Cultura

Diez años de Bordadoras en el Caraffa: la trama que borda historia, comunidad y arte en Córdoba

Una década de encuentros y hilos que transforman el museo en espacio de comunidad y arte.

Lead: Desde 2016, un grupo de mujeres se reúne cada sábado en el Museo Emilio Caraffa para bordar, conversar y crear obras que hoy se exhiben en la muestra “Archivo afectivo: diez años de Bordadoras en el Museo” hasta el 27 de septiembre. La exposición reúne recuerdos, piezas y testimonios de una década de encuentros que transformaron un taller artesanal en un espacio de reflexión social.

El origen del colectivo y su ruta de los barrios al museo

Todo comenzó en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba, donde la docente de pintura Mariana del Val impulsó el programa Vaivén: museo en los barrios. El proyecto llevó actividades a Villa El Nylon, Los Ladrilleros y otras zonas, creando talleres para niños y adolescentes. Con el tiempo, las madres de los participantes buscaron su propio espacio de expresión y, bajo la guía de una joven del barrio experta en trajes de murga, llegaron al Palacio Ferreyra para bordar. Ese primer cruce entre el arte popular y la institución museística sembró la semilla de lo que hoy es Bordadoras en el Museo.

El grupo creció de manera orgánica: no había una estructura rígida, sino una transmisión horizontal de saberes donde cada integrante aportaba lo que sabía y aprendía de las demás. Hoy, entre 15 y 20 mujeres de distintas edades –docentes, artistas, amas de casa y abuelas– comparten la aguja y el hilo como un “cable a tierra” que las saca de la rutina diaria.

Temas que se convierten en hilo conductor

Cada año el colectivo elige una consigna colectiva. La decisión surge de debates abiertos donde se proponen alternativas y se vota. En la última edición, la sexualidad fue el tema central; psicólogas acompañaron las sesiones para abordar deseo, placer y los tabúes que rodean al cuerpo femenino. Las conversaciones se transformaron en imágenes bordadas que cuestionan mandatos sociales, roles de género y modelos familiares.

El proceso creativo es colaborativo: una integrante expone su boceto, recibe devoluciones y, a veces, una mirada ajena redirige la obra hacia nuevas preguntas. Así, el bordado deja de ser solo una técnica y se vuelve un medio para expresar lo íntimo y lo colectivo al mismo tiempo.

Exposiciones que marcan hitos y el archivo en movimiento

Las obras han viajado de exposición en exposición. En 2024, el colectivo presentó “Una trama llamada Evita” en el Museo Evita de Buenos Aires, retomando la figura que inspiró su nacimiento. En el Caraffa, la muestra actual reúne piezas de distintas etapas: trabajos sobre Eva Perón, la democracia, canciones populares y colaboraciones con colectivos como Enredo y mujeres privadas de su libertad. Cada pieza forma parte de un archivo disperso de bordados, fotos y recuerdos que sigue circulando entre salas y proyectos.

Este archivo no es estático; las obras reaparecen, se transforman o quedan guardadas hasta que una nueva conversación las revive. La circulación constante es parte de la práctica del grupo: el bordado nunca se termina, siempre queda abierto a nuevas lecturas.

La pandemia y el regreso a la mesa

El aislamiento de 2020‑21 dejó una huella profunda. Cuando los encuentros presenciales retomaron en 2021, las bordadoras volvieron a sentarse alrededor de la mesa con mascarilla, retomando proyectos pendientes como una manta hecha de pequeños cuadrados bordados. Esa vuelta a la convivencia reforzó el sentido de comunidad y la importancia del espacio compartido para contrarrestar la soledad del confinamiento.

Los viajes a otros museos, los intercambios con artesanas y las jornadas abiertas a la comunidad también forman parte del relato: cientos de bordados anónimos quedaron registrados en fotografías y en la memoria colectiva, ampliando el alcance del proyecto más allá de sus integrantes.

Raíces del bordado en Córdoba: entre lo doméstico y lo institucional

El Museo Emilio Caraffa, fundado en 1915, ha sido tradicionalmente un espacio de exposición de bellas artes. La presencia de las Bordadoras rompe esa lógica, transformando el museo en un taller de producción y aprendizaje. Esta inserción de una práctica considerada “doméstica” en un recinto institucional desafía la jerarquía entre arte “alto” y artesanía, generando un diálogo que enriquece a ambos ámbitos.

En la provincia, la tradición del bordado se remonta a la época colonial, cuando las mujeres lo utilizaban para decorar ropa y textiles familiares. Hoy, esas técnicas se reconfiguran como lenguaje crítico y colectivo, conectando la historia de la artesanía cordobesa con los debates contemporáneos sobre género y democracia.

El proyecto también impacta la economía local: la visibilidad que brinda la exposición atrae a turistas culturales, dinamiza la venta de materiales de bordado en tiendas del centro y genera oportunidades de talleres pagados para la comunidad. Así, el arte se vuelve motor económico y social.

El futuro de una aguja que no se detiene

Con la exposición en marcha, las Bordadoras siguen planificando su próximo tema y los encuentros continúan cada sábado. La aguja vuelve a entrar en la tela, el hilo avanza y la mesa del Caraffa sigue esperando a la próxima generación de mujeres que, como hace diez años, buscarán allí un refugio para conversar, crear y, sobre todo, encontrarse.

La muestra permanecerá abierta hasta el 27 de septiembre; horarios de martes a domingo y feriados de 10:00 a 17:30, ubicada en Av. Poeta Lugones 411, Parque Sarmiento. Entradas: $5 000 (mayores de 16 años), $15 000 familia (hasta 6 integrantes) o $10 000 circuito de 3 museos.

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