Alud en la frontera Nepal‑China deja más de 750 muertos y 3.000 desaparecidos: la tragedia que sacude al mundo
Más de 750 muertos y 3.000 desaparecidos tras el alud que devastó la frontera nepalí-china

Alud en la frontera Nepal‑China deja más de 750 muertos y 3.000 desaparecidos: la tragedia que sacude al mundo
Una pared de lodo y hielo que se desprendió del glaciar Lirung el miércoles 23 de agosto sepultó pueblos, puentes y carreteras en la zona de Gyirong, entre Nepal y la Región Autónoma del Tíbet. Hasta el domingo, las autoridades confirmaron 734 cadáveres recuperados en Nepal y 16 en el Tíbet, sumando una cifra total de 750 fallecidos. Los registros de desaparecidos superan los 3.000, con 2.498 en territorio nepalí, entre ellos cientos de turistas extranjeros, y 546 en China.
La catástrofe y sus cifras devastadoras
El deslizamiento se originó cuando el colapso de la ladera sur del macizo Lirung provocó una avalancha de hielo, rocas y sedimentos que arrasó viviendas y carreteras en la zona fronteriza. Los equipos de rescate nepalíes localizaron siete cuerpos a decenas de kilómetros río abajo, en el norte de la India, mientras que la agencia estatal china Xinhua confirmó que la ruptura del glaciar fue el detonante del desastre.
En la zona de Bidur, una base del ejército sirvió de centro de operaciones, donde familiares revisan listas de sobrevivientes escritas en las paredes de los refugios. Kawan Koirala, del Equipo de Respuesta a Desastres de Nepal, describió la situación como “extremadamente compleja” y señaló que el barro cubre todo, dificultando la búsqueda de cuerpos y de objetos personales.
Respuesta de los equipos de rescate y los obstáculos climáticos
El ejército nepalí instaló un tubo de ventilación en el túnel de una central hidroeléctrica donde se encuentran atrapados alrededor de un centenar de trabajadores. El ministro del Interior, Sudan Gurung, informó que se está enviando aire a través de la pequeña abertura, pero las fuertes lluvias y la creciente crecida de los ríos han obligado a los equipos a pausar las labores de rescate.
Las autoridades de gestión de desastres de Nepal solicitaron cautela, pues la acumulación de agua represada tras la riada representa un riesgo latente de nuevas inundaciones. En varios poblados, la destrucción de puentes y carreteras ha limitado el acceso a alimentos y agua potable, generando una escasez crítica que complica la asistencia humanitaria.
Repercusiones internacionales y la mirada argentina
Los gobiernos de Nepal y China evacuaron a 555 turistas y 499 ciudadanos chinos de la zona afectada. Los ministros de Relaciones Exteriores, Shisir Khanal (Nepal) y su homólogo chino, acordaron compartir datos hidrológicos y satelitales para mejorar la coordinación de rescate y prevención.
En la comunidad internacional, Estados Unidos destinó 3,6 millones de dólares para ayuda humanitaria, mientras que Canadá, Reino Unido, la Unión Europea y la ONU anunciaron aportes adicionales. Desde Argentina, varias ONG de la Patagonia y del norte de la provincia de Córdoba, como la Fundación “Córdoba Solidaria”, han iniciado campañas de recaudación para enviar kits de emergencia y ropa térmica a los damnificados, recordando que los glaciares patagónicos también están bajo amenaza de deshielo.
El responsable de clima de la ONU, Simon Steill, advirtió que el calentamiento global, impulsado por la quema de combustibles fósiles, está aumentando la frecuencia de este tipo de catástrofes. La tragedia del Himalaya se vuelve un espejo para los cordobeses que, cada invierno, luchan contra inundaciones en el río Suquía y el deshielo de los cerros de la Sierra de los Comechingones.
Lecciones que nos deja la montaña del Himalaya
El alud de Nepal evidencia la vulnerabilidad de las comunidades que viven en entornos de alta montaña. La falta de infraestructura adecuada y la escasa capacidad de respuesta rápida son factores que se repiten en regiones cordobesas aisladas, donde los caminos de acceso pueden quedar cortados por deslizamientos de lodo durante las lluvias de verano.
Asimismo, la tragedia refuerza la necesidad de invertir en sistemas de alerta temprana y en la monitorización de glaciares, una tarea que la Universidad Nacional de Córdoba está abordando a través de su Centro de Estudios de Cambio Climático, colaborando con científicos nepalíes en proyectos de satélites y sensores de terreno.
Por último, la solidaridad internacional muestra que, pese a la distancia, la comunidad global puede movilizar recursos rápidamente. Los cordobeses, con su tradición de “laburo colectivo”, pueden aportar tanto en fondos como en voluntariado técnico, convirtiéndose en una pieza más del rompecabezas para evitar que tragedias como esta se repitan.
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