El macabro legado de Philip Chism: de la muerte de una profesora a un nuevo intento en la cárcel juvenil
Una crónica que recorre cada paso del horror cometido por el joven de Massachusetts y sus repercusiones en la justicia penal.

Philip Chism volvió a la palestra judicial en 2024 cuando un tribunal de Massachusetts lo condenó por intento de asesinato contra una trabajadora del centro de detención juvenil donde estaba internado. El caso reavivó el recuerdo del horror que sacudió a EE. UU. en octubre de 2013: el brutal asesinato de la profesora Colleen Ritzer dentro del baño de Danvers High School.
Los orígenes de un joven que se tornó monstruo
Chism nació el 21 de enero de 1999 y, a los catorce años, se había mudado desde Clarksville, Tennessee a Danvers, una localidad de 26.000 habitantes a las afueras de Boston. La separación conflictiva de sus padres lo dejó bajo el cuidado exclusivo de su madre, y aunque en la escuela se le describía como un jugador de fútbol disciplinado, varios reportes lo catalogaron como “antisocial” y “muy cansado y disperso”. Su intento de ingresar al equipo de básquet mostraba una cara más normal, pero la sombra de una enfermedad mental latente empezaba a asomar.
La planificación del crimen: un día que quedó grabado en cámaras
El 22 de octubre de 2013, las cámaras de seguridad recién instaladas en Danvers High School registraron a Chism entrando con varios bolsos. Dentro llevaba un cúter, un pasamontañas, guantes y una muda de ropa, prueba irrefutable de la premeditación. Esa tarde, la profesora de 24 años, Colleen Ritzer, solicitó a Chism que se quedara después de clases para repasar un examen. La conversación se tornó tensa cuando le preguntó por la mudanza desde Tennessee y le recordó el reciente divorcio de sus padres.
A las 14:54, Ritzer salió del aula rumbo al baño de mujeres del segundo piso. Chism la siguió, se puso la capucha y los guantes, y la arrastró al interior del baño. Allí la amenazó con el cúter, le tapó la boca con un trapo, le quitó los pantalones, la violó y la apuñaló 16 veces en el cuello. Una estudiante que entró al baño creyó que se trataba de un cambio de ropa para el entrenamiento de básquet y se retiró sin percatarse del horror que se desarrollaba.
Después del ataque, Chism se cambió de ropa varias veces, salió al estacionamiento con una chaqueta roja, volvió con una camiseta blanca y, finalmente, arrastró el cuerpo de la profesora al bosque detrás de la escuela. Allí, según la autopsia, la violó una segunda vez con una rama de árbol antes de regresar al colegio con la ropa manchada de sangre.
El juicio y la condena: entre la defensa psiquiátrica y la evidencia irrefutable
El proceso judicial, que se inició en 2016, contó con testimonios que describían a Chism como “muy callado” y totalmente transformado en los días previos al crimen. Su abuelo, Eduardo Barbieri, señaló antecedentes de enfermedad mental en la familia. La defensa presentó a un psiquiatra que alegó que Chism escuchaba voces y atravesaba un episodio psicótico, intentando exonerarlo de responsabilidad penal. El juez descartó esas opiniones y el jurado, convencido por la evidencia de las cámaras y la conducta del joven después del ataque (compró comida, fue al cine y robó un cuchillo), lo declaró culpable de asesinato en primer grado, violación agravada y robo armado.
Al ser menor de edad, la sentencia fue cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional a los 40 años, el máximo permitido para menores condenados por asesinato en Massachusetts. La fiscal Kate MacDougall describió el crimen como “brutal e insensato”, y la madre de la víctima, Peggy Ritzer, lo calificó como “pura maldad”.
Un nuevo ataque dentro del sistema penitenciario juvenil
Diez años después, en abril de 2024, Chism volvió a la escena judicial al declararse culpable de intento de asesinato, agresión con arma peligrosa y secuestro contra una trabajadora de 29 años del Departamento de Servicios Juveniles de Massachusetts. El ataque ocurrió en junio de 2014, apenas ocho meses después de su detención por el asesinato de Ritzer, mientras la víctima realizaba su labor dentro del centro donde Chism estaba internado.
Según la declaración de la mujer, Chism la persiguió hasta un baño, la acorraló contra la pared y trató de estrangularla mientras la atacaba con un lápiz. “Los monstruos de verdad existen. Philip Chism es un monstruo, un asesino”, escribió la víctima en su testimonio. Por este segundo delito, el tribunal le sumó una condena de entre 17 y 20 años, que se acumula a la cadena perpetua ya impuesta.
Ecos de una tragedia que retumba en la memoria
El caso de Philip Chism sigue siendo un punto de referencia en los debates sobre la imputabilidad de menores en delitos graves. En Massachusetts no existe una edad mínima para ser juzgado como adulto en crímenes de primera gravedad, lo que permite que adolescentes como Chism enfrenten penas severas. Sin embargo, la discusión sobre la responsabilidad penal frente a trastornos mentales sigue abierta, y el caso alimenta la polémica sobre la necesidad de sistemas de prevención y detección temprana en escuelas.
Para la comunidad de Danvers, la muerte de Colleen Ritzer marcó una herida profunda. La profesora, recordada por su entusiasmo contagioso al enseñar matemáticas, se convirtió en símbolo de la vulnerabilidad de los docentes frente a la violencia escolar. Cada año, la escuela realiza un homenaje a su memoria, y se ha reforzado la seguridad con más cámaras y protocolos de intervención.
En la actualidad, Chism cumple 27 años en una prisión de Massachusetts, acumulando dos condenas que lo mantendrán tras las rejas durante la mayor parte de su vida. Su historia, aunque estremecedora, sirve como recordatorio de la necesidad de abordar la salud mental en la adolescencia y de fortalecer los mecanismos de protección en entornos educativos y penitenciarios.
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