Ted Bundy: el asesino que aún escribe capítulos en la historia criminal y forense
Nuevas pruebas de ADN confirman víctimas de Bundy y revelan lecciones para la criminología cordobesa.

Ted Bundy: el asesino que aún escribe capítulos en la historia criminal y forense
Lead: Un reciente análisis de ADN ha vinculado a Ted Bundy con el asesinato de la adolescente Melissa Ann Smith, ocurrida en Utah en 1974, reabriendo la discusión sobre los crímenes no confirmados del infame asesino en serie estadounidense y mostrando cómo la ciencia forense sigue desenterrando verdades décadas después de su ejecución.
Los primeros crímenes y la expansión del terror
Bundy, nacido en Tacoma, Washington, comenzó su ola de violencia en los alrededores de Seattle a principios de 1974. En enero irrumpió en la vivienda de una estudiante de la Universidad de Washington, fracturándole el cráneo; la joven sobrevivió pero quedó con secuelas permanentes. Un mes después, Lynda Ann Healy desapareció y su cuerpo fue hallado en la remota zona de Taylor Mountain, junto a otras víctimas. En los meses siguientes, la sombra de Bundy se extendió a Oregon, Colorado e Idaho, siempre apuntando a jóvenes universitarias o adolescentes que confiaban en su aparente carisma.
Escapadas, juicios y la fascinación mediática
Detenido por primera vez en agosto de 1975, Bundy fue hallado con cuerda, esposas y una máscara de esquí en su coche. A pesar de una condena por el secuestro de Carol DaRonch, logró dos fugas espectaculares: la primera en Aspen, Colorado, saltando por una ventana del segundo piso; la segunda, rompiendo el techo de su celda en Florida y escapando a Tallahassee. Su regreso al escenario criminal culminó con la brutal masacre en la hermandad Chi Omega de la Universidad Estatal de Florida en enero de 1978, donde mató a dos estudiantes y dejó dos heridas graves. El juicio de 1979, televisado en vivo, generó una cobertura sin precedentes; el público quedó hipnotizado por la frialdad y la elocuencia del acusado, mientras el juez Edward Cowart lo describía como “un joven brillante” que, sin embargo, merecía la pena de muerte por sus actos “extremadamente perversos”.
La revolución del ADN y los nuevos hallazgos en Utah
En 2023 el laboratorio estatal de criminalística de Utah incorporó una tecnología capaz de extraer ADN de muestras extremadamente degradadas. Gracias a este avance, en abril de 2026 investigadores confirmaron que el fluido corporal hallado en el cuerpo de Laura Ann Aime, desaparecida en Halloween de 1974, coincidía con el perfil genético de Bundy. La misma firma genética se encontró en el caso de Melissa Ann Smith, cerrando otro capítulo de la larga lista de víctimas no confirmadas. “Con cada caso que se cierra, ojalá podamos aplastar el recuerdo de Ted Bundy”, declaró el sargento Mike Reynolds, subrayando la importancia de la ciencia para las familias de las víctimas.
Lecciones para la justicia argentina y el trabajo forense en Córdoba
El resurgir de los casos de Bundy no solo tiene eco en Estados Unidos; también plantea preguntas relevantes para la comunidad forense cordobesa. En la Universidad Nacional de Córdoba, el Instituto de Ciencias Forenses ha adoptado técnicas de extracción de ADN similares a las usadas en Utah, lo que ha permitido reabrir casos de desapariciones durante la última dictadura y de homicidios sin resolver en la provincia. Además, la cobertura mediática del caso Bundy sirvió de referencia para investigadores argentinos al estudiar la manipulación de la opinión pública en procesos judiciales de alto perfil, como el de “Los Monos” en la década de 1990.
Los forenses cordobeses también han señalado la necesidad de crear una base de datos nacional de perfiles genéticos, inspirados en el modelo estadounidense, para acelerar la identificación de restos humanos y evitar que crímenes como los de Bundy queden impunes durante décadas. El debate sobre la privacidad y la ética del uso de ADN sigue abierto, pero la presión social y el clamor de las familias de víctimas impulsan reformas legislativas en la provincia.
Eco de un asesino: cómo sigue vivo el caso en la memoria colectiva
Si bien Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica el 24 de enero de 1989, su sombra persiste en la cultura popular y en la academia criminal. Libros, series y documentales siguen explorando su psicología, mientras que criminólogos de la Universidad de Córdoba incluyen su modus operandi en los planes de estudio de perfiles criminales. La reciente confirmación de nuevas víctimas mediante ADN refuerza la idea de que la historia criminal está en constante revisión, y que cada avance tecnológico puede reescribir capítulos antes considerados cerrados.
En la provincia, la jefa de policía de Salt Lake, Rosie Rivera, afirmó que “cada día la ciencia forense cambia y tenemos la capacidad de revisar estos casos una y otra vez”. Esa frase resuena en Córdoba, donde los laboratorios locales buscan, con recursos limitados pero con mucha garra, emular ese mismo progreso. La historia de Ted Bundy, más allá de su horror, se ha convertido en una lección de cómo la combinación de tecnología, voluntad política y presión social puede devolver justicia a los que la perdieron hace décadas.
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