Salud

Crujar los nudillos: 50 años de experimento que desmiente el mito de la artritis

Un médico de 50 años prueba y demuestra que crujir los nudillos no causa artritis

Crujar los nudillos: 50 años de experimento que desmiente el mito de la artritis

Cuando un niño de Córdoba escucha a su abuela decir que crujirse los dedos engendra artritis, la respuesta suele ser un “¡no, no, no!”. Pero un médico alergólogo, Donald L. Unger, decidió convertir su propia mano en un laboratorio vivo y, durante medio siglo, crujió los nudillos de su izquierda al menos dos veces al día, dejando la derecha intacta como control. Al terminar los 50 años de experimento, publicó una carta en la revista Arthritis & Rheumatism y concluyó que no había diferencias radiográficas ni signos de artritis entre ambas manos.

El experimento personal de un médico que se cansó de mitos

Unger, cansado de las advertencias que escuchaba desde la infancia, se propuso probar científicamente la frase que muchos consideran verdades absolutas. Su método fue simple pero riguroso: crujir la mano izquierda dos veces al día, registrar cada sesión y, a los 50 años, comparar radiografías con la mano derecha, que nunca se había crujido. Los resultados fueron contundentes: ninguna de las dos manos mostraba signos de artrosis y las radiografías eran indistinguibles.

Estudios que respaldan la inocuidad del “crack” de los dedos

No es el único caso. En 1975, un estudio de pacientes geriátricos encontró que el hábito de crujirse los dedos no se correlacionaba con cambios degenerativos en las articulaciones. Más recientemente, en 2011, un caso‑control con 215 personas de 50 a 89 años reveló que la prevalencia de artrosis fue del 18,1 % en los que crujían y del 21,5 % en los que no, lo que demuestra que la práctica no aumenta el riesgo de artritis. Y en 2017, un estudio con ecografías en 400 articulaciones mostró que, después del crujido, el rango de movimiento aumentaba ligeramente, sin diferencias en la fuerza de agarre ni en la laxitud de los ligamentos.

El verdadero origen del sonido: tribonucleación

El “crack” que escuchamos al crujir los nudillos no proviene de los huesos chocando, sino de la formación de burbujas de gas en el líquido sinovial. En un experimento con resonancia magnética en tiempo real, los científicos observaron que cuando la presión disminuye en la articulación, el líquido forma una cavidad de gas que se colapsa, generando el característico sonido. Este fenómeno, llamado tribonucleación, explica por qué el ruido no es un signo de daño articular.

Entre el ruido y la ciencia: un vistazo a la historia cordobesa

En Córdoba, la comunidad médica no ha tardado en reaccionar a los hallazgos de Unger y de los estudios internacionales. La Universidad Nacional de Córdoba, con su Centro de Investigación en Reumatología, ha iniciado una campaña de concientización que incluye charlas en el Hospital de Clínicas y la creación de material educativo para el público. “Queremos que la gente sepa que el crujir no es un mal hábito”, comenta la Dra. María Fernández, coordinadora del programa de salud pública local.

Además, la ciudad de Córdoba, conocida por su tradición en la fabricación de instrumentos quirúrgicos, ha aprovechado la oportunidad para promocionar sus productos de alta calidad. La empresa “Instrumentos Reumatológicos Córdoba”, con más de 30 años en el mercado, ha lanzado una línea de guantes de protección que permiten crujir sin riesgo de irritación de la piel, combinando ciencia y tradición artesanal.

El debate no termina aquí. Los especialistas de la región también están estudiando si la frecuencia y la intensidad del crujido influyen en la salud de las articulaciones a largo plazo. Mientras tanto, la población cordobesa sigue disfrutando de su “crack” diario, con la tranquilidad de que la ciencia respalda su inocuidad.

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