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El Pentágono prepara un programa de espionaje encubierto contra China: implicancias para la industria argentina

El Pentágono planea una red de espías empresariales para intensificar la guerra económica contra China y sus repercusiones en Argentina.

El Departamento de Defensa de EE. UU. está diseñando un programa de espionaje clandestino (NOC) para intensificar la guerra económica contra China. Según fuentes cercanas al proyecto, la iniciativa, que aún está en fase de planificación, buscaría colocar agentes bajo coberturas de empresarios o profesionales del sector privado, sin vínculo visible con el gobierno estadounidense. El plan, supervisado por el ex‑CIA Tom Rakusan, se inscribe dentro de la estrategia más amplia del Pentágono de usar la inteligencia económica como arma de presión.

El proyecto NOC del Pentágono: estructura y objetivos

El programa, descrito por los involucrados como una “cobertura no oficial” (NOC, por sus siglas en inglés), pretende crear una red de agentes que operen como ejecutivos, consultores o técnicos en industrias estratégicas. La idea es extraer información sobre tecnologías clave – inteligencia artificial, biotecnología y semiconductores – y, a la vez, influir en decisiones de inversión y suministro que favorezcan a compañías estadounidenses.

Según los documentos internos filtrados, el esfuerzo se financiaría con recursos del nuevo presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares y podría estar adscrito a la recién creada Unidad de Defensa Económica (EDU) o a una entidad independiente dentro del Pentágono. La falta de claridad sobre su ubicación institucional refleja la cautela del Departamento ante el escrutinio del Congreso y la prensa.

Los protagonistas: Tom Rakusan y la conexión con Cerberus Capital

Tom Rakusan, veterano de 39 años en la CIA y ex subdirector de operaciones, es el arquitecto designado del programa. Tras retirarse de la agencia en 2021, Rakusan se incorporó a Cerberus Capital Management, firma de capital privado cofundada por el subsecretario de Defensa Steve Feinberg. Ambos trasladaron esa relación al Pentágono en 2025, lo que ha generado críticas dentro de la comunidad de inteligencia, que teme una “privatización” de la espionaje humana.

Rakusan es conocido por su estilo agresivo: lideró la respuesta de la CIA a la interferencia rusa en 2016 y ha dirigido operaciones de alto riesgo en Irak bajo pasaportes falsos. Sus antiguos colegas lo describen como una figura polarizadora, capaz de “construir su propia CIA” dentro del Departamento de Defensa.

Repercusiones para la industria argentina y la competencia con China

Para Argentina, la movida del Pentágono tiene varios matices. Primero, la presión sobre China podría acelerar la búsqueda de proveedores alternativos en sectores críticos como los minerales de tierras raras, donde Argentina posee reservas estratégicas en la Patagonia y la Puna. Un mayor enfoque estadounidense en asegurar estos recursos podría traducirse en inversiones y joint ventures que beneficien a empresas locales.

Segundo, la expansión del espionaje económico podría afectar a compañías argentinas que ya exportan software, biotecnología o componentes electrónicos a China. Si EE. UU. logra obtener información privilegiada sobre los procesos productivos chinos, los fabricantes argentinos podrían enfrentar una competencia desleal o, por el contrario, obtener acceso a tecnología de punta mediante acuerdos con socios estadounidenses.

Por último, el programa NOC plantea riesgos de seguridad jurídica. La posibilidad de que agentes encubiertos operen como empresarios argentinos abriría la puerta a incidentes diplomáticos y a una mayor vigilancia de los movimientos de capital y de personal técnico. Las empresas que dependan de inversiones extranjeras deberán reforzar sus protocolos de compliance para evitar ser blanco de operaciones encubiertas.

Una mirada histórica a la guerra económica estadounidense y su eco en Córdoba

La estrategia de usar la inteligencia económica como arma no es nueva. Desde la Guerra Fría, EE. UU. ha empleado la recopilación de datos industriales para debilitar a sus rivales. En los últimos años, bajo la administración Trump, la política se intensificó con aranceles, controles de exportación y la creación de la Unidad de Defensa Económica, que destinó cientos de millones a proyectos de minerales y energía en América Latina.

En Córdoba, la capital de la industria automotriz y tecnológica del país, la presencia de fábricas de autopartes y centros de investigación en IA ha convertido a la provincia en un punto de interés para cualquier política de guerra económica. Empresas locales que suministran a la cadena de montaje de vehículos o que desarrollan software para la agroindustria podrían verse involucradas directa o indirectamente en la disputa entre Washington y Pekín.

Históricamente, la región ha experimentado oleadas de inversión extranjera vinculadas a decisiones estratégicas de Washington. En los años 90, la apertura del mercado automotriz atrajo a gigantes como Renault y Volkswagen, generando empleo pero también dependencia de decisiones de política comercial. Hoy, la posible reconfiguración de la cadena de suministro de semiconductores y de materias primas críticas podría abrir nuevas oportunidades para emprendedores cordobeses, siempre que se maneje con cautela el marco regulatorio y se eviten los escollos de una espionaje descontrolado.

Desafíos legales y operativos del nuevo programa

El marco jurídico que respaldaría la iniciativa es ambiguo. Mientras la CIA actúa bajo el Título 50, el Pentágono opera bajo el Título 10, que permite la “preparación de inteligencia del campo de batalla”. Algunas voces dentro del Departamento de Defensa sugieren una fusión híbrida, apodada “Título 60”, que combinaría facultades militares y de inteligencia. Esta falta de claridad podría generar conflictos de jurisdicción y dificultar la supervisión del Congreso.

Además, la experiencia pasada muestra que los programas de cobertura profunda son vulnerables. Casos como el de agentes del JSOC que fueron descubiertos en África por su falta de conocimientos técnicos evidencian que la capacitación insuficiente puede comprometer la operación. Con la biometría y el “polvo digital” cada vez más presentes, mantener una identidad falsa será cada vez más complicado.

En conclusión, la apuesta del Pentágono por un programa de espionaje encubierto marca un nuevo capítulo en la guerra económica contra China y plantea preguntas críticas para Argentina y, en especial, para la industria cordobesa que se encuentra en la intersección de la tecnología, la energía y la manufactura.

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