Marte sigue fuera de nuestro alcance: la ciencia advierte graves riesgos de salud para los astronautas
Un estudio muestra que la radiación cósmica y la falta de gravedad dañan el corazón y el sistema inmune, dejando a la humanidad lejos de Marte.

Marte sigue fuera de nuestro alcance: la ciencia advierte graves riesgos de salud para los astronautas
Un estudio de la Universidad de Wisconsin y la NASA reveló que la radiación cósmica galáctica y la microgravedad provocan fibrosis cardíaca, alteraciones genéticas y un colapso del sistema inmunológico en ratas, lo que sugiere que los humanos aún no están preparados para una misión tripulada a Marte.
Radiación galáctica y microgravedad: los dos enemigos silenciosos del cuerpo
Un viaje a Marte con la tecnología actual dura entre seis y nueve meses. En ese lapso, la tripulación queda expuesta a dos agresores invisibles: la radiación cósmica galáctica (GCR, por sus siglas en inglés) y la ausencia de gravedad constante. Fuera del escudo natural del campo magnético terrestre, el corazón, el sistema inmunitario y el ADN de los astronautas se vuelven vulnerables a daños que aún no se pueden medir con precisión.
El experimento, publicado en PLOS ONE, utilizó a 72 ratas macho de edad equivalente a la de un astronauta adulto. Los roedores fueron divididos en seis grupos y expuestos a una simulación de GCR en el Laboratorio de Radiación Espacial del Brookhaven National Laboratory, combinada con una descarga de extremidades traseras (HLU) que reproduce la ingravidez. Algunas ratas recibieron una dosis única de 1,5 Gy, otras 0,75 Gy, y se les siguió durante 270‑360 días, tiempo que equivale a 26 años humanos.
Daños cardíacos y genéticos: la fibrosis perivascular como señal de alarma
Los resultados fueron contundentes. La radiación provocó una fibrosis perivascular del corazón: el colágeno alrededor de los vasos aumentó hasta duplicarse, formando una “cicatriz” que endurece el tejido y dificulta el flujo sanguíneo. Este efecto se observó tanto con la dosis alta (1,5 Gy) como con la dosis más baja (0,75 Gy), que ya se considera representativa de una misión a Marte.
Además, se identificaron siete variantes genéticas exclusivas en los animales irradiados, asociadas al fenómeno de hematopoyesis clonal de potencial indeterminado (CHIP). En humanos, CHIP duplica el riesgo de enfermedad coronaria y eleva la probabilidad de cáncer. La combinación de GCR y microgravedad no solo mantuvo el daño cardíaco, sino que también alteró la respuesta inmunitaria: la radiación anuló el aumento de linfocitos provocado por la ingravidez y redujo la producción de 20 de 27 citocinas analizadas, además de disminuir las células NK en el bazo.
Qué significa esto para la Argentina y su proyecto espacial
El mensaje de la ciencia no se queda en los laboratorios de EE. UU. En la Argentina, el CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) está trabajando en la construcción de un módulo de habitáculo experimental que pretende probar sistemas de protección contra la radiación. Si los hallazgos de Wisconsin se confirman en modelos más grandes, los costos de desarrollar blindajes eficaces podrían dispararse, impactando el presupuesto ya ajustado del programa espacial nacional.
Además, la industria biotecnológica cordobesa, que ha ganado reconocimiento internacional por sus estudios de genómica y terapias celulares, podría encontrar una nueva línea de negocio: la investigación de contra‑medidas farmacológicas para la fibrosis y el CHIP. Empresas como Biocordoba y el Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba ya colaboran con la NASA en proyectos de microgravedad; ahora tendrían la oportunidad de diseñar fármacos que mitiguen los efectos de la radiación en el corazón y el sistema inmune.
Desde la perspectiva del bolsillo del contribuyente, una misión tripulada a Marte sin resolver estos riesgos podría traducirse en gastos médicos colosales para los astronautas y sus familias, además de posibles demandas legales. Por eso, el llamado de la astronauta francesa Sophie Adenot, quien después de 237 días en la EEI afirmó que “no estamos listos para ir a Marte”, resuena con fuerza entre los responsables de política científica argentina.
Perspectivas y próximos pasos: ¿hacia una gravedad artificial?
Los autores del estudio reconocen limitaciones: la radiación se administró en una sola exposición, y solo se usaron ratas macho. Proponen replicar los experimentos en animales más grandes, como minicerdos, e incluir hembras para obtener datos más representativos. En la Argentina, el proyecto “Microgravedad y Salud” del CONICET ya está planificando pruebas con cerdos miniatura en el centro de simulación de gravedad de la Universidad Nacional de La Plata.
Una solución a largo plazo podría ser la generación de gravedad artificial mediante rotación de la nave, una tecnología que todavía está en fase de prototipo. Si se logra, se reduciría la carga de la microgravedad sobre el sistema inmune, aunque la radiación seguiría siendo el principal obstáculo.
Mientras tanto, la comunidad científica cordobesa continúa analizando los datos del Estudio de Gemelos de la NASA, que mostró una disminución similar de citocinas en el astronauta gemelo que pasó 340 días en la EEI. La coincidencia entre ratones y humanos refuerza la utilidad del modelo animal para anticipar problemas de salud en misiones de larga duración.
Raíces de la investigación espacial en la provincia
La historia de la investigación espacial en Córdoba se remonta a la década de 1970, cuando el Instituto Balseiro colaboró con la NASA en la calibración de sensores de radiación para satélites. Desde entonces, la provincia ha albergado laboratorios de física de partículas y biología espacial, convirtiéndose en un polo de referencia en Sudamérica.
En los últimos veinte años, la Universidad Nacional de Córdoba creó el Programa de Biología del Espacio, que ha generado más de veinte publicaciones sobre los efectos de la microgravedad en tejidos humanos. Estas investigaciones fueron la base para la reciente cooperación con el Medical College of Wisconsin, que permitió replicar en Córdoba parte del protocolo de irradiación usado en el estudio citado.
Hoy, la combinación de experiencia en física de radiación, biología molecular y desarrollo de dispositivos médicos posiciona a Córdoba como un actor clave para enfrentar los retos de salud que plantea la conquista de Marte. Si la comunidad internacional logra superar la barrera de la radiación, es muy probable que la próxima generación de astronautas cordobeses forme parte de la primera tripulación que pise el planeta rojo.
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