Policía Ambiental libera 41 aves y un zorro gris rehabilitados en la Reserva Vaquerías
Cuarenta y dos ejemplares vuelven a la naturaleza tras pasar por el centro de rescate Tatú Carreta.

En una mañana soleada de septiembre, la Policía Ambiental del Ministerio de Justicia y Trabajo, acompañada por el personal de la Reserva Natural Vaquerías de la Universidad Nacional de Córdoba, devolvió a la libertad a 42 ejemplares de fauna silvestre: 41 aves y un zorro gris que habían sido rescatados de situaciones de cautiverio ilegal.
El proceso de rescate y rehabilitación
Los animales fueron incautados en distintos operativos de control y fiscalización de fauna silvestre realizados en la zona de Punilla. Cada ejemplar pasó por una cuarentena obligatoria en el centro de rescate Tatú Carreta, donde fueron atendidos por la veterinaria María Ahumada y su equipo. “El objetivo es garantizar que los animales no lleven enfermedades y que su comportamiento sea apto para la re‑introducción”, explicó Ahumada.
Durante semanas, las aves recibieron alimentación especializada, ejercicios de vuelo en recintos seguros y seguimiento conductual. El zorro gris, por su parte, fue sometido a un programa de adaptación que incluyó estímulos de caza simulada y enriquecimiento ambiental. Al culminar el proceso, los ejemplares obtuvieron el alta sanitaria y comportamental, lo que los habilitó para regresar a su hábitat natural.
La liberación en la Reserva Natural Vaquerías
La ceremonia de liberación tuvo lugar en la Reserva Natural Vaquerías, ubicada en Valle Hermoso, en el corazón del departamento Punilla. Con sus 400 hectáreas de bosque serrano autóctono y la cuenca del arroyo Vaquerías, el área constituye un refugio ideal para la fauna local. Adrián Rinaudo, secretario de Policía Ambiental, señaló: “Hoy estos animales vuelven a la naturaleza, gracias al trabajo conjunto entre la policía, la universidad y la comunidad”.
Antes de soltarlos, los técnicos evaluaron la condición de cada especie y la capacidad de carga del ecosistema. Las aves fueron anilladas con micro‑códigos que permitirán a los guardaparques identificar a cada ejemplar en futuros avistamientos, facilitando estudios de migración y adaptación.

Seguimiento post‑liberación
Joaquín Piedrabuena, guardaparque de la Reserva Vaquerías, explicó que el anillado no solo sirve para identificar a los animales, sino también para recolectar datos sobre su comportamiento, rutas de desplazamiento y éxito reproductivo. “Cada anillo lleva un código único que, al ser leído, nos indica la procedencia y el historial de rehabilitación del ejemplar”, detalló.
El seguimiento se realizará mediante observaciones de campo y, eventualmente, con la ayuda de collares GPS en futuros rescates. Estos datos alimentan los proyectos de conservación de la Universidad Nacional de Córdoba, que buscan preservar la biodiversidad de las sierras cordobesas.
Una reserva que impulsa la conservación regional
La Reserva Natural Vaquerías, gestionada por la UNCo, protege una muestra representativa del Bosque Serrano y alberga especies emblemáticas como el carpintero, el picaflor y el ciervo de los Andes. Su extensión y diversidad la convierten en un laboratorio vivo para estudiantes, investigadores y voluntarios que trabajan en la restauración de ecosistemas degradados.
Entre las especies liberadas se encuentran la brasita de fuego, la cabecita negra, la calandria, el carancho, el celestino, el zorzal chiguanco, la diuca, la lechuza de los campanarios, el naranjero, el pepitero de collar, la reinamora, el rey del bosque, el vira‑vira, el zorzal mandioca y, por supuesto, el zorro gris. Cada una de ellas cumple un rol ecológico esencial, ya sea como dispersora de semillas o controladora de insectos.

Raíces de la conservación en las sierras cordobesas
La historia de la Reserva Vaquerías se remonta a los años noventa, cuando la Universidad Nacional de Córdoba decidió destinar una zona de la cuenca del arroyo Vaquerías para la investigación y la protección del bosque nativo. Desde entonces, se han llevado a cabo más de veinte proyectos de restauración, que incluyen la plantación de miles de árboles nativos y la recuperación de corredores biológicos.
El compromiso del gobierno provincial, representado por María Belén Blanda, subsecretaria de Agua, Ambiente y Control y Fiscalización, ha sido clave para financiar la infraestructura del centro de rescate Tatú Carreta y para fortalecer la legislación contra la tenencia ilegal de fauna. “Cada liberación es una victoria para la biodiversidad y para la ciudadanía, que ve cómo el Estado protege su patrimonio natural”, afirmó Blanda.
La colaboración entre la Policía Ambiental, la UNCo y la sociedad civil ha generado una red de vigilancia y educación ambiental que se extiende a escuelas, clubes de naturaleza y medios locales. Este modelo de gestión integral sirve de referencia para otras provincias que buscan equilibrar desarrollo y conservación.

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