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Navanethem Pillay bromea con Trump tras recibir el Nobel de la Paz y revive su lucha contra la injusticia

La jurista sudafricana celebra su Nobel con humor mientras recuerda su defensa incansable de los derechos humanos.

Navanethem Pillay bromea con Trump tras recibir el Nobel de la Paz y revive su lucha contra la injusticia

La jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay, de 85 años, recibió el Premio Nobel de la Paz y, entre ovaciones en Núremberg, lanzó una chispeante broma: “Si aplauden un poco más, puede que comparta el premio con Donald Trump”. El comentario, difundido en un video publicado en X por el secretario general de Amnistía Internacional, reveló el carácter irónico de la laureada, que al mismo tiempo recordó su trayectoria como defensora de los derechos humanos y su reciente informe sobre Gaza.

El anuncio del Nobel y la reacción de la laureada

El anuncio oficial del Nobel de la Paz se dio a conocer en la sede de la Fundación Nobel en Oslo, pero la primera ovación se registró en el auditorio de la Universidad de Núremberg, donde Pillay fue aplaudida tras la declaración del premio. En el video, la jurista, visiblemente emocionada, agradeció el reconocimiento y, sin perder la costumbre de la ironía, advirtió que un mayor aplauso podría motivarla a compartir el galardón con el entonces presidente de EE. UU., Donald Trump.

“Si aplauden un poco más, puede que comparta este premio con Trump”, dijo Pillay, provocando risas entre los presentes y generando un eco inmediato en redes sociales. La broma no pasó desapercibida en Argentina, donde activistas de derechos humanos y organizaciones como la Comisión de Derechos Humanos de la Provincia de Córdoba compartieron el video, resaltando la valentía de Pillay para criticar a poderosos sin temor.

Una carrera marcada por la defensa de los más vulnerables

Pillay, nacida el 23 de septiembre de 1941 en un humilde barrio de Durban (entonces Natal), es descendiente de inmigrantes tamiles que llegaron a Sudáfrica como trabajadores de caña de azúcar a finales del siglo XIX. Creció en una familia de ocho hijos, donde su padre combinaba el trabajo de chofer de autobús con la pesca, y su madre se empeñó en que todos sus hijos recibieran educación formal, a pesar de la escasez de cupos escolares para la población no blanca.

Después de graduarse con bachillerato en artes (1963) y obtener su título de derecho (1965) en la Universidad de Natal, Pillay inició su carrera bajo la tutela del penalista N.T. Naicker, militante del Congreso Nacional Africano (CNA). En 1967, a los 26 años, fundó su propio estudio, convirtiéndose en la primera mujer no blanca en abrir un bufete en la provincia de Natal, una hazaña que describió como “ningún bufete me contrataría porque decían que no podían tener empleados blancos recibiendo instrucciones de una persona de color”.

Su trayectoria la llevó a ocupar cargos internacionales, entre ellos la presidencia de la Comisión Internacional Independiente de Investigación (COI) de la ONU, organismo que, aunque independiente, ha sido clave para documentar violaciones de derechos humanos en conflictos armados. El informe más reciente de la COI, presentado por Pillay, concluyó que en Gaza se estaba produciendo un genocidio, una declaración que generó reacciones encontradas en la comunidad internacional y provocó amenazas contra su seguridad personal.

El Nobel y su repercusión en la región

El Nobel de la Paz incluye una medalla de oro, un diploma y una suma de 1,2 millones de dólares. La ceremonia de entrega se realizará en Oslo el 10 de diciembre, fecha que coincide con el aniversario de la muerte de Alfred Nobel, el creador del galardón. En Argentina, la noticia ha sido recibida con entusiasmo por la sociedad civil cordobesa, que ve en Pillay un ejemplo de resistencia contra la opresión y un referente para los movimientos de derechos humanos que luchan contra la violencia de género y la represión policial.

Organizaciones como la Red de Mujeres por la Paz de Córdoba han anunciado que destinarán parte de los recursos que reciban de fondos internacionales a proyectos de educación en derechos humanos, inspirándose en la trayectoria de Pillay. Además, la Universidad Nacional de Córdoba ha programado un seminario titulado “Justicia transnacional y la labor de Navanethem Pillay” para analizar el impacto de su informe sobre Gaza y su relevancia para los conflictos internos argentinos.

Un legado que trasciende fronteras

Más allá del premio, Pillay subrayó que su primera reacción al enterarse del Nobel fue pensar que era una broma. “Siendo abogada y jueza, todavía quiero verificarlo”, confesó, demostrando su carácter escéptico y su compromiso con la verdad. Su declaración sobre la valentía necesaria para decir la verdad en Gaza resonó en la prensa argentina, que recordó casos locales donde activistas han sido perseguidos por denunciar abusos.

La laureada también recordó su último trabajo: la entrega del informe sobre Gaza, donde se describió el conflicto como genocidio. “Una de las principales reacciones a ese informe fue rendirme tributo por mi valentía. ¿Y pueden imaginarse cuánto me sorprendió eso? ¿Por qué haría falta valentía para decir la verdad?”, preguntó, invitando a la reflexión sobre el precio de la honestidad en contextos de violencia.

Raíces y repercusiones: la historia que alimenta la lucha actual

Navanethem Pillay nació en un contexto de segregación racial y pobreza, pero su familia siempre priorizó la educación. Su padre, chofer de autobús, complementaba los ingresos con la pesca, mientras su madre, ama de casa, se aseguró de que los ocho hijos asistieran a la escuela, algo poco común en la época. Esta base familiar forjó en Pillay la convicción de que la justicia es un derecho universal, no un privilegio de unos pocos.

En los años 60, cuando la lucha contra el apartheid alcanzaba su punto álgido, Pillay se convirtió en una de las voces más críticas dentro del sistema judicial sudafricano. Su estudio independiente le permitió defender a presos políticos y a víctimas de violaciones de derechos humanos, sentando las bases de una carrera que la llevaría a la esfera internacional.

Hoy, su reconocimiento con el Nobel de la Paz no solo celebra su labor, sino que también ilumina la necesidad de que países como Argentina refuercen sus propias instituciones de derechos humanos. La historia de Pillay sirve como recordatorio de que la lucha contra la injusticia es una tarea constante, que requiere valentía, educación y, sobre todo, la capacidad de escuchar el aplauso de la sociedad para seguir adelante.

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