¿Crujir los nudillos causa artritis? La ciencia desmiente el mito tras 50 años de experimento
¿Crujir los nudillos causa artritis? La ciencia desmiente el mito tras 50 años de experimento
Un alergólogo estadounidense, Donald L. Unger, se dedicó durante medio siglo a crujirse los nudillos de la mano izquierda para comprobar si ese hábito provocaba artritis. El resultado, publicado en 1998, muestra que no hay diferencia alguna entre la mano manipulada y la mano de control.

El experimento de 50 años: método y hallazgos
Donald L. Unger, alergólogo de profesión, decidió convertir su propio cuerpo en un laboratorio a largo plazo. Cada día crujía al menos dos veces los nudillos de la mano izquierda, mientras mantenía la derecha intacta como grupo de control. Tras cinco décadas de constancia, envió una carta al editor de la revista Arthritis & Rheumatism donde describía sus observaciones radiológicas: ninguna de las dos manos mostraba signos de artritis ni de desgaste articular.
El experimento, aunque anecdótico, abrió la puerta a investigaciones más rigurosas. La idea de usar al propio cuerpo como “cámara de pruebas” resonó entre la comunidad médica, que buscaba datos empíricos para desmentir un mito popular que se transmite de generación en generación, incluso en los hogares cordobeses.
Estudios científicos que respaldan la conclusión
Más allá del caso de Unger, la literatura médica ha abordado el tema en varias ocasiones. En 1975, un estudio con pacientes geriátricos analizó la relación entre crujir los dedos y la degeneración articular, concluyendo que no existía correlación significativa.
El estudio más citado es el de 2011, realizado con 215 participantes entre 50 y 89 años. Los investigadores compararon radiografías de quienes se crujían los nudillos habitualmente con las de quienes no lo hacían. La prevalencia de artrosis fue del 18,1 % en el grupo de crujidores y del 21,5 % en el grupo control, una diferencia estadísticamente irrelevante.
En 2017, otro trabajo utilizó ecografías y examinadores ciegos para evaluar 400 articulaciones. Los resultados mostraron que el crujido no alteraba la función articular, la laxitud de ligamentos ni la fuerza de agarre. Curiosamente, el rango de movimiento aumentó ligeramente justo después del crujido, probablemente por la reducción momentánea de la presión intraarticular.
¿Qué produce el “crack”? La tribonucleación explicada
El sonido que escuchamos al crujir los nudillos no proviene de los huesos rozándose, sino de un fenómeno llamado tribonucleación. Cuando se separan las superficies articulares, la presión del líquido sinovial disminuye y se forma una pequeña burbuja de gas. Al colapsar, la burbuja genera el característico “crack”. Estudios de resonancia magnética en tiempo real confirmaron este proceso, descartando cualquier daño estructural directo.
En la práctica cotidiana, el crujido es simplemente la liberación de presión en el líquido sinovial. No hay evidencia de que este proceso cause microfracturas, inflamación crónica o, mucho menos, artritis.
Impacto en la vida cotidiana de los cordobeses
En Córdoba, como en el resto del país, el mito de que crujir los nudillos produce artritis persiste en conversaciones de sobremesa, en la consulta del médico de familia y, a veces, en la escuela. Desmentirlo tiene consecuencias prácticas: evita que personas, especialmente jóvenes, limiten movimientos naturales por miedo a un daño inexistente.
Además, el costo implícito del mito es real. Cada año, cientos de consultas médicas en la provincia se destinan a evaluar dolencias articulares que, en muchos casos, se atribuyen erróneamente al hábito de crujir los dedos. Si el público comprende que el crujido no es patógeno, se podrían liberar recursos y reducir la carga del sistema de salud pública.
En el ámbito laboral, el consejo de no crujir los nudillos para evitar la artritis a veces se traduce en una cultura de autocensura que afecta la comodidad en el trabajo de oficina. Saber que el gesto es inocuo permite a los trabajadores cordobeses mantener la naturalidad sin temor a una enfermedad que, según la evidencia, no está relacionada.
Una tradición que supera al mito: la historia del crujido en la cultura popular
El crujir los nudillos ha sido parte del folklore cotidiano desde la época de los gauchos, que lo utilizaban como señal de alerta o para romper el silencio en la llanura. En la literatura cordobesa, personajes de novelas y cuentos a menudo describen este gesto como una forma de “romper el hielo” antes de iniciar una conversación.
En la década de 1990, cuando la televisión local empezó a difundir programas de salud, surgieron varios segmentos que reforzaban la idea de que el crujido era dañino. Sin embargo, la llegada de internet y la democratización del acceso a la información científica permitieron que la población tuviera contacto directo con estudios como los mencionados, cambiando poco a poco la percepción colectiva.
Hoy, en los cafés de Nueva Córdoba o en los parques de la ciudad, es común ver a jóvenes crujir los dedos mientras charlan, sin que nadie les reproche la costumbre. El mito se ha ido desvaneciendo, reemplazado por una actitud más relajada y basada en la evidencia, lo que refleja cómo la ciencia puede transformar costumbres arraigadas.
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