑Rivière incorporaron el análisis onírico a la terapia grupal, considerando los símbolos como expresiones del inconsciente colectivo. En los años 80, la psicología argentina se alineó con las teorías de Freud y Jung, pero también desarrolló una corriente propia que vinculaba los sueños con la realidad social y política del momento.
En la última década, la neurociencia ha tomado la batuta, y universidades como la de Córdoba han abierto laboratorios de neuropsicología que estudian la actividad cerebral durante el sueño REM. Los resultados confirman lo que Barrett describió: la actividad emocional es la protagonista y los recuerdos recientes son los materiales de construcción onírica.
Hoy, combinar la tradición psicoanalítica con los hallazgos neurobiológicos permite ofrecer a los cordobeses una visión más completa de sus pesadillas. Entender que una pesadilla es, ante todo, una conversación interna del cerebro con nuestro día a día nos ayuda a tomar decisiones más conscientes, a reducir la culpa y a mejorar la calidad del sueño, algo que, en una provincia que valora la vida nocturna y el descanso, resulta esencial.
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