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Cuba arranca el año escolar entre apagones de 30 horas y escasez de maestros

1,4 millones de estudiantes cubanos enfrentan una crisis educativa sin precedentes mientras la isla sufre un bloqueo energético.

Cuba arranca el año escolar entre apagones de 30 horas y escasez de maestros

Este martes 1,4 millones de estudiantes cubanos volvieron a sus pupitres en medio de una tormenta de problemas que la propia dictadura califica como “inédita”. Falta de uniformes, déficit de docentes y apagones que superan las 30 horas seguidas marcan el inicio de un ciclo lectivo que el Ministerio de Educación ya había advertido como “diferente”.

Escuelas sin luz ni timbre: la cruda realidad en La Habana

En la escuela primaria María Cabrales, ubicada en el municipio habanero de Diez de Octubre, el primer día transcurrió sin timbre ni música de bienvenida: la zona llevaba más de 28 horas sin electricidad. La directora, Regla María Perera, de 64 años, explicó que las clases se organizarán según los horarios en que haya suministro eléctrico. “Priorizaremos para esos horarios las clases y las asignaturas fundamentales“, señaló a la AFP.

Los niños, con sus cuadernos a la luz de lámparas de emergencia, intentan seguir el ritmo mientras los profesores rotan entre salas con generadores que apenas rinden. La falta de energía ha obligado a suspender actividades deportivas y culturales, y a reprogramar exámenes que ahora deben ajustarse a intervalos de luz intermitente.

El bloqueo petrolero de EE. UU. y sus repercusiones en la educación

El origen de esta crisis se remonta al 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos empezó a bloquear los petroleros con destino a Cuba tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, su principal aliado en el suministro de crudo. Washington endureció después las restricciones a otros proveedores, incluida la mexicana Pemex, agravando una crisis energética que ya arrastraba la isla y desencadenó apagones prolongados y escasez de combustible en los meses previos al inicio de clases.

Según la ministra de Educación, Naima Trujillo, más del 25 % de las plazas docentes no pudieron cubrirse para este curso, con la situación más crítica en La Habana, donde se trasladarán unos 300 maestros de otras provincias. La cobertura de uniformes apenas alcanza el 12 % en primaria, “un poquito menos” en secundaria, lo que obligó al ministerio a flexibilizar su uso y los horarios de clases.

El bolsillo de las familias cubanas y la respuesta de la sociedad

Ante la imposibilidad del Estado de garantizar la venta de uniformes en la red comercial, miles de familias recurrieron a talleres de costura privados, donde cada prenda cuesta entre 1.500 y 3.500 pesos cubanos (entre USD 2 y USD 5 al cambio informal). Ese desembolso representa entre el 20 % y el 50 % del salario medio estatal, que ronda los USD 10 mensuales según la Oficina Nacional de Estadística e Información.

Ahora la escuela descansa sobre la casa, sobre los padres“, resumió Yannay Miranda, peluquera de 35 años y madre de una niña de seis años. Su testimonio ilustra un giro respecto a un sistema educativo que durante décadas fue presentado como gratuito y universal, uno de los pilares simbólicos de la revolución cubana de 1959.

Otras familias describen dificultades similares para sostener la alimentación escolar en medio de los cortes eléctricos. “Hoy mismo amanecimos sin corriente, toda la madrugada. Se hace difícil por las meriendas, se echan a perder muchas comidas“, relató Kasumy Chiu, artesana de 47 años.

Una puesta en escena política: el discurso de resistencia de Díaz‑Canel

La dictadura, sin embargo, decidió escenificar el inicio del curso como un acto de resistencia. En una gala celebrada en el Paseo del Prado de La Habana Vieja, el dictador Miguel Díaz‑Canel no pronunció discurso, pero escribió en X que los estudiantes iniciaban el año pese al “plan de asfixia” que, según él, Estados Unidos pretende imponer a la isla. La ministra Trujillo fue más tajante: “La educación en Cuba no se negocia“, afirmó durante el acto oficial.

El año lectivo anterior ya había estado marcado por apagones y falta de combustible que obligaron a adelantar el cierre del calendario académico. La diferencia este curso es la magnitud del deterioro: cortes que superan las 30 horas consecutivas en la capital y se extienden varios días en otras provincias, sin que la dictadura ofrezca un horizonte claro de normalización mientras el bloqueo petrolero estadounidense siga vigente.

Impacto en la comunidad argentina y la relación con la isla

Para los argentinos que viven en Cuba o mantienen lazos familiares, la crisis educativa se traduce en una preocupación directa: muchos hijos de emigrantes argentinos están matriculados en colegios cubanos y dependen de la continuidad de la enseñanza. Además, el aumento de la escasez de energía y alimentos afecta a los pequeños comercios argentinos instalados en La Habana, que ahora deben lidiar con mayores costos operativos y una clientela que lucha por cubrir lo básico.

En Córdoba, la comunidad cubana‑argentina ha organizado campañas de recaudación de fondos para comprar uniformes y material escolar, mostrando la solidaridad que se extiende más allá de la frontera. Este gesto, aunque simbólico, refleja cómo la crisis cubana repercute en la vida cotidiana de los argentinos que mantienen vínculos con la isla.

Una mirada histórica al sistema educativo cubano

Desde la revolución de 1959, la educación en Cuba se ha presentado como un modelo de gratuidad y universalidad, con altas tasas de alfabetización y una infraestructura que, en sus inicios, fue motivo de orgullo internacional. Sin embargo, la dependencia del petróleo y las sanciones económicas han ido erosionando esa capacidad. En los años 90, durante la “época especial”, el país ya experimentó apagones y escasez que impactaron la educación, pero la situación actual supera en duración y alcance a cualquier crisis previa.

El déficit docente actual se suma a una tendencia de fuga de profesionales que, ante la falta de recursos y condiciones de trabajo, buscan oportunidades en el exterior. Según datos de la Universidad de La Habana, la tasa de emigración de profesores universitarios ha aumentado un 15 % en los últimos dos años, lo que agrava la falta de personal calificado en los niveles básicos.

En conclusión, la combinación de bloqueo externo, políticas internas y una economía cada vez más precaria ha convertido el regreso a clases en Cuba en una verdadera prueba de resistencia, tanto para el gobierno como para las familias que, con recursos limitados, intentan mantener la esperanza de un futuro educativo para sus hijos.

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