EE.UU. apuesta por Venezuela como nuevo eje energético del hemisferio para desplazar a Oriente Medio
EE.UU. planea usar el petróleo, carbón y la red eléctrica venezolana para reducir la dependencia de Oriente Medio, con repercusiones para la energía en Córdoba.

Washington anunció este lunes, durante la cumbre de energía del G20 en Houston, que está trabajando para convertir a Venezuela en el centro neurálgico de su estrategia de suministro energético occidental. El secretario del Interior, Doug Burgum, explicó que la iniciativa abarca no solo el petróleo, sino también el carbón y la reconstrucción de la red eléctrica venezolana, con el objetivo de reducir la dependencia de los recursos de Medio Oriente y garantizar la seguridad del suministro ante posibles interrupciones.
Una visión que trasciende el crudo: carbón y energía eléctrica
El plan estadounidense incluye la reactivación del carbón venezolano, un recurso que ha quedado en segundo plano en la economía del país sudamericano. Burgum señaló que el carbón podría volver a exportarse y, al mismo tiempo, servir para alimentar la red eléctrica que se está reconstruyendo en Venezuela. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) modificó recientemente una licencia que permite a compañías estadounidenses operar con productores estatales de carbón, abriendo una nueva vía comercial que hace años estaba cerrada.
El petróleo como pieza clave del rompecabezas
Venezuela sigue poseendo una de las mayores reservas de crudo del planeta. El secretario de Energía, Chris Wright, declaró que la producción venezolana podría más que duplicarse para finales de 2027, y que gran parte de ese petróleo será procesado en refinerías estadounidenses. La estrategia se apoya en la necesidad de contrarrestar los riesgos que implica la inestabilidad del estrecho de Ormuz, una de las rutas más críticas para el transporte mundial de petróleo y que hoy está afectada por la guerra en Oriente Medio.
Impacto para Córdoba y la industria argentina
Para la provincia de Córdoba, conocida por su fuerte sector agroindustrial y su creciente demanda de energía, la reorientación del suministro energético del hemisferio occidental puede traducirse en precios más estables y en la posibilidad de acceder a crudo y derivados a costos competitivos. Los laboratorios y fábricas cordobesas que dependen de materias primas petroquímicas podrían beneficiarse de una mayor oferta local, reduciendo la exposición a la volatilidad de los mercados de Oriente Medio.
Además, la participación de empresas internacionales como Chevron y Eni en nuevos proyectos de exploración venezolana abre la puerta a posibles joint ventures con firmas argentinas, lo que podría generar empleo técnico y oportunidades de transferencia tecnológica para ingenieros y técnicos cordobeses.
Reacción de la delegación venezolana y los lazos bilaterales
Venezuela, que no forma parte del G20, fue invitada por la administración Trump a sumarse a la agenda energética del encuentro. La ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, liderará la delegación que mantendrá encuentros bilaterales, reuniones con empresas y actividades paralelas a las sesiones oficiales. La presencia de Caracas en Houston subraya el interés de Washington por consolidar una alianza energética que reconfigura el mapa geopolítico del petróleo.
¿Qué implica este giro para la seguridad energética de la región?
Al diversificar sus fuentes, EE.UU. busca crear una “red de seguridad” que reduzca la vulnerabilidad ante cualquier conflicto que afecte a Oriente Medio. Para América Latina, y en particular para Argentina, esto significa una mayor estabilidad en el suministro de combustibles y una potencial reducción de la balanza comercial en el sector energético.
Un vistazo al futuro: la energía como motor de desarrollo regional
Si la apuesta se concreta, la infraestructura eléctrica venezolana podría recibir inversiones masivas, generando empleo y desarrollo en áreas cercanas a la frontera con Colombia y Brasil. Para Córdoba, la cercanía de estos proyectos podría traducirse en nuevas rutas de exportación de energía eléctrica y en la posibilidad de participar en la cadena de valor de la generación y transmisión de energía.
¿Qué significa este giro para la energía en Córdoba y la Argentina?
El proyecto no solo representa una oportunidad comercial para los gigantes del petróleo, sino también una ventana para que la industria cordobesa acceda a insumos más baratos y a tecnologías de última generación. Los sectores de agroindustria, automotriz y químico, que consumen grandes volúmenes de energía, podrían ver una disminución en sus costos operativos, lo que a su vez favorecería la competitividad de los productos cordobeses en los mercados internacionales.
Asimismo, la posible participación de empresas argentinas en los nuevos proyectos venezolanos abriría un nuevo capítulo de cooperación bilateral, impulsando la transferencia de know‑how y la capacitación de profesionales locales. En un contexto donde la inflación y la escasez de divisas son una constante, cualquier mejora en la balanza comercial energética resulta un alivio para el bolsillo de los cordobeses.
En definitiva, la estrategia de EE.UU. de convertir a Venezuela en un hub energético del hemisferio occidental podría repercutir directamente en la vida cotidiana de los argentinos, desde la factura de la luz hasta el precio de los combustibles en la autopista. La movida, aunque todavía en fase de negociaciones, ya genera expectativas y debates en los círculos empresariales y políticos de Córdoba.
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