Corea del Norte dispara dos proyectiles al mar del Este: la tensión que también inquieta a Argentina
Dos proyectiles norcoreanos al mar del Este reavivan la tensión internacional y despiertan la preocupación en Argentina.

Corea del Norte dispara dos proyectiles al mar del Este: la tensión que también inquieta a Argentina
Seúl y Tokio confirmaron este domingo la salida de dos proyectiles «no identificados» por parte del régimen norcoreano hacia el mar del Este, también conocido como mar de Japón. El primer lanzamiento se registró ocho días después de una serie de misiles balísticos de corto alcance que ya habían causado alarma en la zona. La oficina de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, informó que el segundo proyectil ya había caído, aunque no precisó el punto exacto de impacto ni los posibles daños.
Reacción de Seúl y Tokio
El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur emitió un comunicado breve indicando que había detectado el proyectil y que, tras su caída, no se reportaron víctimas ni daños materiales. Por su parte, el Ministerio de Defensa japonés describió el objeto como un “sospechoso misil balístico” y lo anunció a través de la red social X. Ambas naciones reiteraron su compromiso de reforzar la vigilancia marítima y aérea, y anunciaron ejercicios conjuntos de defensa para contrarrestar cualquier escalada.
La postura de Pyongyang ante la OIEA
El lanzamiento se produce en medio de una fuerte polémica internacional. El viernes pasado, Corea del Norte rechazó una resolución del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que exigía el desmantelamiento total de su programa nuclear. En un comunicado, Kim Yo‑jong, hermana del dictador Kim Jong‑un, acusó a Estados Unidos y a sus aliados de intentar “borrar la existencia” del país. Según la agencia estatal KCNA, la petición de la OIEA equivale a “pedirle a Pyongyang que renuncie a su propia vida”.
El viceministro de Defensa, Kim Kang Il, dirigió sus palabras a Beijing, calificando de “ilusiones” las exigencias de desnuclearización y recordando que el estatus nuclear está consagrado en la Constitución norcoreana como una “línea roja” no negociable. La resolución, aprobada en la 70ª Conferencia General del OIEA en Viena, pide el cese irreversible de todas las actividades nucleares, incluidos los procesos de enriquecimiento y reprocesamiento de uranio, tras un informe de agosto que reveló la construcción de una segunda instalación de enriquecimiento en Yongbyon.
Qué implica para Argentina y la región
Desde la perspectiva cordobesa, la noticia no es ajena a la realidad local. Argentina, aunque no forma parte del círculo inmediato de la península coreana, mantiene una política de no proliferación firmada en el Tratado de Tlatelolco y colabora activamente con el OIEA. El aumento de la tensión en el Pacífico puede repercutir en los precios del combustible y en la cadena de suministro de materias primas que llegan a nuestro puerto de Buenos Aires, afectando a industrias que dependen del comercio marítimo.
Además, la comunidad coreana en Argentina, estimada en varios miles de residentes, sigue de cerca los acontecimientos. Muchos temen que una escalada militar pueda traducirse en restricciones de visas o en la reducción de intercambios académicos y culturales entre ambas naciones, algo que la Universidad Nacional de Córdoba ha impulsado en los últimos años.
En el plano de la seguridad regional, la presencia de misiles en el mar del Este genera preocupación en los países del Indo‑Pacífico, pero también llama la atención de potencias como Rusia y China, que mantienen relaciones estratégicas con Pyongyang. Para Argentina, que busca diversificar sus alianzas y fortalecer su posición en foros multilaterales, es crucial observar cómo evoluciona la diplomacia internacional y cómo se alinean los intereses de los grandes bloques.
Raíces del conflicto nuclear en la península coreana
El origen de la carrera armamentista norcoreana se remonta a la Guerra Fría, cuando la península quedó dividida entre dos superpotencias. Tras la Guerra de Corea (1950‑1953), el régimen de Kim Il‑sung adoptó la estrategia de “autonomía militar” como garantía de supervivencia frente a una supuesta amenaza estadounidense. En los años 90, la crisis de Hamás y los primeros diálogos con Estados Unidos no lograron desactivar el programa nuclear, que se consolidó bajo la dirección de Kim Jong‑il y, posteriormente, de su hijo Kim Jong‑un.
El abandono del OIEA en 1994 marcó un punto de inflexión: Pyongyang se retiró del organismo y comenzó a desarrollar su propio ciclo nuclear, respaldado por la ayuda de China y Rusia. Desde entonces, cada prueba de misil ha sido una forma de presión política y una muestra de fuerza interna, utilizada por el liderazgo para consolidar su legitimidad frente a una población que sufre restricciones económicas.
En la última década, la comunidad internacional ha intentado, sin mucho éxito, frenar la expansión norcoreana mediante sanciones y negociaciones multilaterales. Sin embargo, la reciente decisión de lanzar proyectiles sin identificación subraya la continuidad de una política de confrontación que, aunque distante, tiene eco en cada rincón del planeta, incluido nuestro querido Córdoba.
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