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El ministro filipino de Defensa denuncia en vivo una nota china como coacción, intimidación y agresión en Seúl

Teodoro califica la intervención china como una agresión directa en un escenario multilateral.

Manila, 24 de abril de 2024 – El secretario de Defensa de Filipinas, Gilberto Teodoro, mostró en pleno Diálogo de Defensa de Seúl una nota manuscrita que, según declaró, le entregó una persona vinculada al gobierno chino. El funcionario la leyó frente a la audiencia y la calificó como un acto de coacción, intimidación y agresión, generando una fuerte polémica en el foro multilateral de seguridad.

El incidente en el Diálogo de Defensa de Seúl

Durante la sesión de preguntas y respuestas del foro, un hombre se acercó a Teodoro y le entregó un papel sin previo aviso. El ministro, sin perder la compostura, sostuvo la hoja en alto y la leyó en voz alta: “La postura de China respecto al arbitraje del Mar de China del Sur es clara, coherente y firme”. Inmediatamente replicó que “no tienen ninguna postura; el arbitraje viola los principios fundamentales del derecho internacional”. La escena, que tomó a la audiencia por sorpresa, se convirtió en el centro de atención del evento, que reúne a representantes de defensa de Asia‑Pacífico y a analistas internacionales.

Reacciones del ministro Teodoro y la postura filipina

Teodoro no tardó en cuestionar la intención del mensajero: “¿Cómo se puede tratar a un país en un foro internacional con una nota que falta al respeto a los organizadores? ¿Es este el documento adecuado para entregarme cuando me están haciendo una pregunta?”. Añadió que la acción no solo mostraba una falta de respeto al derecho internacional, al arrojar la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) al suelo, sino también a la “decencia básica” que se le debe a la República de Corea, anfitriona del encuentro.

El ministro cerró su intervención con una frase irónica: “Muchas gracias a la persona que me entregó este documento. Acabas de prestarle un gran servicio a tu país”. Además, declaró que conservaría la nota “como recuerdo de cuán desesperada está China y de cuán ineficaz es su postura ante una audiencia libre”. En declaraciones posteriores a Reuters, Teodoro señaló que Beijing recurre cada vez más a la presión militar y marítima para moldear la opinión pública en la región, una estrategia que Manila considera “crecientemente peligrosa”.

Implicaciones regionales y la respuesta de Manila

El conflicto entre Filipinas y China por el control del Mar del Sur de China se remonta a décadas de disputas territoriales. El fallo de 2016 del tribunal de La Haya, que desestimó los reclamos chinos, sigue sin ser reconocido por Beijing. En el foro, Teodoro recordó que “Filipinas enfrenta desafíos diarios por parte de la República Popular de China, que intenta ocupar y hacer valer legalmente su presencia sobre nuestro territorio y, especialmente, sobre nuestra zona económica exclusiva”. Subrayó que ningún Estado tiene derecho a apropiarse de un bien común internacional para su uso exclusivo.

Ante la presión, Manila ha buscado “acuerdos y alianzas de defensa creativos”, estrechando lazos con EE. UU., Japón, Australia y otros socios del Indo‑Pacífico. La maniobra busca equilibrar la influencia china y proteger los intereses marítimos filipinos, una estrategia que también repercute en la seguridad de rutas comerciales que atraviesan el Océano Índico y llegan hasta el Atlántico sur, zona de interés para la exportación de soja y carne argentina.

Historia del conflicto en el Mar del Sur de China y su eco en América Latina

El reclamo chino sobre casi la totalidad del Mar del Sur de China se sustenta en la llamada “línea de nueve puntos”, una demarcación que la comunidad internacional ha calificado como inconsistente con el derecho marítimo vigente. Desde la década de 1990, varios países del Sudeste Asiático –Vietnam, Malasia, Brunei y Filipinas– han presentado objeciones, pero la falta de una respuesta colectiva ha favorecido la expansión de instalaciones militares chinas en islas artificiales.

Para América Latina, y particularmente para Argentina, la disputa tiene implicancias económicas. El flujo de materias primas argentinas, como granos y energía, depende de rutas marítimas que, aunque no atraviesan directamente el Mar del Sur de China, están conectadas a través de corredores logísticos que pasan por el Océano Índico. Un aumento de la tensión en Asia‑Pacífico eleva los costos de seguros y flete, impactando el laburo de exportadores y encareciendo los productos en los mercados locales.

Además, la postura firme de Filipinas y su acercamiento a potencias occidentales refuerza la tendencia de los países latinoamericanos a diversificar sus alianzas estratégicas, buscando contrarrestar la creciente influencia china en la región. En este contexto, la denuncia de Teodoro en Seúl se convierte en una pieza más de la compleja movida geopolítica que, aunque distante, repercute directamente en la economía y la seguridad de la Argentina contemporánea.

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