Irán pone freno a la reapertura del estrecho de Ormuz hasta que EE UU cumpla sus compromisos
El viceministro iraní advierte que no habrá prisa por abrir el paso mientras Washington no respete el memorando de junio.

Irán anunció este domingo que el acuerdo alcanzado con Omán para reabrir el estrecho de Ormuz no entrará en vigor hasta que Estados Unidos cumpla los compromisos pactados en el memorando de entendimiento firmado en junio. El viceministro de Exteriores, Kazem Gharibabadi, declaró a la agencia estatal IRNA que, sin la garantía de Washington, Teherán mantendrá sus medidas defensivas y no tiene prisa por desbloquear la vía marítima que concentra el 20 % del crudo mundial.
Condiciones iraníes para el tránsito
Gharibabadi detalló que los requisitos que EE UU debe respetar incluyen el cese de hostilidades en todos los frentes, particularmente en el conflicto libanés, la retirada del cerco estadounidense sobre puertos y buques iraníes, y la eliminación de las sanciones que asfixian la economía persa. Además, Teherán insiste en cobrar tasas por servicios de navegación, seguridad y medio ambiente a los buques que crucen el estrecho, una postura que Washington rechaza rotundamente.
El viceministro subrayó que el memorando de junio estableció un marco de confianza mutua: si Washington no levanta el bloqueo, Irán no abrirá el corredor. “Irán no tiene prisa”, enfatizó, dejando en claro que la medida es una respuesta estratégica más que una amenaza vacía.
El papel de Omán y la lógica del corredor
Omán, país vecino y tradicional mediador en la zona, había firmado junto a Irán un entendimiento para gestionar de forma conjunta un corredor de tránsito que permita la circulación segura de buques. La propuesta incluye la coordinación de guardacostas, la vigilancia de la zona y la garantía de que los buques cumplan con normas internacionales de seguridad.
Sin embargo, la novedad radica en que la puesta en marcha del corredor ahora depende explícitamente del cumplimiento de los compromisos estadounidenses, algo que no había sido mencionado en los comunicados previos. La postura omaní, aunque discreta, se alinea con la de Teherán: sin una respuesta clara de EE UU, el proyecto queda en suspenso.
Repercusiones para la economía argentina y el mercado energético
Para Argentina, la incertidumbre en Ormuz tiene un eco directo en los precios internacionales del crudo. Nuestro país, que importa alrededor del 30 % de su energía en forma de petróleo y derivados, ve cómo la volatilidad del estrecho se traduce en fluctuaciones del dólar y de la canasta energética. Un cierre prolongado encarece los combustibles, afecta la inflación y complica los planes de inversión de empresas locales que dependen de insumos energéticos.
Los productores de biodiesel y los exportadores de granos también sienten el tirón, ya que el costo del flete marítimo sube cuando los buques deben rodear rutas más largas y costosas. En un contexto donde el gobierno busca estabilizar la balanza comercial y reducir la dependencia del dólar, cualquier alza en los precios del petróleo repercute en la política macroeconómica y en el bolsillo del trabajador argentino.
Además, la posibilidad de que Irán imponga tarifas de paso podría abrir una nueva fuente de ingresos para Teherán, pero también significaría un mayor costo para los transportistas internacionales, incluidos los que operan rutas que llegan a puertos argentinos como Buenos Aires y Rosario. La comunidad empresarial argentina sigue atenta a los movimientos diplomáticos, pues una apertura temprana del estrecho podría aliviar la presión sobre los precios internos.
Un vistazo histórico a la disputa por Ormuz
El estrecho de Ormuz ha sido, desde la década de 1970, una pieza clave en la geopolítica del petróleo. Durante la guerra Irán‑Irak, el paso se convirtió en objetivo de ataques y bloqueos, y en la década de 1990 surgieron los primeros intentos de establecer un corredor de tránsito neutral bajo supervisión internacional. La caída del régimen de Saddam Hussein y el ascenso de la Alianza contra el Terrorismo reavivaron el interés estratégico del estrecho, convirtiéndolo en un tablero donde EE UU y sus aliados buscan contener la influencia iraní.
En los últimos años, Omán ha jugado el rol de puente, ofreciendo su territorio como zona de tránsito segura y negociando acuerdos de cooperación con Teherán. No obstante, la presión estadounidense, que mantiene una presencia naval constante en el Golfo Pérsico, ha limitado cualquier avance significativo hacia una gestión conjunta.
Hoy, la disputa se traslada al plano de los memorandos y de las sanciones económicas. La decisión de Irán de condicionar la reapertura a la acción de EE UU refleja una estrategia de negociación basada en la presión de costos: si el bloqueo persiste, el mundo paga más por el crudo; si se levanta, Irán gana legitimidad y potenciales ingresos por tarifas de paso. Para Córdoba y el resto de Argentina, la balanza de este juego internacional se siente en la bomba de gas de la esquina y en el precio del kilo de carne.
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